El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) publica mañana el comportamiento de los precios durante el quinto mes del año. Mayo se convierte así en la décima medición inflacionaria que la gestión Sergio Massa debe enfrentar, un test de desempeño que derrotó a muchos ministros de Economía.
En febrero del 2022, bajo la gestión de Martín Guzmán, la guerra europea azotó los precios de todas las naciones del planeta y la economía argentina no fue la excepción. Con el comienzo de las hostilidades y su desarrollo posterior, la evolución de los precios cobró una nueva dimensión. La inflación del segundo mes del 2022 arrojó un incremento en los precios del 4,7%, medición que no se percibía desde marzo del 2021 y que anunciaba una evolución anual del 52,3%.
En marzo del 2022, el índice comienza a sembrar preocupaciones en el equipo del entonces jefe de Economía. La inflación anotó 6,7% en marzo y la aceleración de los precios marcó un 55% interanual. En el tercer mes de 2023, los precios crecieron un 7,7% y su dinámica anual casi duplica a la de un año antes: 104%. La intempestiva salida de Guzmán del gobierno agudizó el problema y en ese mes la inflación fue del 7,4%.
Tras el interregno de Silvina Batakis en Economía, Massa toma el control del Palacio de Hacienda y hoy lleva diez mediciones a cuestas. La sequía se sumó al conflicto bélico y el balance en la gestión de la inflación se encuentra lejos de las proyecciones que el propio ministro formuló a fines de noviembre.
¿Cómo evolucionaron los precios bajo la gestión del jefe del Frente Renovador?
En agosto, mes de transición en el Ministerio de Economía y el primer test para la nueva gestión, arroja un índice de inflación apenas menor a julio. El 7% de incremento general del nivel de precios se asentó sobre prendas de vestir y calzado (9,9%), bienes y servicios varios (8,7%), y equipamiento y mantenimiento del hogar (8,4%).
Durante agosto también se destacó la suba de la cuota de la medicina prepaga, que incidió en la división salud (5,7%), de los servicios de agua y electricidad en algunas regiones del país, que impactó en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (5,5%) , y de los servicios de telefonía móvil en la mayoría de las regiones, que se vio reflejada en comunicación (4,1%).
A su vez, dentro de transporte (6,8%) impactó la suba de tarifas del transporte público –superior en la región GBA– y el alza de los combustibles sobre el cierre del período.
El 6,2% de septiembre parecía que el efecto Massa lograba frenar las subas de precios y la inflación interanual se acomodó en el 80%. En el noveno mes de 2022, los precios se vieron empujados por prendas de vestir y calzado, que registró una suba mensual del 10,6%, seguida por bebidas alcohólicas y tabaco, 9,4%, dentro de la cual se destacó el alza de los cigarrillos.
Fruto del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la reducción del déficit fiscal que se puso en marcha aceitó las cadenas de transmisión del aumento de precios vía la quita de los subsidios tarifarios. Octubre marcó un 6,3%, donde la división comunicación (12,1%) fue la de mayor aumento en el mes –explicado principalmente por la suba de los servicios de telefonía e internet–, seguida por vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (7,5%), sobre la que destacó el incremento de los servicios de electricidad y gas por la segmentación tarifaria.
En noviembre la inflación cayó al 4,9% y el test de gestión del flamante ministro daba extremadamente bien. La implementación del programa Precios Justos, tuvo mucho que ver con aquel éxito que traía alivio y catapultó la proyección electoral a Sergio Massa. Mientras, los precios que más crecieron volvían a ser vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (8,7%).
El último mes del año cortaba con la dinámica descendente en el nivel de precios y se erigía un 5,1% de inflación. El relajamiento en el control de precios y el inicio del verano parecían jugar una mala pasada al ministro. La división de mayor aumento en el mes fue restaurantes y hoteles (7,2%), un incremento estacional debido al lanzamiento del verano, seguida por bebidas alcohólicas y tabaco (7,1%). La medición anual todavía no llegaba a los tres dígitos, aunque por poco.
En enero, los daños de la sequía comenzaron a cuantificarse y la fe que caracterizó el principio de la gestión massista se fue oscureciendo poco a poco. Con un 6% de inflación se regresaba a los guarismo de octubre y el guarismo anual llegaba al 98,8%. A pesar del subidón de recreación y cultura - crecimiento promedio del 9% - el ajuste tarifario siguió empujando vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (8%).
Mientras, la Corte Suprema de Justicia mantenía las medidas cautelares presentadas por los prestatarios de servicios de telecomunicaciones desconociendo la condición de servicio público esencial establecida por decreto, el rubro Comunicaciones anotó un 8% de aumento.
Febrero fue el mes en que la inflación superó el 100% anual, en el que el programa Precios Justos comenzó a verse fuertemente vulnerado y en que la situación cambiaria estimulaba el aumento de precios. En febrero la inflación fue de un 6,6%, en marzo del 7,7%. Las magras liquidaciones del agro revelan el daño real de la sequía y golpean la salud de toda la economía.
Las corridas cambiarias y las presiones devaluatorias potencian el ajuste de precios, por cobertura, por cuellos de botellas o por simple adaptación a la indexación constante, abril arrojó un 8,4% de inflación. Mayo, será otro test económico de la gestión donde el terror más grande es que los precios peguen un salto que ponga en duda todos los esfuerzos del equipo económico.