La economía santafesina atraviesa un 2024 complejo. Por un lado, dejó atrás el tremendo impacto de la sequía, que la llevó a caer más de 8% en 2023, una pendiente mucho más profunda que la de la actividad a nivel nacional. Pero cuando el regreso de las lluvias y la reactivación del agro empezaban a mover de nuevo la rueda, llegó otro tipo de plaga: un cambio drástico de política económica que en poco tiempo paralizó la obra pública, derrumbó la industria y encendió nuevamente el motor del desempleo. Tendencias que además impactan en las cuentas públicas, agravando las dificultades fiscales y obturando su papel amortiguador.
El agro y la industria en la economía provincial están profundamente relacionados, no solo sectorial sino territorialmente. El sector manufacturero santafesino reúne a más de 6 mil empresas que ocupan en forma directa a 140 mil trabajadores dentro de un mapa que prácticamente no deja afuera a ninguna ciudad o pueblo de la provincia. Aceros, autos, muebles, maquinaria agrícola, textil, procesamiento de alimentos, electrónica, todos los rubros metalmecánicos y un relevante conglomerado de empresas base científica y tecnológica, entre otros, dispersos a lo largo y ancho de su geografía.
Las cifras de organismos públicos y entidades privadas informan periódicamente sobre la caída vertical que sufrió la industria en los últimos cinco meses. En el primer bimestre acumula una baja del 9% y están próximos a salir los números de marzo. No es que vengan de un año de fiesta. Por el impacto de la sequía en las empresas agroalimentarias, con mucha ponderación en el estimador fabril, la actividad del sector había caído casi 10%. Lo nuevo es la difusión de ese derrumbe. Más del 60% de las ramas de actividad presentaba bajas interanuales en febrero. Muchas de ellas, de dos dígitos.
La paralización de la planta de Acindar en Villa Constitución, que ahora tendrá un segundo capítulo, es una de las imágenes más impactantes de la crisis. Están en juego 3 mil empleados directos en una ciudad que gira en buena medida alrededor de esa empresa. Pero en cada región productiva de la provincia, en las que se repiten caídas en la demanda de hasta 40%, se ponen en juego entramados que ocupan cifras similares o mayores.
Es el caso de la industria del mueble, con sus polos principales en Cañada de Gómez y Esperanza. O de las fábricas de heladeras y equipos de frío de Rosario. El empleo en cada uno de esos sectores está entre 5 mil y 6 mil puestos de trabajo.
En el sector de la maquinaria agrícola, que ocupa a más de 10 mil personas, y que aspiraba a recuperarse tras el golpe de la sequía, las ventas cayeron también a la mitad y hay fábricas que suspenden, no tanto por el peso de la planta de personal, sino para ahorrar energía, cuyo costo se multiplicó en los últimos meses.
Suspensiones
Durante el primer trimestre del año, unas sesenta empresas informaron 10 mil suspensiones al Ministerio de Trabajo de Santa Fe. Parece un número menor respecto de los más de 500 mil empleos privados registrados, pero no lo es tanto cuando se toman en cuenta dos aspectos. Por un lado, estos registros muestran solo una parte del mercado laboral, y precisamente una de las que más tarda en caer. Si el gobierno anterior dejó la tasa de desempleo en un mínimo 4,7%, ya en el último trimestre hubo un aumento importante del subempleo subió dos puntos, a casi el 10%. Es probable que de ese grupo se cuenten los desempleados de la próxima medición. Por otro lado, la cantidad de empresas que suspendió personal se duplicó entre noviembre y marzo.
La UOM Rosario alertó que se perdieron mil puestos de trabajo en blanco en el sector desde principios de año, un 10% de las desvinculaciones ocurridas a nivel nacional. “Esta caída de puestos de trabajo en tan poco tiempo es inédita y muy preocupante”, dijo el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Rosario, Antonio Donello. El presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM) de Rosario fue gráfico al describir la situación del sector: “Estamos todos llorando, nos prestamos los pañuelos”.
Esta crisis, potenciada por la caída del consumo, está asociada directamente a decisiones de política económica. Desde el punto de vista del gobierno nacional, la depresión y el desempleo son el sacrificio a ofrecer para que baje la inflación.
Por causas menos antrópicas, todo el complejo agroindustrial ofrece algún contrapeso. Luego de la sequía que se llevó la mitad de la cosecha esperada en 2022/23, la producción se recuperó y, con ello, las fábricas del complejo oleaginoso volvieron a moler y la mayoría de los sectores comenzaron gradualmente a reactivarse.
El índice de producción agroindustrial (IPAA BCR) manufacturero que estima la Bolsa de Comercio de Rosario registró un crecimiento del 1,9% interanual en marzo y consolidó una recuperación de 8,6% desde el piso de octubre de 2023. En la variación mensual, marzo registró un incremento del 20,3% en la producción de biocombustibles y del 4,2% del trigo pan, seguida de cerca por la industrialización de cebada (3,1%) y la de soja (2,7%). Sólo la industrialización de girasol registró una caída, que estuvo en torno al 21,1%. La faena porcina cayó 11,6% mientras que la aviar y la bovina crecieron 2,8% y 1,2%, respectivamente. En la comparación interanual primaron los registros negativos. Con excepción de la industrialización de soja, que creció 37,7% sobre la base de comparación es muy baja.
“Si bien hay algunas tasas positivas dispersas en indicadores de la agroindustria, el resto de los sectores no visualizan señales claras para proyectar una recuperación en el corto plazo, se vuelve imperante atender las demandas de cada núcleo productivo de la provincia, a fin de poder sortear el difícil contexto macroeconómico imperante”, señaló el Centro de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Santa Fe en su último informe. Según el indicador de actividad que elabora, el Icasfe, entre octubre de 2023 y enero de 2024, la contracción acumulada representó el 65% de la disminución computada en toda la fase de 20 meses recesivos.
El campo
La tracción del campo, por ahora, sirve para amortiguar la crisis pero no para remontarla. Hay varios factores que confluyen para que esto sea así. Los precios internacionales no son los mejores, el pago de los compromisos asumidos en la malograda campaña anterior son prioridad en los gastos, los costos subieron, la cosecha gruesa se atrasó por las lluvias y la enfermedad que transmite la chicharrita del maíz le robó un 20% a la producción esperada de ese cereal.
Hace poco más de una semana, la Bolsa de Comercio de Rosario volvió a bajar su estimación para esta campaña maicera a 47,5 millones de toneladas. El cultivo es un importante dinamizador de encadenamientos productivos regionales.
Esta campaña empantanada también por la pulseada cambiaria, impacta en el ritmo de comercialización y las decisiones de inversión. Dante Romano, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, explicó que apenas el 9% de la soja está vendida con precio cerrado “cuando lo normal es casi 20% a esta altura del año”. Y estimó que las ventas “serán todavía peores” cuando pase el actual período, en el que el productor “se encuentra con las presiones financieras de todos los años que lo obligan a vender”. La comercialización de maíz a precio también sigue por debajo del ritmo habitual.
En cambio, un repunte de precios, buenas reservas de humedad y las perspectivas de que, aunque vuelva la Niña, habría lluvias en octubre, le dan aire a la nueva campaña de trigo, cuya siembra comenzó en el centro norte provincial. En quince días cambió el escenario y hay nuevas proyecciones que señalan que podría llegarse a las 20 millones de toneladas.
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Por el lado de las economías regionales, Coninagro reportó en marzo que, a nivel nacional, seis de ellas están en crisis o presentan signos de crisis, mientras que otras siete están en alerta amarilla. El Consejo Directivo de Central de la Federación Agraria Argentina se reunió el jueves en Rosario y activó las asambleas zonales, en las que se analizará la situación de las economías regionales que “están alicaídas y necesitan estímulos concretos”, según señalaron en el comunicado final. También denunciaron “una realidad compleja para los pequeños y medianos productores”.
Las empresas que venden al mercado interno sufren el doble impacto de costos crecientes y demanda a la baja. Pablo Tamburo, CEO de Argensun Foods, la firma que produce en la provincia de Buenos Aires el girasol confitero que se vende con la marca Pipas, describió la difícil situación del sector por el menor consumo. Y destacó que muchas firmas optan por endeudarse o vender maquinarias para cumplir compromisos a la espera de una milagrosa recuperación. “Esta crisis es algo nunca visto”, dijo y concluyó: “Ojalá tenga sentido este enorme esfuerzo”.