Primero hay que saber sufrir. Esa máxima tanguera le cae como anillo al dedo a este Central del Kily González, que se armó para afrontar este torneo de emergencia con el contexto sabido, con necesidad de achicarse, de invertir poco y de apoyarse como nunca en sus inferiores y la consecuencia apareció más temprano que tarde. Nadie puede hacerse el distraído al respecto y lo peor, ante la tremenda diferencia colectiva que le enrostró Banfield, sería enloquecerse. Mucho menos si se tiene en cuenta que los mayores problemas no están en aquellos que se están haciendo sino en los recontra hechos que no están dando para nada la talla y exponen al resto. Es lógico que a este ciclo del Kily aún no le dé el cuero y que la esperanza de pelear el título empiece a ser eso: esperanza con poco de certeza. Pero hay que seguir, porque después de todo algunas cuestiones pueden apuntalarse y se venía de un digno papel ante el poderoso River. Más allá de que el 4 a 2 del Taladro hace poner todo en duda.






























