El 20 de julio ha sido instituido como el Día del Amigo. Por eso, habrá saludos y reuniones celebrando la amistad. Es que entre las cosas lindas de la vida, hay alguien que, como siempre digo, es un personaje imprescindible; ¡es el amigo! Creo que está mal decir "un buen amigo", pues si es amigo, solamente es bueno; con pobreza o riqueza, débil o poderoso, será eso, un amigo hasta lo eterno. No es necesario que le asignen un día; ni escribir en la agenda: "saludarlo", porque está metido en el alma en todo instante. Y no hace falta en una fecha recordarlo. Todos tuvimos un amigo en la primaria, en la secundaria, en la facultad, en la fábrica, en el taller, en la oficina, en el club; allí donde la convivencia cotidiana genera la posibilidad de crear amistades. Y ellas están entre las cosas más bellas de la condición humana. Felizmente, algunas de las viejas amistades se proyectaron hasta la actualidad de nuestros días. A otras, por distintas circunstancias, las encontramos andando los caminos del recuerdo; y por qué no, también pueden surgir otras en cualquier momento. El de la amistad es uno de los mejores sentimientos. Qué bien nos sentimos en esas reuniones con amigos donde campean las evocaciones, las bromas, los antiguos sueños y los nuevos anhelos. Como sucede con la celebración del Día de la Madre, del Padre, de los Abuelos o del Niño, suele haber alguna ausencia; algún amigo que se fue y cuyo espacio, como dice Cortez, no puede ser llenado. Pero casi siempre también, hay un amigo a nuestro lado para compartir la emoción.

































