¿Qué es un acto de violencia? Puede decirse que es el que se lleva a cabo fuera de lo natural y de toda razón y justicia y al respecto es de unánime convencimiento que los hechos de tal naturaleza acaecen con mayor frecuencia y gravedad en los países con notorios problemas sociales y culturales. En lo que respecta a nuestro país, a pesar de su nivel, la gente está preocupada por lo que ocurre desde no hace muchos años a esta parte por los robos en los que participan personas cada vez de menor edad. Al respecto se leen y escuchan las más disímiles soluciones. Algunas sugieren, entre otras medidas, un mejor accionar de los organismos represivos y de control, una mayor severidad por parte de los jueces, disminución de la edad de impunidad de los infractores, cumplimiento real de las condenas, hasta llegar a la aplicación de la pena de muerte. Con relación a los problemas en general, siempre hay alguna razón primordial o fundamental que los genera a la cual hay que encontrar para que todo se termine y en este caso es la que se intentará ahora delinear aquí. Por supuesto que también se debe recurrir a adecuados y urgentes paliativos para atemperar los daños que se están generando sin que eso signifique una solución definitiva. No se necesita apelar a ninguna autoridad para convencerse de que una persona actúa de acuerdo a lo que le dicta su conciencia que está en consonancia con su forma de pensar y de sentir, cual es la resultante de la educación que ha recibido, del ejemplo de sus padres y de la influencia que asimiló proveniente de la sociedad a la cual pertenece. La educación pública o privada, en todo el mundo, debería brindarse a niños y adultos no sólo para generar personas receptoras de conocimientos informativos sino primordialmente para hacerlas capaces de discernir adecuadamente a fin de que puedan generar sensibilidad y afecto, virtudes que están en potencia en lo más profundo de nuestro ser y cuyo despertar es quizás una de las fundamentales razones de la existencia humana. Por otra parte, la ayuda en dinero que el Estado puede brindar tiende a transformarse a menudo en un recurso demagógico que en definitiva conduce a lograr votos. Lo más razonable y justo es generar en el pueblo el amor al trabajo, que es la antesala del talento y la creatividad. Las leyes y disposiciones vigentes deben ser cumplidas sin excepción pues la tolerancia injustificada tiende a generar un inconsciente colectivo que conduce a que cada uno actúe de acuerdo a su propia conveniencia, lo cual es el comienzo de anormalidades y violencias que luego serán muy difíciles de erradicar. Si estas convicciones, que no son novedosas sino tan viejas como la humanidad, fueran compartidas públicamente aparecerían gobernantes libres de intereses personales y alejados de proyectos belicistas o fastuosos con lo cual el dinero ahora malgastado podría ser invertido en una adecuada educación. Así la humanidad dejaría prontamente de ser generadora de injusticias tal como ahora la conocemos.


































