El gabinete económico, bajo la conducción de Martín Guzmán, protagoniza una batalla a brazo partido y contrarreloj para administrar la puja distributiva y alinear las variables económicas a una meta de inflación del 29%. Objetivo considerado “heroico” por el economista Carlos Seggiaro, para quien “el gobierno seguramente estaría muy contento si lograra mantener el aumento anual de los precios entre 35% y 40%”.
Seggiaro, consultor económico y director del Banco de Córdoba, ofreció un análisis de la coyuntura económica argentina durante un webinar organizado por la Fundación para el Desarrollo Social (Fudeso), que orienta el diputado nacional Luis Contigiani.
Este análisis no pudo dejar de partir de la profunda depresión en la que se hundió la economía en los últimos tres años, profundizada por los efectos de una pandemia a la que entró ya golpeada. En este marco, la reactivación que se espera de entre 5% y 7% para 2021, no alcanzará a convertirse en crecimiento pleno. “Pese a que hay sectores que avanzan a buena velocidad, Argentina no se reactivará alegremente de esta situación”, advirtió.
Mientras se consolida este reactivación, el gran desafío es consolidar la desaceleración inflacionaria del año pasado, cuando el aumento del IPC se ubicó 18 puntos por debajo de 2019. Un objetivo nada sencillo porque “aquella dinámica estuvo influencia por la parálisis de la economía en la primera parte del año”. Cuando la actividad empezó a abrirse, los precios comenzaron a escalar.
¿Es posible sostener la meta presupuestaria de una inflación del 29% en 2021?. Para Seggiaro, esa propuesta es “heroica” e imposible de alcanzar. “Entiendo que tanto Martín Guzmán como el ministro Kulfas estarían muy contentos si el aumento de precios fuera de entre 35% y 40% anual”, dijo. Aunque consideró que también ese nivel es ambicioso.
La pauta inflacionaria, señaló, “pone en tensión otras variables”, como las paritarias y la puja entre distintos eslabones de las cadenas empresarias. “El gobierno tendrá que trabajar mucho en materia de intervención ya que el acuerdo de precios y salarios que busca debe operar sobre una matriz inmensa y muy difícil de controlar”, dijo.
"La pauta inflacionaria pone en tensión otras variables como las paritarias y la puja entre los distintos elabones de las cadenas empresarias "La pauta inflacionaria pone en tensión otras variables como las paritarias y la puja entre los distintos elabones de las cadenas empresarias
Y agregó: “Una cosa es acordar un fideicomiso para desacoplar del precio internacional del aceite de girasol, que se resuelve en una mesa de café, que poner de acuerdo a toda la cadena de maíz”. En ese sentido, opinó que en los próximos meses se generalizarán tensiones como las que hoy atraviesan, por ejemplo, a la cadena láctea.
Dentro de las medidas más directas de las que puede echar mano el gobierno para tratar de alinear los precios, el ancla cambiaria está haciendo su trabajo. El problema, subrayó Seggiaro, es que “si la relación prevista de 25% de devaluación anual contra 29% de inflación anual se altera porque los precios suben al 40%, el tipo de cambio empieza a deteriorarse y se vuelve difícil salir de ese atraso”.
El economista Jorge Vasconcelos, del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), consideró que entre marzo y junio, “el gobierno hará todo lo que esté a su alcance para sacar la trayectoria de la inflación del peligroso 4 % mensual en el que se instaló”. Eso incluye la desaceleración en el aumento de tipo de cambio (2,9 % mensual en febrero), emisión monetaria nula en el primer bimestre para financiar al Tesoro venta de títulos para administrar la brecha cambiaria y, al mismo tiempo, absorber liquidez.
“La política fiscal y monetaria del primer trimestre está siendo consistente con una desaceleración de la tasa de inflación, en momentos en que el ancla cambiaria se incorpora al arsenal”, señaló el economista. Pero aclaró que “perforar de modo genuino el piso del 3% mensual de inflación requiere una continuidad que hoy no está garantizada”.
En ese sentido, consideró que “las expectativas son relevantes y, mientras más demore la inflación en converger a la pauta cambiaria, mayor será el riesgo de un salto devaluatorio después de octubre”.