Bajo el título "Quieren destruir la familia", Tomas Falkner en carta del último 10 de mayo y Nereida Brumat Decker el día 19, realizan una desprolija y pacata exposición en la que intentan relacionar una alicaída institución de la familia con la homosexualidad y la izquierda (cubana y guevarista en el caso de Brumat Decker). Los conceptos vertidos por ambos revelan de este modo una verdadera miopía histórica y una absoluta incapacidad de análisis de los hechos sociales. La Iglesia es una institución históricamente humana y como tal ha asumido a través del tiempo y del espacio un rol político determinante para vivir y sobrevivir ante cada hecho. Recordemos sólo a modo de ejemplo que la misma Iglesia que condenó por brujería a Juana de Arco, luego encontró que era santa y la canonizó. En la historia de la Iglesia contamos además con Papas como Alejandro VI Borgia, que no sólo escandalizó al mundo con su orgiástica y asesina prole, sino que también consagraba y destruía matrimonios dinásticos según las conveniencias políticas de turno. Por otro lado, si deseamos hacer un análisis de la homosexualidad, sería bueno recordarles a estos "devotos" expositores, que desde hace varias décadas la misma no figura como enfermedad ni anomalía ni anormalidad en la Organización Mundial de la Salud, más allá de lo que ellos crean, piensen y publiquen. Escribir como lo hace Brumat Decker expresando que se siente agredida en su condición de ciudadana común y corriente por la manifestación de lesbianas, por ser éste un hecho reñido con la moral, es absolutamente discriminatorio además de absurdo, pues no existe agresión alguna ya que no se ataca a la heterosexualidad, sino en el último de los casos a una institución que condena la práctica de la homosexualidad. De allí en más, el puente que ella y Falkner pretenden realizar con el marxismo, es a todas luces intransitable desde la lógica: ser marxista, aceptar la homosexualidad y/o practicarla y honrar la memoria del Che Guevara como uno de los líderes contemporáneos de reconocimiento universal, no atenta contra la familia. Lo que la destruye en todo caso es un sistema económico que crea en cada familia unidades de pobreza, son los padres (supuestamente heterosexuales) que abandonan de diferentes modos a sus hijos, son los que constituyen familias bajo la oficialidad del matrimonio heterosexual y luego las deshacen, los responsables más directos de su destrucción. No son los gays, ni el Che ni Marx, esto es obvio.


























