Domingo 21 de Junio de 2020

El coronavirus llegó como los libros describen a los shocks exógenos, desde fuera, de repente, golpeando nuestras vidas y actividades. En mayor o menor medida nuestros patrimonios han sido afectados y lo que habíamos planeado meses antes, incluso los días previos, se trastocó. Las previsiones ya no se cumplieron y tuvimos, a la fuerza, que aprender a vivir en cuarentena.

Hoy estamos saliendo, retomamos actividades, generan nuevamente ingresos aquellos que dejaron de hacerlo, algunos nunca dejaron de estar en actividad, y otros tardarán bastante en restablecer la normalidad de sus finanzas personales o empresariales. La pregunta que debemos hacer es ¿en caso de disponer de ahorros, en que podemos invertirlos? ¿Qué alternativas de todas las disponibles son las más convenientes? Respondamos racionalmente sin extendernos en lo técnico.

Primero veamos el contexto internacional. Recesión generalizada, reducción de tasas de interés que lleva a una baja de monedas nacionales respecto a los activos de refugio, y pérdida de valor de las acciones de empresas fruto de expectativas de menores o nulas utilidades a futuro. Oportunidades por doquier. Los mercados hoy ya han reaccionado a la posibilidad de reactivación a un ritmo más veloz que el previsto, igualmente las previsiones son de caída del PBI de 5 ó 6 por ciento para el grueso de las economías desarrolladas, con sectores claramente perdedores en los cuales posicionar fondos, resta aún un ajuste mayor. La tecnología es la gran ganadora y los activos vinculados a ese rubro ya subieron.

Segundo, el contexto nacional. Negociación de deuda a punto de culminar, con altas expectativas de acuerdo. Los valores mínimos de los activos ya ocurrieron, vimos a la acciones de YPF rondar los 200 pesos para ahora retornar al rango de los 700 pesos, lo cual en dólares es extraordinariamente bajo pero que se acomoda a las ganancias esperadas en una economía estanflacionaria (recesiva y con inflación, aunque con control de precios vigente). Resta precisar el verdadero efecto económico de la cuarentena en una economía que ya era recesiva con expectativas de caída superiores al 8 por ciento para este año, ¿Cómo se comportará el dólar?.

Tercero, analicemos sectores. ¿qué sectores se recuperarán más rápido?, ¿dónde estarán las oportunidades?. Si algo sabemos es que en inversiones los momentos óptimos existen, verlos es fácil cuando ya han pasado, el tema es tomar la decisión para aprovechar una oportunidad en procura de rentabilidad sin tener el diario del lunes. La intuición es importante, nos ubica, pero es la racionalidad la que nos debe llevar a decidir. Descartemos, ¿conviene quedarnos con pesos en las manos sin hacer nada?, obvio que no, la inflación nos afecta, el costo de oportunidad es altísimo. ¿Debemos comprar dólares?, ¿subirá su valor? Es un mercado en donde un solo oferente mantiene un precio que no es de equilibrio, resultado, en algún momento la falta de divisas obligará a un ajuste de precio, solo falta saber cuándo. El atraso cambiario es cada día mayor dada la inflación y el mantenimiento de desequilibrio estructural.

El dólar es activo de refugio en toda cartera racional, pero no el único. Pero, ¿es la mejor opción? Veamos, si hubiéramos vendido divisas a 90/95 cuando el precio de las acciones de YPF valían 250, o cuando el Grupo financiero Galicia valía 60 pesos o Agrometal solo entre 5 y 6 pesos, los valores de hoy compensarían al menos un dólar de 200 pesos. Las acciones fueron una excelente inversión en la cuarentena. Por supuesto que el riesgo es diferente y una cartera de inversiones en un intento de aminorar los riesgos será compuesta con varios activos que se compensen, el rubro construcciones aparece como interesante con miras al mediano plazo, las industrias de acero y otras con precios vinculados a divisas y con demanda internacional son buena opción.

Todo esto podemos analizarlo, augurarlo, pensarlo, es cada uno el que debe decidir intertemporalmente en base a sus expectativas, capacidad de soportar riesgo y necesidad de liquidez con un gran condicionante que es el accionar de un sector público cada vez más interventor que nos lleva a mirar con buenos ojos la asignación regional de activos y para patrimonios superiores podemos pensar en posiciones que vayan más allá de los vecinos del Mercosur.

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