El censo de población ha sido durante décadas la más grande operación civil, en
tiempos de paz. En un día se concentra el esfuerzo de cientos de miles de censistas, que deben
recorrer ciudades y campos para registrar a millones de personas y de viviendas.
Así ocurrió en muchos países del mundo durante los últimos 200 años. En América
se definió el censo de las Américas de 1950 como una forma de concretar la unidad americana, con la
especial intervención del Instituto Interamericano de Estadística (Iasi).
Actualmente, de acuerdo con las prácticas mundialmente reconocidas, en torno al
2010 se concentran las fechas de realización de los censos, dando lugar en esta oportunidad a lo
que se llama la ronda censal de 2010.
En los últimos años se ha producido un movimiento de cambios metodológicos,
surgido al aceptarse el hecho de que las fallas de cobertura de los censos y otros errores
observados en los mismos, no son un hecho fortuito y evitable, sino que la pretensión de efectuar
un recuento exhaustivo es impracticable.
Una gran discusión sobre esta imposibilidad fue debatida en Estados Unidos con
motivo del censo del 2000. Estos hechos contradicen el optimismo ingenuo de un funcionario
argentino en ocasión del censo de 2001, quien declaró que "el censo no tendría errores". Y al mismo
tiempo respaldan la estrategia basada en el muestreo estadístico aplicado en 1980 y 1991, que
permitió quebrar la nefasta tendencia que culminó en 1970, con el estrepitoso fracaso de un
operativo diseñado con soberbia.
Por otro lado existen hoy fuentes de datos de los habitantes de un país, como no
hubo nunca antes. Los registros informatizados guardan una cantidad cada vez mayor de datos de un
número creciente de personas. Aprovechar esta abundancia no es simple ya que está en juego ni más
ni menos que la privacidad de la gente. Los países europeos, administradores de sistemas de
registro, han trabajado en el diseño de nuevas estrategias censales, que aprovechen la información
existente, sin violar la reserva individual, como España.
En Francia, a su vez, privilegian un esquema de muestreo continuo, que permite a
lo largo del período intercensal tener información actualizada con mayor frecuencia. Ese
procedimiento fue el eje de la propuesta del Bureau of the Census de Estados Unidos, para el 2000,
que finalmente se descartó por razones políticas subalternas. Por otra parte, en muchos países se
ha aumentado la frecuencia de los censos, haciéndolos cada 5 años.
Nuevos métodos
¿Qué es lo que ha provocado la aparición de todos esos cambios? Para contestar a
esa pregunta hay que analizar las características propias del censo.
Este operativo, hasta hace muy poco era el único capaz de proporcionar
información a niveles geográficamente desagregados. Lo que técnicamente se conoce como información
a nivel de áreas menores. Esa ventaja del censo se ha reducido o desaparecido, como consecuencia de
los cambios producidos en la sociedad. Especialmente la mayor movilidad geográfica de la población
les quita rápidamente significado a los resultados. Esos valores además son muy frágiles frente a
situaciones excepcionales.
Pensemos en lo ocurrido en el 2001. El censo se llevó a cabo los días 17 y 18 de
noviembre y el 20 de diciembre estalló la crisis. El impacto en la población se percibió en los
aeropuertos. Ya es común en épocas normales, que la gente se traslade por razones de trabajo, de
estudio u otras, de un lugar a otro, lo que provoca la rápida pérdida de significado de los datos
censales.
Hace pocos años, en Europa se desarrolló el proyecto Eurarea que involucró a 11
países para estudiar nuevos métodos de producir estimaciones a nivel de áreas menores. Esos
procedimientos emplean datos de diversas fuentes mediante estrategias mixtas que combinan
registros, censos y encuestas, aprovechando las fortalezas y evitando las debilidades de cada una
de esas estrategias.
Las Naciones Unidas publicaron este año, la segunda edición revisada de
Principles and Recommendations for Population and Housing Censuses. En ese trabajo se discute la
problemática del censo de población y las distintas soluciones puestas en marcha.
En EEUU hicieron en mayo pasado la prueba completa del sistema a utilizar en el
2010. Como hacen siempre. Y "siempre", significa hacer el censo en los años terminados en 0, desde
1790. Sin que ni las guerras internas o externas rompieran ese compromiso dictado por su
Constitución.
En nuestro país se desconoce el estado de la preparación del censo que debe
relevarse en 2010 o, como viene haciéndose en las últimas 2 oportunidades (1991 y 2001) en
2011.
Recordando el programa Census of the America (Cota), de 1950, cabe señalar que
nuestro país realizó su censo general en 1947, después de una impresionante demora de 33 años. Fue
responsable del diseño de ese operativo, el profesor Carlos E. Dieulefait, eminente sabio orgullo
de nuestra ciudad y creador de la carrera de Estadística. En pocos años, basado en una vida
dedicada al estudio, dejó una profunda impronta indeleble en la estadística nacional, ya que
también encabezo la Dirección Nacional de Estadísticas e Investigaciones (antecesora del
Indec).
Una década antes, en 1935, publicó Estadística Censal y Estadística
Administrativa Argentinas. En la página 51, bajo el título "Anteproyecto de una organización
racional de la estadística argentina", propone con una vigencia que impresiona por su previsora
anticipación de los problemas que sufrimos actualmente, un régimen autárquico para la estadística
pública. Poco más adelante pone en orden el problema del censo, tantos años demorado (el anterior
fue en 1914) declarando que la postergación del mismo, "al par que conspira contra las bases
auténticas de nuestras fuerzas vivas, aparece a los ojos del extranjero y de los estudiosos
argentinos, como una ingrata señal de incivilidad".
Destaca que la importancia del censo no radica en la operación esporádica y de
recuento, sino en "el censo como elemento regulado de una actividad estadística nacional integral y
permanente". Afirma "La racionalización del servicio de estadística nacional es una necesidad
impostergable". Dicho en 1935, hoy resuenan sus ecos exigiendo todavía su cumplimiento.
Si los órganos nacionales no cumplen con el mandato constitucional, la provincia
deberá recuperar sus atribuciones y disponer el relevamiento y recuento de su población, recurso
superior y demandante final de la acción política. Si los medios y los logros se expresan como
carga o beneficios por cabeza —per cápita— es imprescindible disponer de evaluaciones
apropiadas del número y la distribución de las mismas.
(*) Doctor en Estadística