L-Gante con el presidente Alberto Fernández en Olivos. L-Gante en los programas de Juanita Viale, Tinelli, Viviana Canosa, Eduardo Feinmann y siguen las firmas. L-Gante llenando el Movistar Arena de Buenos Aires con 15.000 personas. L-Gante de gira por la Argentina, México y España. L-Gante generando debate en el Concejo de Rosario. L-Gante con Lali Espósito, con Damas Gratis, con Bizarrap y en una foto con “El Viejo” Cantero. L-Gante hasta en la sopa: en la tele, en las redes, en la radio, en medios web, en Spotify, en YouTube, en los boliches, en la reunión familiar donde los chicos tararean sus temas.
En los últimos dos meses, Elián Angel Valenzuela protagonizó el raid mediático más intenso que se haya visto en años recientes. Por momentos resulta abrumador, y hasta contraproducente como estrategia promocional, pero el músico de 21 años se las arregla para caerle bien a casi todo el mundo: es filoso para el diálogo, carismático y astuto. Te pueden gustar o no sus canciones, su estilo y su estética, pero quién puede negar que fue divertido ver cómo esquivaba las canchereadas de Feinmann y lo daba vuelta como a un guante.
Nombrado por Cristina Kirchner como ejemplo en un discurso de julio pasado (dado que L-Gante compuso sus primeros temas con una notebook de Conectar Igualdad), el rapero (o cumbiero, como guste) no se comió la curva de “la grieta” y aprovechó a su entero favor la publicidad que llegó de rebote. “¿Quién es L-Gante, el rapero que recomendó (sic) Cristina?, rezaban los títulos en formato clickbait que después se iban a multiplicar por miles ante cada gesto o pavada que hiciera Elián Valenzuela. L-Gante ya tenía una base de fans y millones de reproducciones y views, pero a partir de ahí su popularidad se disparó.
A diferencia de otros colegas de la cada vez más amplia escena urbana (Duki, Nicki Nicole, Wos o Bizarrap), el músico de General Rodríguez empezó a aparecer en los programas de televisión más diversos, donde lejos de hacer el ridículo (algunos lo esperaban con los brazos abiertos para que pisara el palito), surfeó la ola de los prejuicios y el sarcasmo con mucha cintura.
Por su picardía y frescura, o por su raíz popular y su rápido ascenso, muchos se vieron tentados de comparar a L-Gante con el Potro Rodrigo. No es del todo desacertado, aunque también es cierto que mete un poco de miedo. Los que trabajamos desde hace décadas en Espectáculos hemos visto pasar no pocos ídolos con juventud exitosa y destino trágico.
La sobreexposición mediática no perdona. El vértigo y la presión de “aprovechar el momento” tampoco. No importa el género musical ni la clase social. Rodrigo, Walter Olmos, Pity Alvarez y Chano (por nombrar ejemplos recientes, de este siglo) empezaron teniendo notas en las páginas de Espectáculos y terminaron en Policiales o en la infinita ronda de chimentos más vulgares. Las cifras cantan solas. En pleno pico de popularidad, (99/2000) Rodrigo hacía unos 25 shows semanales. L-Gante está ahora en los 20 recitales por semana. La diferencia es que esta es una época mucho más cruel y cínica que los últimos 90. Ahora cualquier o declaración se reproduce (y se tergiversa) por millones en cuestión de segundos en las redes sociales, y cuando te enfocan todos los reflectores al mismo tiempo ya no hay salida: la vulnerabilidad es extrema.
gante1.jpg
Elián Valenzuela en su reciente show en Rosario.
El rol clave del productor
L-Gante no está solo. Sus colaboradores más estrechos son su manager, Maximiliano Benjamín Barbaccia, más conocido como Maxi El Brother, y su productor Kevin Rivas, alias DT Bilardo. El primero es un cantante de reggaeton de la escena del conurbano (hizo dueto con L-Gante en el hit “Me re sirve”), que en los últimos años se sentó en el sillón de representante de artistas. Y el segundo es un personaje clave en el desarrollo de la carrera de Valenzuela. Oriundo de Morón, Kevin Rivas tiene 29 años, vive en España desde 2016 y trabaja a distancia. En 2013 dio sus primeros pasos en la música cantando reggaeton romántico, pero ese proyecto no funcionó. Entonces decidió viajar y probar suerte en París, y de ahí se fue a Barcelona, donde empezó a producir discos de otros músicos. Según sus propias palabras, “agarraba clientes de todo tipo: gente de mucha guita y poco talento, argentinos que querían ver qué onda”, y con ese dinero armó su propio sello: Kriterio Music.
L-Gante, Maxi El Brother, Eric Santana - Me Re Sirve - Rkt 420
A mediados de 2016 Rivas recibió en su estudio de grabación a un chico de 16 años que quería grabar sus temas de un modo más profesional. Era Elián Valenzuela, que venía del Barrio Bicentenario de General Rodríguez y conocía a Kriterio Music por el logo que aparecía en los videos de RPM (Revoluciones Por Minuto), la banda liderada por Joel Rivas (hermano de Kevin), hoy conocido como Perro Primo. “Le cobré el primero y después no le cobré más”, contó hace poco el productor a la revista web El Planteo, cuando recordó el impacto que le causó el adolescente con su estilo y sus rimas. En 2017, ya bajo los nombres de L-Gante y DT Bilardo, Elián y Kevin editaron “A escondidas”, su primer tema juntos, y después “Uno más uno”, su primer hit.
En los largos meses de cuarentena, ya instalado en España, DT Bilardo no perdió el tiempo: se puso a leer a Philip Kotler, el llamado “padre del marketing moderno”, buscando nuevas estrategias para su próspero negocio. Leyó “Marketing 4.0”, que se centra en cómo adaptarse al futuro digital para seguir vendiendo, y “Ocho maneras de crecer”, sobre cómo se superó la crisis mundial de 2008. También inventó el concepto de la Cumbia 420, que, como bien dice él, “es más una marca que un estilo”.
¿Qué es el “420”?
Si es por marcas, acá las marcas sobran. Y hay etiquetas para todos: Cumbia 420, RKT 420 y Malianteo 420, entre otras. A grandes rasgos son todos subgéneros del reggaeton, los dos primeros de industria 100% nacional. “Cumbia 420 pa’ los negros”, grita en sus temas L-Gante, como una declaración de principios. El “420” no es un número mágico ni nada por el estilo. Tampoco tiene relación con la frecuencia 440, la referencia de los músicos para afinar. El “420” es un número que suma 50 años de historia y es parte de la cultura cannábica, otra pata fundamental para los músicos y DJs de esta escena cumbiera. La expresión está relacionada a las cuatro y veinte de la tarde, la hora en que un grupo de amigos de una escuela secundaria de California (la San Rafael High School) se juntaban a fumar marihuana a la salida del colegio. En los años 70, los estudiantes de esa zona empezaron a usar el término “420” para hablar de la marihuana en clave, como un código secreto que no entendían sus padres. La expresión llegó hasta nuestros días y hoy se puede escuchar en los temas de varios raperos y traperos, entre ellos Wos.
En la definición de DT Bilardo, “la Cumbia 420 es cumbia, reggaeton y marihuana. Es un reggaeton que tiene toda la cadencia de la cumbia desde la estructura rítmica”. En otras palabras, es la cumbia villera de fines de los 90 y principios de los 2000 actualizada y cruzada con ritmos centroamericanos. El RKT es similar. En principio también se lo conocía como “cumbia mixeada” y surgió a través de los DJs del boliche Rescate Bailable, ubicado en General San Martín, en el Gran Buenos Aires. El malianteo, en cambio, tiene su origen más puro en Puerto Rico y conjuga los ritmos del reggaeton con kicks pesados y graves potentes oscuros.
L-Gante X DT.Bilardo - MALIANTEO 420 (Volumen 2) - Cumbia 420
Pero acá la marca estrella es la Cumbia 420, y L-Gante lo tiene tatuado muy orgulloso en el pecho. Para su productor, el siguiente paso es darle alcance “internacional” a esta etiqueta y llevarla a toda Latinoamérica y España. “Si L-Gante sigue en Argentina puede morir como artista”, aseguró DT Bilardo, que hace base en la Madre Patria y dice tener una “estrategia” para ampliar los horizontes y “adaptarse” a los cambios que vengan. Parece que Kevin Rivas sigue a rajatabla las enseñanzas de Philip Kotler, quien una vez sentenció: “¿Quién debe diseñar en última instancia el producto? El cliente, por supuesto”.