Para sorpresa de muchos, la economía argentina se recuperó fuerte en 2021 y creció por encima del 10% anual. Esta mayor actividad mejoró las condiciones del mercado laboral, con un fuerte aunque heterogéneo aumento del empleo, con fuerte impronta del cuentapropismo. El gobierno espera sostener el repunte este año, aunque debe enfrentar diferentes desafíos. Entre ellos, la negociación con el FMI, la estrechez externa y la inflación.
El último informe del Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía (Mate) destacó que, aunque se esperaba un rebote en 2021, la tasa de crecimiento alcanzada “es mejor que cualquiera de las previsiones”, y se potencia con la recuperación del empleo y el salario. El desempleo se ubicó en su mínimo nivel para un tercer trimestre de los últimos seis años. Y, aunque sigue alta, la proporción de asalariados no registrados fue la más baja en cinco años (33%).
El Mate recordó que hay 60.210 trabajadores formales más que en diciembre de 2019, aunque aclaró que esta recuperación se sostuvo en los trabajadores autónomos y monotributistas y en el empleo público. El empleo asalariado registrado en el sector privado sólo se recuperó parcialmente. Hay todavía cien mil menos que hace dos años.
Esta mejora, subrayan, impulsa una mejora salarial. En los últimos meses, por revisiones de paritarias, nuevos acuerdos y tramos de aumentos acordados con anterioridad, los salarios aumentaron más que los precios. El salario privado se encuentra dos puntos por encima del nivel dejado por Cambiemos, señala el estudio. Los salarios formales están en niveles similares a los de comienzos de mandato del Frente de Todos, en tanto que los informales continuaron decreciendo.
Y aunque el marco general de recuperación económica sostenida “estaría jugando a favor de la contención de precios, relajando parcialmente conflictos distributivos”, los economistas de Mate advierten que la inflación interanual se mantiene por encima del 50%, un nivel similar al de los últimos dos años del gobierno de Macri.
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Precisamente, los economistas de Bolsa de Comercio de Rosario Bruno Ferrari y Emilce Terré señalan en un reciente informe que uno de los desafíos a resolver para sostener el sendero de crecimiento de la economía es el de “converger hacia una baja en la inflación para evitar distorsiones en los precios relativos y brindar previsibilidad en el valor del dinero para facilitar la toma de decisiones en el plano de las inversiones de capital”.
El equilibrio fiscal y el ordenamiento monetario son, a su juicio, parte de la solución. Destacan, en ese sentido, que el déficit financiero bajó de 8,34% a 5,4% del PBI entre 2020 y 2021, y que el proyecto de presupuesto rechazado en el Congreso contempla una baja al 4,9% del producto. También subrayan “la intención de continuar con una recomposición del mercado de deuda local y demandar una menor asistencia del BCRA”, para reducirla del 2,8% al 1,8% del PBI entre 2021 y 2022.
Para Jorge Vasconcelos, del Ieral Fundación Mediterránea, en 2021 hubo “varios factores que jugaron a favor del Tesoro, ya que el esfuerzo de gasto-covid fue mucho menos intenso que en 2020, al tiempo que hubo fuertes ingresos adicionales, caso de los DEG transferidos por el FMI, el impuesto a las grandes fortunas y el plus de retenciones por la mejora de los precios de las commodities”. Aun así, mencionó, demandó transferencias del Central por $ 1,75 billón de pesos. “Replicar esto en 2022 es extremadamente riesgoso, se estaría definiendo un incremento de 78% respecto del stock de base monetaria de fin de 2021, con las fuertes presiones inflacionarias consiguientes”, dijo.
De todos modos, para los mediterráneos, la “espada de Damocles” es la de los vencimientos de deuda externa por u$s 6.700 millones de la primera parte del año, frente a reservas de u$s 3.500 millones. “La cuenta regresiva es de 70, los días que faltan hasta la segunda semana de marzo”, advierte. Es clave ahí el acuerdo con el FMI.
Vasconcelos señaló que “las semanas de transición entre el 2021 y el 2022 han sido un calvario para las empresas que necesitan adquirir y pagar productos importados”. Y dijo que la falta de insumos y piezas “ya estaría afectando al nivel de actividad y la inflación”.
El aumento del precio de las exportaciones permitió el año pasado sostener las importaciones que demanda el crecimiento. De acuerdo a la Bolsa de Comercio de Rosario, para alcanzar las proyecciones realizadas por el gobierno, del 4%, “será fundamental que los precios internacionales de los bienes agroindustriales se mantengan relativamente altos y se continúe en un sendero de aumentar las cantidades exportadas en todos los rubros”.
Si bien el saldo de la balanza comercial permitió un ingreso neto de 19.032 millones de dólares entre diciembre de 2019 y noviembre de 2021, de acuerdo al informe de Mate, el Banco Central cerró el año con el mismo nivel de reservas con el que lo inauguró. Es que los pagos de intereses y capital de la deuda externa del sector público (u$s 17.223 millones) y del sector privado (u$s 10.739 millones), consumieron una cantidad de dólares mayor a ese saldo.
Para la Fundación Mediterránea, será difícil que esta restricción se supere por saltos adicionales de las exportaciones, lo cual añade razones a la necesidad de un acuerdo con el FMI. Desde su perspectiva, el PBI apunta a una variación anual del orden del 2%, “dado el amesetamiento de los últimos datos”. Los economistas de la Bolsa advierten sobre otro frente: Brasil. “El estancamiento de su recuperación desde febrero de 2021 se ha consolidado en los últimos meses con retrocesos en la actividad”, señalaron. Y advirtieron que “lo que acontezca allí tiene gran efecto sobre el devenir de la actividad económica en nuestro país ante la fuerte vinculación comercial bilateral”.