Casi todos los adultos tuvieron varicela, casi siempre en la infancia. Lo que pocos saben es que la enfermedad no termina cuando desaparecen las lesiones en la piel. El virus se queda en el cuerpo, en silencio, durante décadas. Y en muchas personas vuelve a aparecer años después, con otro nombre y otra intensidad: herpes zóster, o culebrilla.
Después de la primera infección, el virus varicela-zóster queda latente en los ganglios sensitivos, las estructuras nerviosas que transmiten sensaciones como el tacto o la temperatura. Puede permanecer ahí toda la vida sin dar señales.
Cuando las defensas bajan por distintos motivos, se reactiva: viaja por el nervio hasta la piel y produce la erupción característica. Son ampollas agrupadas en una franja, casi siempre de un solo lado del cuerpo, siguiendo el recorrido de ese nervio.
Qué dispara la reactivación
"Distintos factores, como la exposición solar intensa, el estrés o el curso de enfermedades graves, pueden llevar a que el virus se reactive", explica la Dra. Carolina Subirá, médica infectóloga de Grupo Oroño. A esos factores se suman los tratamientos y medicamentos que bajan las defensas.
La edad es el factor que no depende de la conducta. A partir de los 50 años el sistema inmunitario pierde eficacia de manera progresiva y el riesgo aumenta año a año; este fenómeno se conoce como inmunosenescencia.
El malentendido más común es pensar la culebrilla como un problema dermatológico pasajero. "No es solo una erupción de la piel: puede llevar a formas graves", advierte la especialista.
Las complicaciones posibles son:
Neuralgia postherpética. Es la más frecuente. Un dolor de origen nervioso que persiste después de que las lesiones cicatrizaron y puede durar meses o años. Cuanto mayor es la persona, más frecuente y más intenso. Puede interferir con el sueño, el estado de ánimo y las actividades cotidianas.
Compromiso ocular. Menos frecuente, pero puede afectar la visión y generar úlceras de córnea.
Compromiso del sistema nervioso central, incluida la encefalitis, que puede presentarse con convulsiones y coma.
A eso se suma lo que la investigación de los últimos años puso en primer plano. "El herpes zóster condiciona un aumento del riesgo de enfermedades neurológicas y cardiovasculares, con mayor riesgo de infarto y de ACV, e incluso se ha observado un riesgo incrementado de evolución a demencia", señala Subirá.
¿La culebrilla se contagia?
Es una de las preguntas más repetidas en el consultorio. La respuesta corta: quien tiene culebrilla no contagia culebrilla.
Sí puede transmitir el virus de la varicela por contacto directo con las lesiones a personas que nunca tuvieron varicela ni se vacunaron. En ese caso, lo que desarrollan es varicela, no herpes zóster. Por eso conviene cubrir las lesiones y evitar el contacto estrecho con embarazadas, recién nacidos y personas con las defensas bajas que no tengan antecedentes de varicela ni de vacunación, hasta que las ampollas se sequen.
La vacuna: quiénes tienen indicación
Existe una vacuna destinada a prevenir el cuadro. Está indicada en tres grupos:
Personas de 50 años o más.
Personas de 18 a 49 años con problemas de salud graves, como defensas bajas.
Personas que ya tuvieron un episodio de herpes zóster, cualquiera sea su edad.
En este último caso conviene esperar. "Luego de un episodio de herpes zóster o culebrilla podemos esperar seis meses para iniciar la vacunación", precisa la Dra. Subirá.
Cómo es el esquema
Dos dosis, separadas por dos meses.
Sin refuerzos posteriores.
No contiene virus vivos. Se elabora a partir de una proteína del virus combinada con un adyuvante, la sustancia que potencia la respuesta del sistema inmunitario.
Eficacia superior al 90 % para prevenir el herpes zóster y la neuralgia postherpética en mayores de 50 años, según los estudios que respaldaron su aprobación.
Un dato para tener en cuenta antes de planificar la vacunación
En la Argentina la vacuna cuenta con aprobación de la ANMAT, pero no integra el Calendario Nacional de Vacunación. No se aplica de manera gratuita ni universal.
"Como toda vacuna, se trata de un medicamento y requiere prescripción médica", subraya Subirá. La indicación nace siempre de una consulta: el profesional evalúa antecedentes, edad, estado inmunológico y tratamientos en curso antes de definir el momento oportuno.