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El nuevo ciclo del complejo oleaginoso

Los empresarios y analistas del sector plantean un cambio de políticas para recuperar competitividad en un escenario global cambiante.

Sábado 14 de Noviembre de 2015

El mundo está transitando por un período de transición económica y política que comienza a redefinir los vínculos comerciales y la estructura del mercado internacional. En ese marco, la industria oleaginosa de la Argentina comenzó a reflotar los focos de tensión que se le presentan por las políticas públicas domésticas y a prepararse para un escenario con nuevos jugadores y cambiantes reglas de juego. Así quedó claro en el panel sobre mercados y aspectos regulatorios del Congreso Mundial de Grasas y Aceites que organizó Asaga en Rosario, en el marco del cual los referentes del sector empresario salieron a la carga con una batería de reclamos centrados en la adecuación de un sistema impositivo “que incentive la operatoria del sector”, dijeron. Reclamaron la devolución del IVA sobre exportación, políticas de promoción del valor agregado —especialmente admisión temporaria de soja del Mercosur— y la adecuacion de los derechos de exportacion (retenciones), considerando el agregado de valor.
 
Convencidos de que el sector es determinante en el ingreso de divisas y uno de los actores centrales en los movimientos del mercado cambiario, y frente a un escenario electoral de ballotage que posiciona a ambos candidatos con políticas de cambio en este frente, en mayor o menor medida, desde la la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) volvieron a plantear al gobierno la necesidad de ajustar los problemas de competitividad que les genera el alto nivel de capacidad ociosa de la industria. Provocada, según señalan, por dos cuestiones que desde el Estado se pueden saldar. Una es el ritmo más lento en el crecimiento de la producción de oleaginosas (a raíz de las retenciones) y, otra, la imposiblidad de procesar soja de países limítrofes por los límites a la política de admisión temporaria.
 
“En el año 2006 el ingreso de divisas del sector oleaginoso total (aceites, harinas y granos) representaba el 21% del total de las exportaciones del país y hoy llega al 29%. Si a eso le sumamos los cereales pasamos al 38%”, dijo el presidente de Ciara y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC ), Alberto Rodríguez, quien consideró que en determinados momentos esto termina representando un peso para el sector porque “cada vez que hay problemas con la balanza de divisas el sector es el que tiene que estar sentado a la mesa sufriendo presiones del gobierno”, dijo.
 
Por otra parte, cuestionaron la poca reciprocidad que entienden existe con este sector en función de su aporte a la economía argentina, por dos vías: a través de las inversiones, que sumaron 2.700 millones de dólares entre 1995 y 2015 en el complejo oleaginoso especialmente ubicado en el Gran Rosario; y el aporte vía subsidios privados para el consumo doméstico de aceite vegetal. “Desde 2008 y por decision del gobierno, se obligó al sector a hace un aporte en relación a las exportaciones, para que el precio del aceite en el mercado doméstico en base de hasta 5 litros de girasol, de soja y mezcla, pudiera llegar al consumidor a un precio inferior al valor de mercado. En el último año representaron 170 millones de dólares y desde que se creó sumaron 1.173 millones de dólares”, dijo Rodríguez . Y se quejó porque pese a eso, “este precio diferencial sólo llega al 30% del consumo, que está estimado en 42 millones de litros mensuales totales, porque esos precios están vigentes sólo en las cadenas de supermercados que hoy controla el gobierno”.
 
Potencial. Pero los cuestionamientos de carácter político y orientados a las decisiones oficiales para con el sector, parten de la premisa de readecuar normas que permitan seguir sacándole el jugo a un negocio con alto potencial.
 
El consultor internacional en agronegocios y bioenergía y gerente de BIM, Gustavo Idígoras, explicó que el sector de la industria oleaginosa se mueve “en un mercado que es altamente volátil y esto se va a mantener en los próximos años”.
 
Según explicó el analista, esto será así porque la demanda en los próximos cuatro o cinco no será similar en materia de incremento del PBI, como lo fue hasta el año 2008/9, sobre todo por el efecto a la baja de China. Pero, a contramano, las bioenergías “han venido para quedarse en este mercado y hoy traccionan el 16% de los aceites vegetales a nivel mundial y el 11% del maíz del mundo va hoy destinado a la bioenergía”.
 
“Esto hoy está ayudando a que los precios no bajen más”, dijo Idígoras y retrucó los argumentos de grupos ambientalistas y políticos que criticaron durante muchos años los biocombustibles competían con los alimentos. “Esto demostró ser una falacia y hoy gracias a los biocombustibles podemos mantener una traccion en la produccion de alimentos suficiente para dar abastecimento a la población mundial”, dijo.
 
Aunque aclaró que en un mundo sin stocks como el actual “las fluctuaciones de precios son mayores” a lo que se suma “el condicionante de la caída del precio del petróleo, que no genera expectativas de pronta recuperación que hagan viables algunos proyectos de industrializacion”.
 
Pero también advirtió que la industria oleaginosa “es uno de los peores negocios del mundo porque es uno de los más protegidos a nivel mundial”, y alertó sobre la necesidad de que el país comience a revisar sus políticas de rechazo a los acuerdos de libre comercio. “Hoy hay firmados 400 nuevos en el mundo”, indicó y señaló que “esta es una industria, no sólo para la Argentina sino para la región, caracterizada por su capacidad exportadora y por lo tanto hay que incrementar nuestro acceso a los mercados”.
 
Para Idígoras no hay que perder de vista que “cada vez que queremos producir y vender, el país importador va a tratar de poner alguna barrera arancelaria o no arancelaria para impedirlo. Esta situación va a seguir, sobre todo porque estamos en un mundo en transición, no sólo económico sino político y pasamos de un contexto unipolar dominado por Estados Unidos asociado con la Unión Europea a otro multilateral, donde los emergentes liderados por China, India y el resto de los Brics definieron nuevas reglas de juego”.
 
Hacia el mundo. Este escenario que hoy es una realidad mucho más palpable, se fue consolidando en los últimos años cambiando los ejes geopolíticos y comerciales. Según detalló Rodríguez, el destino de las exportaciones de aceite y harina de soja tuvieron un “fuerte cambio en  los últimos diez años”. Detalló que en el caso del aceite, China era el principal destino y en 2012 llegamos a venderle 1,8 millones de toneladas y hoy apenas 400 mil toneladas”. Este mercado fue reemplazado por India, que subió en participación del 26% al 41% de las exportaciones totales argentinas de aceite de soja. Ocurrió algo similar con la harina de soja donde el 65% de las exportaciones argentinas tenían como destino en 2005 la Unión Europea y hoy sólo se envían el 32%, pasando de 12 a 8 millones de toneladas, con una suba hacia países del sudeste asiático e Irán.
 
En el caso del poroto de soja no hubo mayores cambios, con una consolidación de exportaciones hacia China, que pasaron del 76% al 80%.
 
Por eso, para la industria aceitera argentina reducir los niveles de capacidad ociosa representa un factor determinante en la rentabilidad del negocio, en el marco de un escenario comercial global tan cambiante.
 
“La capacidad ociosa de la industria de la región —cuyo 76% de la infraestructura está concentrada en la provincia de Santa Fe en la actualidad, contra el 72% de hace diez años— es hoy de 104 días anuales”, dijo el titular de Ciara.
 
En ese sentido, recordó que ese es un cálculo promedio ya que no representa literalmente esa cantidad de días parados porque la industria usa en forma diferenciada su capacidad de procesamiento. Ese número se duplicó en diez años, ya que en 2005 representaba 57 días anuales, y sumaba unas 7 millones de toneladas, contra los 21 millones de la actualidad.
 
Ese desbalance fue producto del aumento de las inversiones en capacidad de procesamiento, combinado con un menor ritmo de crecimiento en la producción de oleaginosas a lo esperado y la imposibilidad de procesar soja proveniente de Paraguay o Bolivia que baja por la hidrovía.
 
Según datos de Ciara, entre 2005 y 2015 creció un 84% la capacidad de molienda de la industria y se pasó de 33 a 62 millones de toneladas.
 
“Cuando las empresas tomaron las decisiones de inversión las perspectivas en eran distintas”, dijo Rodríguez y señaló que “por un lado había una capacidad ociosa mínima y previsiones de un crecimiento de la producción que de alguna manera se dio en los primeros años, con lo cual la decisión era correcta”. También “íbamos a tener materia prima para procesar de países limítrofes que bajaba por la hidrovía”, agregó.
 
Pero ahora “tenemos algunos problemas con la producción doméstica porque en últimos años se retrasó el crecimiento y esto tuvo que ver con las políticas para el sector, como las retenciones del 35%, sumado a la imposibilidad de utilizar lo de que venía del norte”, precisó el ejecutivo.
 
A su juicio, si hoy se modificara lo de la admisión temporaria de soja —algo que según dijo Rodríguez debería aplicarse no más allá de diciembre para que tenga efecto— se bajaría en 30 ó 40 días la capacidad ociosa, algo que debería complementarse con “un aumento de la producción de granos oleaginosos.
 
"Para mejorar las condiciones necesitamos al menos una campaña y creemos que se podría corregir recién en el ciclo 2016/17”, aventuró Rodríguez.
 
 

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