El presidente electo Javier Milei prometió una “estanflación” para los próximos meses, como consecuencia de su plan de “ordenamiento fiscal” que afectará la actividad económica. ¿Se quedará corto? Para algunos economistas el escenario sería de “depreflación”.
La combinación de estancamiento con inflación es denominada desde hace más de medio siglo como “estanflación”, y constituye una anomalía desde la visión de la economía clásica, que por mucho tiempo consideró a la suba generalizada de los precios como un efecto no deseado del crecimiento.
Sin embargo, la estanflación se tornó común en varios países desde la segunda mitad del siglo XX. El consenso en torno de la curva de Philips, que asociaba las políticas de demanda a la reducción del desempleo pero también a la suba de la inflación, fue decayendo. El ministro de Finanzas británico Ian MacLeod en la Cámara de los Comunes, universalizó el término el 17 de noviembre de 1965.
En la Argentina, el primer año de estanflación nítida fue 1976, en el inicio de la dictadura de Jorge Rafael Videla, con un PBI que cayó 2% en medio de una inflación de 400%, aunque podría tomarse el antecedente del “rodrigazo” del año anterior, cuando a la suba de precios por aumentos de precios y tarifas se le sumó una leve caída económica en los últimos meses de 1975. La combinación volvió a registrarse en 1978, 1981 y 1982, y dejó una situación preocupante para los gobiernos democráticos que se sucedieron a partir de 1983.
La implementación en 1991 del régimen de Convertibilidad interrumpió por una década la continuidad de la estanflación, ya que si bien hubo años de caída de la actividad, esta vez fue la inflación la que estuvo ausente. El dúo hizo su regreso en 2002. Desde entonces, coexistieron las dos variables en 2009, 2012, 2014, 2016, 2018, 2019 y 2020.
Hace algunos años, desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso) rescataron el término “depreflación” para calificar algunos períodos de la economía argentina. Por ejemplo, la crisis de la gestión de Macri. El concepto que refiere a la combinación de “depresión productiva con elevada inflación” tuvo escasa difusión entre los economistas, a pesar de que el economista monetarista Milton Friedman lo presentó en sociedad al recibir el Premio Nobel en 1976.
Para el Ceso, la depreflación, es un fenómeno cabalmente comprensible bajo el paradigma del estructuralismo latinoamericano, donde la inflación deja de ser un fenómeno monetario. Desde esa óptica, las variaciones de precios relativos por devaluación y tarifazo, impulsan “mecanismos de propagación” como alzas de precios, alquileres y salarios, que luego derivan en nuevas subas del dólar y las tarifas, acelerando la inflación. Eso atiza la distribución regresiva del ingreso que deriva en una merma del consumo, con la consiguiente depresión de ventas, producción y empleo.