Cultura y Libros

Los días de mayo

La madre mandó a Martín hasta la vía, un pasillo de ranchos a la vera del ferrocarril abandonado, calle Ayolas entre Colón y Ayacucho, enfrente de la plaza Remedios de Escalada o Evita, según fuera el gobierno de turno.

Domingo 27 de Mayo de 2018

La madre mandó a Martín hasta la vía, un pasillo de ranchos a la vera del ferrocarril abandonado, calle Ayolas entre Colón y Ayacucho, enfrente de la plaza Remedios de Escalada o Evita, según fuera el gobierno de turno. Si era gobierno militar, plaza Remedios de Escalada, si era gobierno popular, plaza Evita. El solar tenía un nombre reversible, de un país doble, de una grieta del tamaño del océano donde aún yacen los restos de Mariano Moreno.

Había llovido toda la noche, hacía frío, era mayo. Los días de mayo de su infancia había escarcha, y un chico de clase media como Martín podía entrar sin temor ni peligro a un pasillo de ranchos en el barro. Aunque él vivía en el asfalto y tenía una beca en un colegio de curas, era un pibe callejero, los baldíos y los pasajes de Villa Manuelita no tenían secretos para Martín. . El mandado de la madre era preguntarle a "la Lupe", que trabajaba en su casa, si podía venir esa tarde a ayudar en la limpieza; quizá, lavar una muda de ropa y planchar otra. Martín habrá tenido nueve años, no había fronteras entre el asfalto y las calles de tierra, o entre su casa de material y los ranchos de lata y adobe donde vivían sus amigos. Evita y Remedios de Escalada tampoco se hubieran tenido odio, ni prevención, ni prejuicio. El que no encaja del todo en ninguna parte se acomoda bien en cualquier sitio.

El caso es que aquel día, cuando Martín hizo unos metros por el sendero irregular de alambres, perros, humo de leña y grasa de pella, apareció un pequeñín tiznado, con dos patitas ateridas y chorreadas, una rodaja de pan blanco, ancha, a la que antes de morder le pasaba la lengua para chupar el azúcar y la manteca. Esas confituras de los pobres, como el pan con aceite y sal antes del almuerzo. Un barrio de trabajadores. De fronteras, su padre, el de Martín, era empleado del Correo y patrón de un pequeño taller metalúrgico. El marido de Lupe era estibador en el puerto. Martín preguntó al chiquilín si la conocía, si sabía cuál era la casa de la Lupe y lo tomó de la mano con esa naturalidad con que convivían dos mundos y uno solo. La Lupe era su mamá dijo, y él se llamaba "el Quín" o "Tonequín", y tenía seis años. Tres menos que la visita.

Martín lo vio tan orgulloso que le dijo que su casa era muy linda, que parecía una gran escarapela, con las tablas de las paredes pintadas de celeste y las chapas blancas del techo. Quín le hizo notar un tragaluz lateral y su alero desplegado hacia arriba. Lo bajó y allí estaba pintado el sol amarillo de la bandera de guerra. Se lo mostró a Martín con una euforia como si él fuera el Tamborcito de Tacuarí. Ninguno de los dos sabía, entonces, que años después habría otras batallas allí, feroces, en estas mismas calles y pasillos tejidos por el demonio. Lupe le dijo a Martín que le dijera a su mamá que recién iría a las cinco, porque era fiesta patria y tenían locro y empanadas, y comían con unos parientes que habían venido de Goya. Le dijo también que le dijera a su mamá que ese día no iba a planchar, porque le dolía mucho la cintura. Martín se acuerda de eso, ahora recuerda los detalles, porque asiste a un taller literario donde le enseñan Flaubert y el grado cero de la escritura: que un escritor se revela en los detalles. Aquel día hizo el camino de vuelta con el Quín o Tonequín, los dos empastados en la charca gelatinosa que iba deformando la huella y los bordes sólidos del camino. El pequeñín ya se había comido todo el pan cuando llegaron al extremo en la vereda de Ayolas, frente al dispensario municipal que aún hoy, cuando Martín escribe, sigue allí. A modo de despedida, Martín le apretó el hombro a Quín y éste le dijo con naturalidad algo inolvidable, triste y dulce como eran esos años. Le dijo: "Mamá dice que por culpa de este barro, nunca entran al pasillo Papá Noel ni los Reyes Magos".

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