Robert Plant es una de las voces más distintivas del rock and roll. Aunque a sus 77 perdió esos agudos más altos y característicos de la época de Led Zeppelin, todavía conserva su potencia y su color, su brillo propio. Y esta noche helada de sábado de mayo, contra toda expectativa, suena en Rosario por primera vez y hace historia. Varias generaciones se unen en el Metropolitano para ser parte del hito.
El músico se presenta junto a su banda Saving Grace y la hipnótica Suzy Dian. Si bien ya estuvo dos veces en Argentina en los últimos quince años con su proyecto solista (en 2012 en el Luna Park, y en 2015 en Lollapalooza), en esta visita, que es parte de la gira mundial “Rugido en otoño” (“Roar in the Fall”), salió de Buenos Aires (donde dio dos shows en el Gran Rex) y pasó por Córdoba antes de culminar en Rosario.
Antes de que comience el show, entre el público que se acomoda con expectativa se intercambian las anécdotas sobre el paso de Robert por la ciudad. Algunos lo vieron la noche anterior en un conocido bar de temática rockera. Otros señalaron lo surreal de que haya estado de paseo por el Mercado del Patio. En sus redes sociales, Plant comparte un muralcito de Messi y bendice el suelo que pisa. La historia del rock and roll confluye con el mundano aquí y ahora de una forma inverosímil y por lo mismo emocionante. Están por sonar temas de Zeppelin en la voz de su cantante original en Rosario en el año 2026. Nadie lo puede creer del todo.
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Después de la apertura a cargo de la rosarina Mercedes Borrell, las luces bajan cerca de las nueve y veinte de la noche. Los Saving Grace anteceden brevemente la celebrada salida a escena de Plant. Rápidamente queda claro que el magnetismo está intacto y no es sólo biográfico: tiene actitud y muchas ganas de seguir haciendo música en vivo, de seguir jugando sobre el escenario. No tiene la energía pero sí la cabellera (ya no rubia sino cana) de su juventud. Su postura frente al micrófono, con las dos manos aferradas y los ojos cerrados, también es reconocible de esos videos icónicos.
El sonido del proyecto solista del ex Zeppelin construye una síntesis increíble de su recorrido y sus influencias. Hay mucho folk, country, rock clásico y blues, pero también música celta y de horizontes más orientales. Durante todo el show, es como si la banda evocara al mismo tiempo una fuerza desde lo profundo de la tierra y desde otros tiempos, para colisionar en una intensidad presente, visceral. Varias latitudes y temporalidades (la ruralidad británica de otro siglo con la costa oeste estadounidense de los setenta, entre otras) se condensan en la propuesta, que tiene su propia vibración psicodélica particular. Toda esa magia de ratos se choca de frente contra los hábitos del público contemporáneo, que insiste en ver gran parte del show a través de sus celulares o circular por el recinto con las linternas prendidas.
La banda es implacable y, aunque es una formación más bien acústica, provocan ganas incesantes de mover la cabeza en gesto rockero, acompañando el pulso vital de las canciones. Los Saving Grace, que acompañan a Plant desde 2019, están formados por el multiinstrumentista Matt Worley (que toca la guitarra, el cuatro puertorriqueño, el banjo y cualquier cosa con cuerdas que le pongan en las manos), Tony Kelsey en guitarras (acústicas y eléctricas), Barney Morse-Brown en cello (que a veces funciona lo toca con los dedos y funciona como una suerte de contrabajo) y Oli Jefferson en batería y percusión.
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Foto: La Capital/Gustavo de los Ríos
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Suzi Dian merece un párrafo aparte. Además de una voz sublime (de esas voces folk con un timbre áspero y dulce a la vez) que combina perfecto con el registro actual de Plant, toca el acordeón y también el bajo. Lidera el show junto a la estrella con calma, seguridad y humildad. Queda agradecerle a los misteriosos y maravillosos caminos de la música que hicieron que esa dupla cruce sus senderos y decida trabajar en conjunto.
El repertorio incluye temas tradicionales británicos (como “The Cuckoo”, uno de los primeros de la noche), de artistas icónicos como Neil Young (“For the Turnstiles”) y de otros más recónditos como Moby Grape (“It’s a Beautiful Day Today”), banda psicodélica de los sesenta, o los chicanos Los Lobos (“Angel Dance”), responsables de una de las versiones más populares de “La bamba”. Para acercar la referencia, Robert dice “yo no soy marinero” en ese momento del show, entre una de las tantas frases en español que larga con soltura y sentido del humor (“Señoras y señores pasajeros” es su favorita para dirigirse al público, y con razón, porque la noche sin dudas invita a volar).
También suenan temas de distintas épocas de la carrera de Plant y por supuesto de Led Zeppelin. La primera que sonó en la lista fue el clásico “Ramble On”, suscitando la respuesta inmediata del público. Pero el final, en lugar de alguno banda legendaria, elige “Everybody’s Song”, de la banda indie Low. El músico se despide "hasta la próxima" y el público lo aplaude de pie, con la esperanza de que efectivamente la historia se repita. En cualquier caso, Rosario fue testigo de cómo Plant no sólo conserva sino que sigue construyendo su estatus de leyenda de la música.