Newell’s se acostumbró a dar sorpresas desagradables. Cuando existe algo que da confianza y que invita a creer, lo termina destrozando. La primera victoria de la temporada, sobre Gimnasia de Mendoza en el torneo Apertura, hacia imaginar que al menos, contra un equipo de la Primera Nacional, como Acassuso, podía empezar derecho en la Copa Argentina. Y que eso sirviese de estímulo para un conjunto que arrastra frustración tras frustración. Sucedió lo opuesto. Quedó eliminado, con un 2 a 0 que lastima, y lleno de frustración. Una más, de un plantel que sigue carente de cualidades para competir.
Lento y previsible, Newell’s tuvo desde el inicio la tenencia sin ningún sentido. Los toques pausados entre Cabrera y Goitea en la salida por momentos resultaron exasperantes. Sotelo y Acuña no conectaron con los del fondo y cuando la manejaron, la entregaron mal. Núñez y Mazzantti chocaron una y otra vez. Cóccaro entró poco en acción. Russo perdió en cada proyección. Méndez sacó centros sin destino.
Toda una serie de acciones y actuaciones desacertadas, que explican la falta de juego de un equipo que, por pertenecer a una categoría superior, se encontró con la responsabilidad de asumir el protagonismo, aunque no lo pudo hacer.
El 4-3-3 con el que salió a jugar Newell’s se redujo a solo la intención de ser ofensivo. Porque el fútbol estuvo ausente. La contra de Méndez, corriendo de un campo hasta el otro, para la cesión a Mazzantti y el cierre del arquero Atamañuk fue el único ataque serio de la Lepra antes del entretiempo. Sucedió a los 7’, con mucho por jugarse.
La impotencia al desnudo de Newell's
Pero lo que pasó después fue la demostración de un equipo impotente, carente de variantes y de recursos. Hasta falto de solidez. Porque Acassuso, en su única aproximación a fondo, sacó provecho de una contra y la Lepra quedó abajo en el marcador. Ante un mal cierre de Russo y Acuña, Hermoso encaró y se la cedió a Schlotthauer para que convierta con un tiro bajo.
La confusión de Newell’s, a partir de ese gol, fue todavía mayor. Abundaron los pases errados, hubo ausencia de ideas y avances sin claridad. La silbatina con la que la hinchada despidió a Newell’s y el grito de que “la camiseta se tiene que transpirar…” al salir el conjunto de Kudelka a la cancha para jugar la segunda etapa fue una muestra de la pobre y decepcionante actuación.
Kudelka entendió que la reacción pasaba por los cambios. Sacó a Acuña y Sotelo por Gómez Mattar y Luciano Herrera. Mandó a Núñez a moverse de volante. Más tarde puso a Guch por el propio Núñez. La Lepra se lanzó a un ataque voluntarioso, pero forzado. Con más empuje que creatividad.
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Los intentos en el área de Acassuso
Cóccaro se demoró un poco el remate y se la alcanzaron a desviar. Un tiro libre de Guch dio en un rival y fue sacado por sobre el travesaño por Atamañuk. Luciano Herrera también probó, desde afuera del área, y el arquero la mandó al tiro de esquina.
Todas jugadas de un partido trabado y al que Newell’s no le encontró la vuelta para imponerse en el desarrollo, ante un equipo cuya preocupación fue conservar el 1-0. Pero tampoco se resignó a cuidarse. Y que encontró el segundo gol. Barlasina tapó un remate de Senn y Petillo puso la cabeza para que ingrese en el arco rojinegro.
La atajada de Atamañuk a un derechazo de Cóccaro y el tiro en el palo de Herrera fueron apenas el condimento de un partido que Newell's tenía perdido. Que le costó la eliminación de la Copa Argentina. En la temporada, seguirá con sus enormes problemas y la premura de un cambio de funcionamiento. Por ahora está tan mal como empezó el año.