El bailarín platense Iñaki Urlezaga llegará hoy a Rosario para ofrecer dos veladas de ballet que incluyen un estreno mundial. El artista, junto al Ballet Concierto dirigido por Lilian Giovine presentará esta noche, a las 21, su versión para ballet de “La Traviata”, en el escenario del Teatro Broadway, San Lorenzo 1223.
El artista contará con la compañía, como partenaire, de Eliana Figueroa y actuarán como solistas los bailarines Macarena Giménez y Franco Cadelago.
En la misma sala y junto al ballet integrado por 40 bailarines Urlezaga ofrecerá mañana segmentos del primero y del tercer acto del ballet “Don Quijote” y, en la segunda parte de la función, presentará “Bolero”, de Maurice Ravel, con coreografía de Jorge Amarante. “Es el estreno de la coreografía y la presentaré antes que en España”, anticipó el artista.
—¿Viene a cumplir con el rito de presentar su espectáculo en Rosario antes de una gira, como hacen otros artistas?
—Es cierto que todo artista suele probar su espectáculo en Rosario y después se va, pero en este caso se trata de un espectáculo ya probado en la Capital Federal. Excepto en el caso del “Bolero” de Ravel que es un estreno mundial que verán en Rosario antes que en España.
—¿Qué características tiene su versión de “Bolero”?
—Es una coreografía contemporánea de Jorge Amarante con reminiscencias españolas. El principio tiene más que ver con lo español, que es de donde viene y contiene todo el lenguaje folclórico. Luego la obra evoluciona y tiene más que ver con el lenguaje contemporáneo que con el español.
—Aún hoy algunos recordamos la versión popularizada por el bailarín argentino Jorge Donn en la película “Los unos y los otros”.
—Claro, pero no tiene nada que ver con esto. Imaginate que son 40 años después de aquella versión. Hoy por hoy se habla de coreografías nuevas, que vienen manejando el lenguaje de la danza contemporánea actual. No podíamos hacer algo similar a lo hecho 40 años atrás porque resultaría un poco anacrónico, más allá de los méritos innegables que tuvo la versión de Jorge.
—¿Por qué ofrecerá dos programas diferentes?
—Yo estoy saliendo de gira. Me voy de gira esta semana y lo que verán hoy y mañana en Rosario es el mismo programa que llevaré a Europa.
—¿Nota que la recepción popular de la danza cambió a partir de la realización de espectáculos de ballet masivos, ofrecidos en escenarios al aire libre?
—Creo que sí. Creo que eso tiene que ver con los artistas y, más que nada, con que algunos empresarios apuntan a llevar obras de gran calidad a escenarios montados en la calle. Pero son espectáculos caros, porque requieren de una gran infraestructura precisamente por hacerse en un espacio abierto. Hace unos días fui a ver a Plácido Domingo y me llamó la atención la gran infraestructura que requieren estos espectáculos.
—¿Para el artista existe una gran diferencia entre hacer una función en la intimidad de un teatro y ofrecerla en un escenario montado en la calle?
—El entorno es, sin dudas, diferente, pero el espectáculo es igual. Y para el artista es lo mismo hacerlo allí, que hacerlo en un teatro.
—La versión de “La Traviata” es suya.
—Sí. Hice una adaptación de la obra.
—Hay alguna diferencia con la versión operística.
—No difiere en nada. Es la misma. Exactamente igual. Está basada en la misma novela que Giuseppe Verdi musicalizó y yo hice una versión para ballet. El argumento y los climas son iguales.
—Tiene una función como bailarín y otra como responsable de un ballet, ¿eso le exige el doble de esfuerzo?
—En realidad tengo una función como bailarín y otra como coreógrafo. La directora es Lilia Giovine y hay una oficina artística que se encarga de la organización de las giras y todo el movimiento del Ballet Concierto. Son 50 personas las que trabajan. Yo una vez que hice la coreografía me dedico a bailar. En este caso no pienso más que en el momento en que se levante el telón en Rosario.
—En la danza, como en la lírica, además de la habilidad para cantar o bailar es necesaria la de interpretar. ¿En su caso cuál es su porcentaje de actor?
—El artista tiene que estar al servicio de lo técnico no al revés. Los pasos que están puestos en la coreografía son la forma de contar la historia y son los que le dan el sentido.
—Hay quienes califican al público rosarino como exigente. ¿Es realmente así o es una frase de cortesía de los artistas?
—El público de Rosario es como el público de Buenos Aires. Las ciudades están muy cerca y todo lo que hay en Buenos Aires suele ir para allá. Creo que eso hace que se reconozca la calidad y la excelencia de un espectáculo.
—Se dice que en la Argentina, a diferencia de Europa, cuando el público quiere a un artista le soporta todo.
—Te perdonan un tiempo. Después te dejan de ver. Creo que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero el público siempre espera que el artista ofrezca lo mejor que tiene, y cuando eso no está al servicio del público, se acaba la relación.
—Con Julio Bocca retirado en Uruguay y Maximiliano Guerra ya consagrado, se siente herededo del sitial de futuro primer bailarín nacional?
—Creo que he andado mucho camino, que tengo una trayectoria. Eso me da mucha felicidad y mucho placer. Cuando uno encuentra el cariño del público por el camino andado, por lo recorrido, es uno de los mejores premios que puede darte esta carrera.
El desafío de Cosquín
A pesar que en la actualidad el ballet no es una disciplina exclusiva para iniciados, en el público masivo se siguen abrigando algunas reservas a la hora de concurrir a los teatros.
La táctica de acercar a los artistas que habitualmente trabajan en teatros al público de los escenarios populares le brindó la a Iñaki Urlezaga la oportunidad de bailar en el Festival de Folclore de Cosquín.
A la hora de evaluar la experiencia que vivió en el escenario Atahualpa Yupanqui el artista oriundo de La Plata consideró: “Fue una gran apuesta. Aunque no fui a bailar folclore, sino tango. Pero el público me recibió muy bien. Para mí fue una gran felicidad haberles respondido y haber disfrutado tanto sobre el escenario. Tené en cuenta que era un espectáculo que, hasta cierto punto, era ajeno a ellos -advirtió-. Pero está acostumbrado a ver a los grandes artistas y por eso es muy respetuoso”.