Cuando Arthur Miller (1915-2005) escribió “Muerte de un viajante” en 1949 fue una mirada feroz hacia el típico sueño americano conocido como American Dream, basado en triunfar a cualquier precio, después del impacto devastador que había dejado en la sociedad estadounidense la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Duele entender que en pleno siglo XXI todavía este modus operandi que parece llevar incluida “la clave de la felicidad” siga teniendo tanta vigencia. Con esa bandera en alto, Imanol Arias se puso la ropa otra vez de Willy Loman para ofrecer dos funciones en el teatro El Círculo el fin de semana pasado. A partir de una efectiva puesta casi minimalista de Rubén Szuchmacher, la obra de Miller ratificó que hay historias inoxidables porque, pese a que el tiempo pasa, hay problemáticas vinculares, sociales y laborales que siempre quedan en pie.































