Existía, al comienzo del siglo III a.C. un pequeño territorio al oeste de Grecia, el Epiro, habitado por los Molosos. Su rey se llamaba Pirro, quien invadió Italia y Sicilia, derrotando varias veces a los ejércitos de Roma, pero nunca pudiendo someterla como era su intención, porque perdía tantos soldados que no podía continuar su campaña. Cuando alguien del círculo de Pirro se acercó para felicitarlo por la segunda victoria conseguida contra los romanos, éste exclamó: "Sí, con una sola vez más que venzamos a los romanos, estaremos acabados sin remedio". Es de aquí de donde viene el dicho "victoria pírrica" que, aplicado a cualquier litigio, implica para el ganador un beneficio escaso, una victoria obtenida con más daño en el vencedor que en el vencido. Existe hoy, a principios del siglo XXl, un gran país Argentina, pero, habitado por argentinos. Entre nosotros desatamos verdaderas guerras pírricas donde la tolerancia y el consenso escasean y la culpa siempre es de los demás. Para la mejora tanto aclamada falta un cambio interior de muchos, falta querernos más como pueblo, como sociedad. Si el conjunto gana, ganamos todos. Démosle sentido al país, la herramienta para progresar está en la democracia, aprovechemos el momento histórico para forjar un futuro mejor, con justicia y sin rencores, para nosotros y nuestros hijos. Ya lo decía Einstein: "La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices".

































