Un poco por búsqueda y otro por necesidad, los presidentes Raul Alfonsín y José Sarney, inauguraron la construcción de un destino común y suramericano, que aún hoy con idas y vueltas, permanece en construcción.
La condiciones internacionales propiciaron ese encuentro. En el escenario global, la Guerra Fría se extinguía y la convergencia política entre ambos países tuvo como marco el retiro de las dos potencias mundiales en pugna. La Unión Soviética y los Estados Unidos comenzaron a alejarse de América latina y dejaban el terreno libre para políticas un poco más autónomas.
Como indica Mario Rapoport, la Unión Soviética, que a principios de los 80 había sido un socio comercial importante de la Argentina, experimentaba una fuerte crisis económica y los prolegómenos de la situación política, que la llevarían a tener que aceptarla disolución de su propio bloque y la pérdida de su papel de superpotencia.
Estados Unidos, por su parte, estaba consciente de que se acercaba el fin de la Guerra Fría y constataba el fracaso simultáneo de los regímenes militares y de los movimientos contestatarios en la región. Los grilletes de la deuda latinoamérica ya estaban bien ajustados por lo que los norteamericanos se encargaron de disminuir la presión sobre los gobiernos del sur.
En este marco de transformación internacional, los mandatarios sudamericanos se congregaron en Misiones, el 29 de noviembre de 1985, para inaugurar el “Puente Tancredo Neves” que une Puerto Iguazú con Foz Do Iguaçu. Ese acto, esa foto y ese gesto, plantaron la semilla del Mercosur, fundado seis años después.
Las palabras del mandatario argentino reflejaron una aguda perspectiva de los movimientos que sacudieron el orden global de entonces, y que hoy vuelven a estar en el centro de la escena. Alfonsín, durante el acto de inauguración, anunció: “América latina necesita ser reconocida como interlocutora irrenunciable en el nuevo ordenamiento de las relaciones internacionales. No podrá haber un orden internacional sin nuestra creciente participación y estamos dispuestos a aceptar las responsabilidades que derivan de nuestra nueva situación”.
El punto 8 de la Declaración de Iguazú señalaba claramente: “Los presidentes concordaron igualmente en cuanto a la urgente necesidad de que América latina refuerce su poder de negociación con el resto del mundo, ampliando su autonomía de decisión y evitando que los países de la región continúen vulnerables a los efectos de políticas adoptadas sin su participación. Por ello, resolvieron conjugar y coordinar los esfuerzos de los respectivos gobiernos para la revitalización de las políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas”.
Así, en julio de 1986 se firmó el Acta para la Integración argentino-brasileña, con la idea de transformar ambos territorios con un espacio económico común, y para permitir, de una manera gradual y flexible, una mejor adaptación de empresas y personas a las nuevas condiciones de competencia y legislación económica.
La apetencia regional que generó el acercamiento de las dos economías más grandes del subcontinente incentivaron la adhesión de los países vecinos. En abril de 1988, los presidentes del Brasil y Argentina junto a su par uruguayo Julio María Sarguinetti, firmaron en Brasilia el Acta Alborada que preveía la incorporación del Uruguay a la integración argentino-brasileña.
La integración se vuelve realidad
En el año de la integración uruguaya, se aprobó la incorporación de dos importantes sectores: industrias automotriz y de la alimentación. A su vez, comenzó el proceso gradual de remoción de los obstáculos que obstruían el comercio, la armonización de diversas legislaciones, medidas aduaneras y comerciales, y la coordinación de políticas macroeconómicas.
Si bien coherente con la búsqueda de la unidad, las intenciones quedaron en el vacío y el letargo de la unión latinoamericana provocó que el nuevo orden mundial se conformará sin consultas sobre la materia al subcontinente. Hubo que esperar tres años para que el Tratado de Asunción de marzo de 1991 diera nacimiento al Mercosur con la globalización ya puesta en marcha.
Con el Consenso de Washington a cuestas, el Mercosur daba sus primeros pasos. Alfonsín y Sarney fueron reemplazados por Menem y Collor de Mello mientras que a la adhesión de Uruguay se sumó la de Paraguay.
Argentina, Brasil y Uruguay crearon el Grupo Mercado Común (GMC) para acelerar la convergencia macroeconómica. Con el posterior acercamiento de Paraguay los mandatarios de los cuatro países pusieron fecha definitiva al lanzamiento del mercado común. Más allá de las discusiones en torno al perfil de la integración o las discusiones sobre el programa de vinculación progresiva para cuidar los propios mercados internos, los instrumentos con los que se constituyó fueron en esencia: un programa de liberalización comercial, la coordinación de políticas macroeconómicas, un arancel externo común y la adopción de acuerdos sectoriales.
El primer gran objetivo, el establecimiento de una zona de libre comercio, se fue logrando paulatinamente, aunque persistieron espacios conflictivos, como, por ejemplo, la producción azucarera y algunos aspectos de la industria automotriz.
Mario Rapoport sostiene que “como resultado de los acercamientos en Sudamérica, entre 1985 y 1994 el comercio intrarregional aumentó seis veces y su tasa de crecimiento anual quintuplicó la del comercio extrazona. En consecuencia, en cada uno de los miembros la participación del intercambio con los otros países del Mercosur en el comercio exterior total creció en promedio del 5% al 20 %. Esto se complementó con diversos proyectos privados como asociaciones, joint-ventures e inversiones directas intrarregionales que vincularon los sectores productivos entre los países”.
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La consolidación del Mercosur.
El sumun de la complementariedad regional tuvo su mayor potencia en la industria automotriz. La integración resultó clave para el sector, permitiendo su rápida expansión, fuertes ganancias y la consolidación de la especialización intraindustrial de las grandes multinacionales.
Las exportaciones argentinas al Mercosur consistieron en estos años, en su mayor parte, en material de transporte, combustibles y cereales. Por la índole de esos productos, este comercio estuvo liderado por grandes empresas, en especial transnacionales.
En general, el Mercosur pasó a ser un destino especialmente importante para las exportaciones de manufacturas de todos sus integrantes. En 1998, concentró entre el 55 y el 58 % de esas exportaciones realizadas por la Argentina, Paraguay y Uruguay, cuando en 1991 sólo atraía el 25 % de las exportaciones manufactureras argentinas y el 35 % de las paraguayas y uruguayas. En el caso del Brasil pasó del 10 % en 1991 al 25 % en 1998.
El panorama de optimismo rápidamente construido en el transcurso de la década del 90 para la evolución del Mercosur, fue fuertemente sacudido por la crisis cambiaria en Brasil y la consecuente desvalorización de la tasa de cambio en enero de 1999.
La crisis brasileña representó un choque para el bloque, especialmente para Argentina, cuya economía se encontraba cada vez más incapacitada de mantener el modelo de estabilización basado en la caja de conversión, enfrentando una importante y demorada recesión.
Los últimos 20 años
Durante el período comprendido entre el año 2000 y el 2021, el Mercosur enfrentó una serie de desafíos en su proceso de integración económica. Entre los hitos más relevantes se destacan los intentos de profundización y expansión económica del bloque. Para alcanzarlo, los miembros impulsaron la expansión de su presencia en la economía global a través de la negociación de acuerdos comerciales con terceros países y regiones. En los últimos 20 años se han firmado diversos acuerdos, entre los que se destacan los alcanzados con la Unión Europea (UE), Israel, Egipto e India.
En lo que respecta a las relaciones con el bloque europeo las transacciones comerciales comenzaron a desenvolverse desde el momento fundacional del Mercosur alcanzando en 2020 un volumen considerable en el intercambio de bienes y servicios entre ambas regiones. En lo que respecta a bienes, en el 2020 se transaccionaron 76.400 millones de euros, mientras que el comercio de servicios fue de 38.100 millones de euros.
La UE se transformó en el segundo socio comercial más importante del bloque. En el año 2019, el 18,4% de las exportaciones del Mercosur tuvieron como destino la UE, mientras que el 16,1% de sus importaciones provinieron de la UE.
Después de 20 años de negociaciones, en junio de 2019 el Mercosur y la UE alcanzaron un acuerdo de libre comercio, que aún debe ser ratificado por los parlamentos de los países involucrados y que hoy aún presenta fuertes fricciones.
Por otro lado, el bloque abogó por incrementar su número de miembros. En el año 2006 se incorporó a Venezuela como miembro pleno, lo que aumentó la población y el tamaño de la economía del bloque. A pesar del impulso inicial, el cambio en la política global luego de la crisis financiera de 2008 generó las presiones para que diez años después de su vinculación, Venezuela fuera suspendida del bloque.
En mayo de aquel 2008 se lleva adelante la creación de la Unasur, ámbito institucional, sin expresarlo se transformó en el complemento político del Mercosur y en su intermediario para fortalecer un bloque completamente suramericano celebrando caminos de convergencia con la Comunidad Andina de Naciones.
Ello permitió la existencia del Aladi, como marco de complementación económica, con la modalidad de una red de acuerdos bilaterales que podían converger en un solo espacio de libre comercio. Este espacio nunca fue visto con buenos ojos por los norteamericanos, que habían sufrido una dura derrota en el año 2005 con el icónico no al Alca. Ello o explica el asedio y la desarticulación inmediata de la Unasur en cuanto se agotó el impulso progresista en el subcontinente.
A pesar de los avances en la integración económica, el Mercosur ha enfrentado dificultades en la coordinación de las políticas macroeconómicas y comerciales de sus miembros. En algunos casos, se han registrado tensiones y desacuerdos entre los países miembros sobre la aplicación del arancel externo común o la apertura comercial, como también recelos de Estados Unidos hacia el bloque.