Cultura y Libros

Una novela donde late Buenos Aires

En Por una cabeza, Nicolás Pose despliega un universo alucinado, anclado en perfumes arltianos, donde la gran urbe posmoderna marca el pulso de los acontecimientos.

Domingo 14 de Abril de 2019

Por una cabeza, la primera novela de Nicolás Pose (Buenos Aires, 1980), es de esos libros que tienen el don de ser mucho más complejos de lo que parecen a simple vista: al menos tres grandes líneas argumentales o trazos convergen en su estructura, en su edificación, de manera bien articulada y, por momentos, indisociables.

Por un lado, está la trama policial en la que no falta una femme fatale, alguien que intenta resolver el enigma —el protagonista Lino Pelasco— y, por supuesto, un muerto: el vikingo, un ex jugador de fútbol que misteriosamente recuperó su cabello después de haberlo perdido, lo cual significaba ni más ni menos que el final de su carrera e incluso de su identidad ya que semejante pérdida significaba también la caída de ese apodo que lo había vuelto tan célebre como inconfundible.

Una segunda línea tiene que ver con la existencia de una sociedad secreta de pelados que tiene un líder espiritual y material, el Mago, organizador de esas fiestas que tienen lugar en un petit hotel art nouveau de Buenos Aires, en las que abundan la música, el baile y el champagne gratis y donde los pelados viven una suerte de microclima en el que no deben someterse a desiguales competencias con otros caballeros de frondosas cabelleras.

El Mago es tal vez uno de los personajes más claros de esta novela y esa nitidez se debe en cierta forma a sus contradicciones: trata de inculcar a sus calvos seguidores que deben aceptarse así como son pero, al mismo tiempo, viene trabajando en un laboratorio clandestino en busca del tónico perfecto que pueda devolver cabello a sus cabezas y dinero a sus bolsillos. Freud, Churchill, De Gaulle, Sarmiento, Godard, Roca, Neruda, el Indio Solari y Bochini son algunos de los referentes de la calvicie que, como una ensalada imposible de estrellas, pueblan las paredes de un escenario en el que, por momentos, da la sensación de estar viendo una posible reencarnación de Los siete locos de Roberto Arlt.

Pero como si fuera poco y, sobre todo, Por una cabeza tiene una naturaleza bien porteña que se advierte en múltiples niveles: los personajes transcurren por varios escenarios reconocibles de la Ciudad de Buenos Aires (plaza Miserere, la Plaza de Mayo, la avenida Corrientes, la plaza Dorrego, Puerto Madero y hasta un edificio muy particular como lo es el Otto Wolf, ubicado en la esquina de Belgrano y Perú, sostenido por atlantes en lo que hoy es un Starbucks y que, según algunos, sirvió como sede a la embajada del Imperio Austrohúngaro).

Y menos mal que acá se la nombra tantas veces a Buenos Aires: en las antípodas de esa estrategia literaria que consiste en no nombrar la ciudad donde transcurre un libro en busca de no limitar la historia, y que muchas veces tiene el efecto contrario, Pose tiene en claro que el escenario de las grandes urbes posmodernas como la ciudad de la furia son capaces de contener todo argumento.

Pero la presencia de Buenos aires no se limita al contenido real sino que aparece también en una serie de vagabundeos mentales que tiene el protagonista (otra vez Arlt) durante los cuales trata de revelar de dónde proviene ese acorde secreto que cifra la música de la ciudad: "A pesar de todo esbozó una sonrisa porque comenzó a percibir una melodía triste, hermosa, que lo alejaba del paisaje urbano, lo calmaba y se sentía ciego a todo lo que sucedía a su alrededor. Era el sonido de Buenos Aires, era el bandoneón que definía la circunstancia y el sentimiento que lo atravesaba (…) Pelasco quería descubrir al ejecutante de la bella melodía, porque mientras caminaba con Paola seguía escuchando algunos sonidos fugaces. Y ahora, no estaba seguro de si había sido su imaginación, su lado melómano o si, en realidad, alguien, del otro lado de avenida de Mayo, sobre Florida, sostenía un bandoneón sobre las rodillas".

Esa misma melodía porteña que impregna toda una tradición literaria que se propone escribir la ciudad en un presente continuo de, no importa cuándo leas esto, bocinazos demoras en el subte y manifestaciones en Plaza de Mayo, malhumor, ganas de vivir en cualquier otro lado pero también —porque de esa contradicción está hecha Buenos Aires— cierta fascinación que cuesta poner en palabras es lo que le da el ritmo, el latido y esa respiración tan particular a esta opera prima en el que conviven las acciones permanentes y los devaneos mentales.

Esa condición porteña es lo que vuelve verosímil que se genere una especie de grieta (un Boca-River) entre pelados y no pelados, como sucede con tantas otras grietas políticas, sociales, ideológicas y hasta humorísticas como sucede ahora entre los de Capusotto y los de Casero.

Esa melodía es lo que hace que, en definitiva, esta primera novela tenga una voz y un alma tan identificables.

Poesía: "EL OLOR DE LAS HORMIGAS"

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