Lo de Central fue el alivio de no perder contra Tigre, el peor equipo en lo que va del año, pero nadie en el Gigante se conformó con eso y desde ese costado del análisis se entiende los muchos silbidos que aparecieron tras el final, apenas un minuto después del gol agónico de Facundo Mallo, para ese 1-1 que resultó un premio enorme para el canalla de acuerdo a cómo había sido su puesta en escena.
Si Central buscaba una buena señal de cara a Peñarol y algo de correlatividad de aquello que había mostrado frente a Caracas, se llevó un chasco importante. Porque estuvo por debajo futbolísticamente de este Tigre que ganó un solo partido en los 17 que lleva disputados en el año y por eso este empate no mueve el amperímetro en este aciago transitar del canalla en el plano local, donde no remonta.
Iban más de tres minutos de partido y Central no había cruzado la mitad de la cancha, y no pelota al pie, sino ni siquiera con un pelotazo largo. ¿Por qué? Porque Tigre se le adueñó de la pelota rápidamente y para sorpresa de todos. Es que lo que se esperaba ver era el Central de Caracas, pero nada de eso sucedía. Si hasta pareció de otro partido esa jugada canalla en la que tras un centro de Malcorra, Lovera se la dejó en los pies a Jonatan Gómez, quien remató fuerte, pero al cuerpo.
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Tigre era mucho más prolijo pelota al pie y en un mal retroceso canalla se lo facturó. Golazo de Maroni desde afuera del área, contra el palo derecho.
Era tal el desconcierto de Central que en la reanudación, tras un grosero error de Sández, Maroni volvió a quedar cara a cara con Fatura Broun, que tapó con el pie. Hasta ahí la presión no resultaba (Tigre salía con demasiada comodidad), el control del juego brillaba por su ausencia y la marca no existía. Cuando Armoa casi la mete también desde afuera los hinchas se fastidiaron. Apareció el “ponga huevo, Central ponga huevo…”, porque lo que veían no les gustaba para nada.
Primeros síntomas de desaprobación para Central
Y hasta el siguiente cántico (“movete, canalla, movete…”) sólo se vio ese tiro libre de Malcorra que se fue cerca del palo izquierdo. Pero no más que eso. Central era todo buenas intenciones, pero muy malas ejecuciones, con futbolistas que se veían rebasados en todas las divididas y superados desde el posicionamiento y la movilidad. Todo eso fue el caldo de cultivo para que el viaje a los vestuarios fuera en medio de algunos silbidos.
A Russo sin dudas tampoco le había gustado lo hecho, por eso metió mano y con los ingresos de Ortiz y O’Connor intentó corregir todo lo malo que se había hecho.
Para fortuna de Central, Tigre decidió bajar la intensidad o mejor dicho arriesgar mucho menos, pero en contrapartida eso le tiró mucha más responsabilidad encima a un canalla que decididamente debía hacerse dueño del partido. Y lo que logró fue hacerse de la pelota, pero nunca del dominio, porque al desconcierto del primer tiempo se le sumó la aceleración y la desesperación en el segundo.
Alcanzó con repasar que algunas de las más o menos claras que tuvo fueron un par de cabezazos de Agustín Módica, que realizó buenos movimientos, pero que le costó impactar con dirección o con potencia. Fueron un par de centros a la carrera y las arremetidas correspondientes del delantero.
O’Connor había aportado una pequeña cuota de fútbol, pero el juego en sí nunca apareció porque todos los intérpretes fracasaron en el intento.
Cómo habrá sido el semblante en el Gigante que por primera vez desde que llegó, Jaminton Campaz se fue silbado cuando Russo lo cambió por Giaccone.
Pero la fortuna tuvo un buen gesto con Central. Casi en la última. En ese córner de Lovera y el cabezazo de Mallo para abrazarse a un punto que pareció un premio excesivo y que los hinchas celebraron en el momento, pero pasaron factura tras el pitazo final.
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