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Miércoles 12 de Abril de 2017

La bandera argentina es azul de ultramar, según el Conicet

El color del estandarte nacional más antiguo es azul de ultramar, reveló una investigación científica hecha en la Universidad de La Plata

Los colores de la bandera argentina son todavía motivo de polémicas entre los historiadores: mientras los liberales descendientes de los unitarios afirman que originalmente era blanca y celeste, los nacionalistas herederos de los federales replican que era blanca y azul. Por eso, para terminar con la controversia, científicos del Conicet analizaron una de las banderas argentinas preservadas de mayor antigüedad y revelaron el color original de sus extremos inferior y superior: azul de ultramar.

Un equipo formado por investigadores del Centro de Química Inorgánica (Cequinor, Conicet-Universidad Nacional de La Plata) y de la Universida de Federal de Juiz de Fora, de Brasil, analizaron espectroscópica y químicamente hebras de la bandera del Templo de San Francisco en Tucumán que, según algunos historiadores, es la más antigua que se ha conservado. Y, a partir del estudio, concluyeron que los extremos superior e inferior eran azules. Más precisamente, de un tono correspondiente al pigmento azul de ultramar.

El documento difundido ayer por el Conicet señala que la bandera analizada fue ordenada por Bernabé Aráoz, primer gobernador intendente de Tucumán y síndico del Templo de San Francisco en esa provincia. En aquella insignia podía leerse en letras mayúsculas y amarillas: "A la Escuela de San Francisco, Tucumán 1814, Donó Bernabé Aráoz".

También, a partir del análisis de la pieza histórica determinaron que el material de la pintura usada para esta inscripción fue crocoita, un mineral de cromato de plomo, y que la tela con la que fue fabricada es seda.

En la publicación, Carlos Della Védova, investigador superior del Conicet y director del Cequinor, señala que la bandera resguardada en Tucumán y las muestras a las que tuvieron acceso están lejos de conservar su color original.

"Hoy son prácticamente incoloras por efecto del deterioro debido a la luz y la atmósfera de Tucumán a lo largo de los años. El polvillo que se genera en la cosecha de la caña de azúcar (zafra) resulta ser un testigo actual de la contaminación a la que fue expuesta esta reliquia", apunta Della Védova.

Es por eso que los investigadores tuvieron que proyectar los colores originales a través de la detección de los componentes de las muestras mediante fluorescencia de rayos X, espectroscopia Raman y análisis químicos.

"Lo que hicimos fue analíticamente exponer a una hebra de la bandera al ataque de ácido clorhídrico relativamente concentrado y vimos cómo disminuían en conjunto todos los componentes del lapislázuli, o azul de ultramar", comenta el investigador.

Además, gracias al estudio pudieron constatar el tipo de tratamiento que recibió para su preservación. "Pudimos comprobar que fue tratada uniformemente con una sal de estaño. Esto debió servir para cuidarla, por ejemplo, del ataque de las polillas; y coincide con lo que nos dijo Cecilia Barrionuevo -la restauradora de la Casa Histórica de la Independencia en Tucumán- quien nos señaló que la bandera había sido tratada para su preservación", cuenta Della Védova.

Una copia de la de Belgrano

En el documento señalan que, si bien esta no es la bandera que izó por primera vez Manuel Belgrano en febrero de 1812 en Rosario, a orillas del Paraná, para distinguir las tropas propias de las enemigas, hay motivos para creer que Aráoz debe haber tomado el modelo de su creador.

"En conocimiento de la existencia de la bandera en la Iglesia de San Francisco en Tucumán, el día 22 de noviembre de 2013 me animé a intentar conversar con fray Marcos Porta Aguilar, guardián franciscano de la Basílica, dado que ese día la noticia sobre mi designación como profesor de la Universidad Nacional de Tucumán estaba publicada en los diarios y mi visita inesperada y propuesta inusitada, la de acceder a una reliquia histórica, tendrían algún tipo de sostén. Luego, con la colaboración del padre Marcos y de la licenciada Cecilia Barrionuevo, se comenzó a transitar esta historia", cuenta Della Védova sobre cómo empezó esta investigación.

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