Cultura y Libros

La virginidad subastada

No es cierto que ya nada sorprenda al espécimen contemporáneo. Para bien o para mal, la capacidad de sorprender y sorprenderse en el humano está perfectamente intacta.

Sábado 27 de Octubre de 2018

No es cierto que ya nada sorprenda al espécimen contemporáneo. Para bien o para mal, la capacidad de sorprender y sorprenderse en el humano está perfectamente intacta. En estos días se puede ver como adolescentes europeas ¡subastan! su virginidad por internet. Es el caso de Nicole, una modelo italiana de tan solo dieciocho años, ofreciendo su virginidad al mejor postor. Lo de mejor postor no es una mera frase publicitaria en tanto Nicole declara haber recibido una oferta de un millón de euros para entregar su virginidad. Pero por ciertos antecedentes que Nicole dice conocer espera recaudar el triple, todo por el noble y sublimatorio propósito de financiar sus estudios en Harvard.


No es lo mismo para las culturas musulmanas, donde la mujer está más bien oculta en comparación a culturas occidentales, con mujeres ocupando y sobresaliendo en política, educación, deportes, arte, ciencia y demás lugares donde han llegado a partir de sus luchas.

A la vez, la exposición de la mujer cada vez es mayor, a tal punto que se ha extendido la práctica del terror cristalizada en un nuevo y trágico concepto: femicidio. Caracterizado como un crimen de odio a la mujer en tanto mujer en distintas sociedades del Occidente culto. No obstante la gravedad y reiteración de una crónica de la muerte muchas veces anunciada, la Real Academia de la Lengua aún no ha ingresado el término femicidio en su magno diccionario.

La Real Academia de la Lengua ilustra mucho más que su barroco lustre la crónica dificultad de la conciencia humana de estar a la altura de su función esencial, esto es, ser consciente. Los cancerberos de la Lengua tienen una suerte de enemigo que nunca los dejará en paz: el Habla. Es lo que hace que nuestra lengua esté viva en un movimiento indetenible de forma tal que pasado cierto tiempo los académicos se despiertan y despiertan a la pomposa institución aceptando los cambios que se van produciendo en el habla cotidiana. La lentitud de la Real Academia forma parte, como no podía ser de otra manera. de la conciencia humana, habitualmente por detrás de las circunstancias. En suma, cuando el término femicidio sigue golpeando las puertas de la Real Academia sin que le abran, por el contrario un concepto añejo como el de virginidad parecía ya a punto de quedar en desuso en el registro del diccionario en tanto la mujer dejaba de estar obligada a entregar su virginidad en las aguas legales del matrimonio.

En este contexto la virginidad vuelve a cotizar para algunas jóvenes y para algunos masculinos poseedores de billeteras sin límites y una inmoralidad también sin límites. Decir una billetera sin límites y sin moral equivale a una redundancia en tanto y en cuanto si se trata de dinero sin límite es sin moral. Recuerda a una película de los noventa con el sonoro título de Propuesta indecente o indecorosa según versiones. En ella una pareja feliz con serios problemas de dinero vaga por Las Vegas soñando con el azar solucionándole el agujero económico. El resultado fue el opuesto, no sólo no llegaron a los dólares salvadores sino que se quedaron sin dinero. Sin embargo el ángel de la guarda estaba ahí no más para "salvarlos". El ángel, más bien un demonio, era nada menos que un hipermillonario representado por un maduro Robert Redford ofreciendo un millón de dólares por una noche con Demi Moore, la bella joven de la pareja feliz. La transacción se consumó, la pareja cobró y el gran millonario logró su capricho. A partir de lo cual todo se complicó. La pareja se inundó de fantasmas y el hipermillonario finalmente se ahogó en la tristeza que su riqueza no logró disipar por aquello de que el dinero no garantiza la felicidad. Tampoco la garantiza la pobreza.

El humano es un ser deambulando sin garantías en un mundo que no entiende. Y si no lo entiende no es un mundo. La solución contemporánea a tener que vivir en un mundo que no se entiende es la privatización de la vida personal más el desinterés por la política justificada por la corrupción de los políticos. Los que a simple vista son los mayores corruptos de las sociedades. Aunque bien mirado los mayores corruptos (y sin castigo social) son los corruptores de políticos, es decir las vastas tramas de las hiperfinanzas negras. En suma los dueños de la riqueza y del poder corrompiendo todo lo que toca y tocan.

Ahora bien ¿qué es este retorno de la virginidad? Por una parte la añeja cosificación de la mujer por parte del masculino y de la sociedad. Sin embargo la virginidad era (supuestamente) la pureza simultánea del alma y el cuerpo para recibir ―precisamente― en cuerpo y alma al primer y único hombre en la vida de una mujer. En lo formal aparente esta exigencia religiosa era para ambos actores del matrimonio, sin embargo en los hechos no era bueno que el hombre llegara puro al matrimonio. Clásicamente iniciado por prostitutas, debía llegar a la noche de bodas con experiencia sexual para modelar a su esposa invicta con la bendición del cielo. Ahora bien, en estos tiempos distintos algunas jóvenes subastadoras ni entregan ni regalan su pureza por amor sino que están dispuestas a dicha entrega (o ya lo han hecho) por una suculenta suma de dinero mucho más de lo que pueden ganar en toda su vida la inmensa mayoría de las mujeres (y de los hombres) del planeta. ¿Algo más falta subastar en la actualidad de la especie humana?

Doscientos veintinueve años después de la extraordinaria Revolución Francesa ya no quedan rastros de su ideario: libertad, igualdad, fraternidad, arrasadas por el capitalismo y el comunismo. El capitalismo (especialmente en modo Neo) y el comunismo en modo chino terminaron con la trilogía del pudor: honestidad, modestia, recato. Valores envejecidos y sin naftalina en la evolución e involución de una especie con un origen incierto y un final también incierto. Una especie, la humana, haciendo su camino al andar como canta el verso de Machado. Sin un plan divino. Más bien con una diversidad de proyectos y el proyecto mismo de la diversidad de seres vestidos, semivestidos o desvestidos, pero arropados en la dignidad y guiados por la libertad.

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