Rumania, la tierra del conde Drácula

Vecina de Ucrania, uno de los peores escenarios de guerra actual, Rumania esconde los secretos mejor guardados de Europa: castillos góticos, monasterios pintados, iglesias de madera, una riquísima cultura campesina, el cementerio más alegre el mundo, el pasaje de una capital soviética al cosmopolitismo occidental. Esta crónica retrocede a otro momento clave de la historia centroeuropea, apenas caído el Muro
21 de agosto 2022 · 05:00hs

Rumania ya no es el país que recorrí hace veinticinco años, apenas una década después de la caída del Muro y de la ejecución del dictador Nicolae Ceasescu. Cuando estuve allí, tampoco era miembro aún de la Unión Europea ni de la Otán y su población tenía ingresos relativamente bajos, muchísimos más bajos que los actuales.

  Todo ha cambiado desde entonces. Me encantaría saber cómo se siente Rumania hoy. Ojalá pudiera averiguarlo, pero no será ahora. Me ahorro explicar por qué.

  Mucho tiempo antes, cuando empecé a fantasear con conocerla, me venían a la memoria unas viejas revistas de viaje que mi madre coleccionaba para calmar sus ansias de descubrir el mundo sin moverse de su metro cuadrado, al decir de Graciela Sacco.

  En alguna de esas revistas, siendo chica, yo había visto fotos y, vaya a saber por qué, me habían quedado profundamente grabadas. Me venían a la mente, un poco vagas, escenas campesinas de aire atemporal: gente calzada con suecos, gansos y patos andando por una ruta, una yunta de bueyes, parvas de heno, crucifijos perdidos entre campos brumosos, solitarias iglesitas de madera oscura y otras obsesivamente ilustradas por fuera, como códices medievales al aire libre.

  A esa misma edad, en la que el misterio funde fascinación y miedo, mi madre me había contado, en su tono de habitual melancolía, que soñaba con un antiguo cementerio centroeuropeo. No podía decirme, aclaraba, si sus visiones eran recuerdos de otra vida, de la de algún antepasado cuyo sueño ella misma soñaba o quizás una premonición de lo que le depararía su vida. La visión, ya dije, me seducía en la misma medida que me aterrorizaba.

  Así y todo, con ese telón de fondo —o a lo mejor, por él— desde que pude me las ingenié para pisar esa Europa que hasta finales del siglo XX quedaba tras la “cortina de hierro” y era, claramente, otra Europa. No ya la de los sueños de mi madre, ni la de El Violinista en el Tejado, tampoco la del Ejército Rojo. Pero a la vez, esa misma Europa.

  De los países que conocí, ninguno me impactó tanto como Rumania. Probablemente por el momento en que fui y en especial por la manera que encontré, con no poca dificultad, para recorrerla. Estábamos al filo del nuevo milenio, pero todavía era muy complicado ubicar un departamento o un auto para alquilar en Rumania, al menos por cuenta propia en internet.

  Ni siquiera logro reconstruir cómo fue que conseguí contactar a una mujer española, Esther Parra, cuyo nombre recupero ahora para esta nota gracias a viejísimos mails. Ella había estado ahí y lo primero que me dijo cuando le conté que planeaba ese viaje fue: “Me sorprende que de tan lejos os animéis a ir a Rumania. No es que digamos un país muy popular como destino de vacaciones”. ¡Y me lo decía una española! No era popular entonces ni siquiera para una viajera joven europea... ¿iría yo?

  Desde esa charla transcurrió media vida y hubo cambios radicales en turismo y comunicaciones. Igual, al menos en ese momento, la española tenía bastante razón.

  Con la misma amnesia, soy incapaz de reconstruir la forma en que di con otra chica, Claudia Iorga. Una bucarestina que resultó vital para nuestra alucinada vuelta por Rumania, tan parecida, todavía entonces, a la que yo había visto en las revistas de mi madre. Quién iba a decirlo.

La guerra

Han pasado ya muchos años. No es posible hablar de Rumania hoy y eludir el tema de la guerra y la avalancha de refugiados ucranianos, cerca de un millón sobre los 19 millones de habitantes que tiene el país.

  Miembro de la Otán desde el 2004, tras la desintegración de la URSS, el viejo bastión del conde Drácula y del menos legendario dictador Ceausescu se volvió una pieza clave para la arquitectura de seguridad de la Europa occidental en el sudeste del continente, donde comparte 650 kilómetros de frontera con Ucrania.

  Actualmente, en la costa rumana del Mar Negro hay tropas estadounidenses que periódicamente realizan ejercicios conjuntos con las fuerzas de la Otán. Por ende, la retirada de esos ejércitos forma parte de las principales exigencias rusas.

  No hace falta mucho más para dejar en claro que ese país y el que yo recorrí junto a mi compañero hace un cuarto de siglo no son ya el mismo, a pesar de que la pesada historia de Rumania juega como una esfera de espejos.

  Cuando llegué a esa tierra aún estaba fresca la revuelta política que había culminado con la ejecución de Ceausescu y continuado con un durísimo proceso de transición hacia la economía de mercado.

  El país que conocí urdía de una manera surrealista el estallido del sistema soviético con el intrigante imaginario de mi infancia, sembrado de fantasmas campesinos de linaje materno, íconos ortodoxos y vampiros góticos.

El vuelo que no fue

La verdad es que nada me asustaba de Rumania hasta que, unos días antes de llegar, conocimos a un escultor rumano que trabajaba en un taller de máscaras de un rosarino en Venecia. “¿Viajar solos en auto por Rumania?”, nos lanzó con estupor. El miedo que nos dieron sus alucinados relatos de rumano emigrado a la Italia del norte, la verdad, nos hicieron odiarlo. Ni qué decir, sus comentarios sobre los gitanos del país. Intuimos que se mezclaban prejuicio y experiencia, sólo que la proporción de ambos era algo difícil de sopesar entonces.

  Tragamos saliva y seguimos adelante. Debía reunirme con Claudia, la chica rumana, apenas bajáramos a medianoche de un vuelo triangular de Alitalia que salía de Milán y llegaba a Bucarest, la capital del país.

  Por primera y única vez en mi vida no confirmé antes ese vuelo: mi pareja me había acusado de ser obsesiva y no darle tregua para disfrutar del viaje sin estar preparando el día siguiente. Suelo dar batalla. Esa vez no la di, posiblemente porque yo estaba también muy cansada. Y así fue como no nos enteramos de que el vuelo en cuestión no saldría y en su lugar despegaría otro varias horas más tarde.

  Tras la frenética búsqueda de un locutorio, en mi esforzado inglés logré vaya a saber cómo dar nuevamente con Claudia (por entonces, había que ser millonario para tener celular en el extranjero) y acordar un nuevo horario de encuentro. Tres o cuatro de la madrugada. En una Bucarest tan oscura como la más oscura calle rosarina. Ahora, claro, me río. Siempre se ríe una en pasado.

  Al llegar al aeropuerto de Bucarest nos rodeó un enjambre de taxistas con colmillos afilados, como cabía esperar en el país de Drácula. Nos tironearon, nos gritaron, se pelearon entre ellos, mientras los agentes de la Aduana nos tiraban la ropa de las valijas al suelo, vaya a saber por qué. No sé cómo terminamos arriba de un taxi que nos llevó a algo extremadamente parecido a la esquina del Savoy (ay, ex Savoy).

  En la puerta cerradísima de un gran bar, nos esperaban una chica bajita de pelo corto casi blanco y un hombre altísimo y morocho. Los dos llevaban, juro, esos impermeables clásicos de cuellos subidos y cinturones apretados típicos de los espías de los 50.

  Desde el despegue nocturno de nuestro avión en Milán, yo me preguntaba cómo había dado con esa chica y quién podía garantizar que no iba a degollarnos para quedarse con los euros que llevábamos en la cintura. Todo era muy precario, pero ahora, sin embargo, pienso cuánto más libremente me movía.

  Por mail, Claudia me había prometido dos cosas clave: un lugar donde pasar esa noche (iba a alquilarnos un monoambiente) y al día siguiente un auto para recorrer Rumania. Sin agencia de por medio. Todo en base a la confianza personal.

  Aún recuerdo el pánico que sentí al subir juntos a un ascensor hermético en el décimo cuerpo de un típico monoblock soviético, que en Bucarest suelen rodear pequeños templos ortodoxos. Al bajar, como era previsible, encaramos un pasillo gélido. Y sin embargo, la pareja nos terminó abriendo la puerta de un estudio primoroso donde hasta había comida. Nos desearon lindos sueños y quedamos en vernos al día siguiente. Al despertar pasaríamos a buscar el auto. Habíamos llegado finalmente a Rumania, una tierra de leyendas.

Cosas locas

Y así fue nomás como terminamos con un coche largo y un poco antiguo, pero que funcionaba a la perfección. Fuimos a buscarlo a la oficina que Claudia y Andrei compartían en el centro capitalino. Ahí nos enteramos de que, más que al turismo, se dedicaban a la seguridad privada. Nos preguntamos si no mantendrían algún vínculo con reparticiones del viejo régimen, dada la actividad de la que vivían.

  El trato fue breve: parco, pero amable. Les dejamos 300 euros en depósito sin un mísero papel de reaseguro y buena parte de nuestro equipaje. Nos fuimos con un bolso chico cada uno. Ellos nos entregaron documentación y, de yapa, un par de buenos consejos.

  Era hora de partir sin rumbo demasiado conocido: ni GPS teníamos. Y así fue como dejamos Bucarest rumbo a Transilvania, la famosa cuna del vampiro que hizo internacionalmente conocido al país como tierra de misterio.

  Pero el famosísimo castillo medieval que se atribuyó como hogar a Vlad Tepes, el personaje histórico que presuntamente inspiró al escritor irlandés Bram Stoker para crear a su conde Drácula, en la realidad apenas funcionó como residencia de verano para una reina a comienzos del siglo XX.

  Para no resignar el terror, alrededor de la fortaleza, los puestos de souvenires igual chorreaban sangre en jarros, repasadores, juguetes y postales. Y nada de esa parafernalia le restó poder a la fantasía. Tampoco la cercanía con Brasov, la ciudad de la bella iglesia negra, capital de las montañas rumanas, donde los chicos aún cantaban baladas como en el norte argentino siguen cantando coplas, siempre en busca de monedas.

  Un poco al norte de Brasov, en el corazón de los Cárpatos Transilvanos, se levanta Sighisoara y su Ciudadela fortificada, la verdadera cuna de Vlad Tepes declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Dormir en una de sus casas medievales y recorrerla desierta al amanecer entre la niebla fue una experiencia increíble.

  Seguimos siempre hacia el norte, durmiendo adonde llegábamos al caer el sol, casi siempre en casas de familia donde toda relación se limitaba a intercambiar gestos.

  Cada pueblo fue único y vivimos situaciones desopilantes, pero es posible que la propia ruta haya sido la experiencia más fuerte: en Rumania todo transcurre (o transcurría) arriba o al costado de la carretera.

  Las casas, con estilos y decoraciones absolutamente peculiares y diferenciadas por región, se alinean a veces muy cerca del asfalto. Al menos por entonces, chicos, viejos, grupos de campesinos con sus herramientas de labranza, carros cargados, bueyes, patos, gansos, perros, caballos, y hasta cortejos fúnebres o de bodas circulaban sobre la propia ruta, por la que también traqueteaban a toda velocidad autos (mayoría Dacias) y camiones.

  Ibamos hacia la poco visitada zona de Maramures, frontera con Ucrania y enclave de unas 42 iglesias ortodoxas de escamas de madera y campanarios altos (las “bisericas de Lemn”), diseminadas en pueblos de tradición muy agraria o perdidas entre colinas boscosas y campos ondulados de cultivo.

  En esos pueblos (Barzana, Budesti, Surdesti, Desesti, Plopis), la gente vestía aún ropa hecha en casa: pañuelos, polleras, chalecos, sombreros, polainas y hasta suecos y botas. Los domingos, un poco más de gala.

  En las casas de Maramures, casi en todas, las puertas y los arcos de madera están prodigiosamente esculpidos con motivos religiosos, legendarios y florales. Vimos a familias enteras participando de la talla. Y la gente invitaba a entrar, convidaba té, sonreía, se explicaba en su lengua.

  En una ciudad fronteriza con Ucrania, Sighetu Marmatiei, el mercado de trueque nos dejó a la vista que en esas tierras no sobraba nada de nada. Así como en las puertas de las casas se tentaba a potenciales compradores con una botellita de leche, una cesta de nueces o cuatro manzanas bajadas del árbol familiar, en la feria lo que se intercambiaba era todavía más pobre: un jabón, un par de tuercas o tornillos, alguna ropa usada, una canilla vieja, un solo pedal de bicicleta. Signos de una humildad distinta, europea y semirrural, que nunca vimos acercarse al nivel de indigencia.

  Cerca de Sighetu se levanta una aldea también sobre la frontera ucraniana, Sapƒntzƒ. Lo que hace único al pueblo es su cementerio, conocido como “alegre”. Es que cada tumba lleva una lápida íntegramente ilustrada con colores intensos en estilo naif, cuyos motivos identifican a la persona en vida y con frecuencia narran cómo murió. Entre esos epitafios, figuran escenas de labranza, accidentes de auto, robos y disparos, ejecuciones, revueltas, guerras, peleas, enfermedades.

  Después de recorrerlo y adivinar los textos (el rumano es una lengua romance relativamente fácil de comprender escrita, pero indescifrable al oído) buscamos dónde pasar la noche. Una familia nos alojó. Estábamos en una zona muy fría y parábamos en casas que habíamos bautizado como “peludas”: muy alfombradas en pisos y paredes, con infinidad de tapices y pieles que de día se aireaban a caballo sobre las cercas.

  Pese a eso, en los patios de las casas se veían tinglados que seguramente en verano funcionan como segundo comedor, con fogón, heladera, aparadores, vajilla, sillas, mesa. Era el lugar donde nos servían la comida que la misma familia cenaba (sopas, guisos, albóndigas), algo acordado como siempre por estricta vía gestual.

  Siempre sobre la línea de frontera con Ucrania, marchamos hacia el nordeste hacia la región de Bucovina, conocida por sus monasterios pintados vecinos a Moldavia, otra ex república soviética. En ese camino, pese a que recién transitábamos octubre, empezó a nevar. Las casas peludas nos seguían albergando. Y en una de ellas, con paredes exteriores decoradas, lo conocimos a Vladimir.

  Nuestro anfitrión habrá tenido cincuenta años. Era ingeniero y había vivido en París, pero la vejez de sus padres lo había repatriado y después de su muerte ya no había vuelto a emigrar. Por entonces Vladimir daba clases en una aldea cercana.

  Lo recuerdo tan feliz por tener compañía en esa noche gélida. Y como hablaba inglés, pudimos comunicarnos. Se agarraba la cabeza: no podía creer que en su casa estuvieran parando ¡dos argentinos!

  Preparó nuestra cena en la cocina económica: sopa con crema agria, bifes, papas fritas, tomates y aguardiente. Charlamos hasta medianoche, en nuestra media lengua común. Cuando amaneció hubo que desenterrar el auto de la nieve. Después desayunamos en la cocina de Vladimir y lo llevamos hasta su escuela. Lo veo alejarse aún con su saco de tweed raído y un portafolio de cuero más o menos igual de gastado. ¿Se acordará de nosotros Vladimir?

  La ruta fue ascendiendo entre bosques hacia los monasterios bizantinos de Bucovina, ocho de ellos también incluidos en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Los recorrimos fascinados. Eran como arcas con enormes tejados de madera en voladizo y paredes íntegramente cubiertas de frescos, con escenas bíblicas que en su momento, mayormente siglos XV y XVI, los convirtieron en evangelios visuales, excepcionales herramientas de catequización para pueblos analfabetos.

  Los monasterios de Voronet, Humor, Sucevita y Moldovita son algunas de esas maravillas, también conocidas como iglesias de Moldavia, por entonces verdaderos secretos de Europa. En sus paredes, seguramente repintadas o restauradas más de una vez desde esos siglos, aún podían verse graffitis personales, esgrafiados por gente que fue a conocerlos o quizás a rezar y declaró su amor o quiso inmortalizar esa visita. Pero no ayer, sino hace siglos. Al menos de lo que recuerdo, había nombres grabados en los muros desde fines del 1600.

  Obvio que las anécdotas no terminaron ahí. En nuestra vuelta a Bucarest, que ameritaría otra nota, abandonamos las hospitalarias casas rurales y dormimos en moteles de camioneros con sopas espesas como única cena (las sorbƒ deburtƒ) o en desangelados hoteles soviéticos.

  En Bucarest nos recibió Claudia. Nos devolvimos recíprocamente auto, bolsos y dinero. Caminamos Bucarest, apenas olfateando su complejo tránsito político y urbano del comunismo soviético al capitalismo europeo, siempre en los márgenes de ambos sistemas.

  Fue Claudia quien de pura onda se ofreció a llevarnos al aeropuerto. Ya no era la inquietante espía de impermeable gris. Rumania, en cambio, había acrecentado su misterio. Maravilloso para mí, ahora que lo había espiado. ¿Cuántas vidas necesitaría para que se desvaneciera? Mejor dejarlo así: los fantasmas se comunican mucho más cuando no abren la boca.

Ver comentarios

Las más leídas

Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones

Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

Paro de colectivos en el interior del país: qué pasa en Rosario

Paro de colectivos en el interior del país: qué pasa en Rosario

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos

Lo último

Netflix: una miniserie de drama romántico en 6 episodios

Netflix: una miniserie de drama romántico en 6 episodios

Proponen brindar programas gratuitos de inserción laboral sin distinción de género ni límite de edad

Proponen brindar programas gratuitos de inserción laboral sin distinción de género ni límite de edad

El 20 % de los presos en la provincia cometieron delitos de abuso sexual

El 20 % de los presos en la provincia cometieron delitos de abuso sexual

De Rosario a Puerto Gaboto:  12 años de prisión para exdirigente rural por liderar una banda narco

Leonardo Roberto Airaldi, expresidente de la Sociedad Rural de Diamante, fue condenado además a pagar una multa superior a los $118 millones. La investigación tuvo capítulos clave en barrio Ludueña y en Puerto Gaboto, donde se hallaron casi 30 kilos de cocaína.
De Rosario a Puerto Gaboto:  12 años de prisión para exdirigente rural por liderar una banda narco
La inflación rebotó en julio con una tasa de 2,1% y ya acumula casi 20% en siete meses
Economía

La inflación rebotó en julio con una tasa de 2,1% y ya acumula casi 20% en siete meses

Crimen de Gabriela Banach: la comunidad travesti trans se manifestó para pedir justicia
Policiales

Crimen de Gabriela Banach: la comunidad travesti trans se manifestó para pedir justicia

La canasta básica subió 2,2% en julio: una familia necesitó más de $1.564.000 para no ser pobre
Economía

La canasta básica subió 2,2% en julio: una familia necesitó más de $1.564.000 para no ser pobre

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

Por Nachi Saieg

La Ciudad

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

La Intendencia dice que el proyecto sobre banderas extranjeras en el Monumento es cuasi fascista
La Ciudad

La Intendencia dice que el proyecto sobre banderas extranjeras en el Monumento es "cuasi fascista"

Dejanos tu comentario
Las más leídas
Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones

Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

Quieren limitar las banderas extranjeras en el Monumento: rechazo de colectividades

Paro de colectivos en el interior del país: qué pasa en Rosario

Paro de colectivos en el interior del país: qué pasa en Rosario

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos

Los hinchas de Central tendrán restricciones en el partido con Corinthians

Los hinchas de Central tendrán restricciones en el partido con Corinthians

Ovación
Central vs. Corinthians: la contundente advertencia de Carlos Tevez a los paulistas sobre el Gigante
Ovación

Central vs. Corinthians: la contundente advertencia de Carlos Tevez a los paulistas sobre el Gigante

Central vs. Corinthians: la contundente advertencia de Carlos Tevez a los paulistas sobre el Gigante

Central vs. Corinthians: la contundente advertencia de Carlos Tevez a los paulistas sobre el Gigante

Los hinchas de Central tendrán restricciones en el partido con Corinthians

Los hinchas de Central tendrán restricciones en el partido con Corinthians

El defensor Lucas Carrizo llegó a Rosario y ya se sumó al plantel de Newells

El defensor Lucas Carrizo llegó a Rosario y ya se sumó al plantel de Newell's

Policiales
El 20 % de los presos en la provincia cometieron delitos de abuso sexual
Policiales

El 20 % de los presos en la provincia cometieron delitos de abuso sexual

Crimen de Gabriela Banach: la comunidad travesti trans se manifestó para pedir justicia

Crimen de Gabriela Banach: la comunidad travesti trans se manifestó para pedir justicia

De Rosario a Puerto Gaboto:  12 años de prisión para exdirigente rural por liderar una banda narco

De Rosario a Puerto Gaboto:  12 años de prisión para exdirigente rural por liderar una banda narco

Violento asalto en Coronel Bogado: golpearon y dejaron atado a un joven

Violento asalto en Coronel Bogado: golpearon y dejaron atado a un joven

La Ciudad
Proponen brindar programas gratuitos de inserción laboral sin distinción de género ni límite de edad
La Ciudad

Proponen brindar programas gratuitos de inserción laboral sin distinción de género ni límite de edad

Día del Niño: las jugueterías ampliarán su horario de atención este fin de semana

Día del Niño: las jugueterías ampliarán su horario de atención este fin de semana

La Intendencia dice que el proyecto sobre banderas extranjeras en el Monumento es cuasi fascista

La Intendencia dice que el proyecto sobre banderas extranjeras en el Monumento es "cuasi fascista"

Polémica por las banderas en el Monumento: cuáles pueden izarse y cuándo

Polémica por las banderas en el Monumento: cuáles pueden izarse y cuándo

La Municipalidad invierte $35 mil millones en mantenimiento y reparación de calles en toda la ciudad
La Ciudad

La Municipalidad invierte $35 mil millones en mantenimiento y reparación de calles en toda la ciudad

La ganadería: menos oferta y un negocio que exige vender valor

Por Patricia Martino

Mercados ganaderos

La ganadería: menos oferta y un negocio que exige vender valor

Polémica por las banderas en el Monumento: cuáles pueden izarse y cuándo
La Ciudad

Polémica por las banderas en el Monumento: cuáles pueden izarse y cuándo

Demoran a hinchas de Independiente por  entradas falsas en El Coloso
Policiales

Demoran a hinchas de Independiente por  entradas falsas en El Coloso

Fenómeno de El Niño: la provincia suma equipos y asegura que está preparada
La Región

Fenómeno de El Niño: la provincia suma equipos y asegura que está preparada

Se realizó la primera promesa de lealtad a la bandera extendida
La Ciudad

Se realizó la primera promesa de lealtad a la bandera extendida

Rosario celebra los 30 años del proyecto Ciudad de los Niños 
La ciudad

Rosario celebra los 30 años del proyecto Ciudad de los Niños 

El tiempo en Rosario: sigue el frío, ahora con chances de chaparrones
La Ciudad

El tiempo en Rosario: sigue el frío, ahora con chances de chaparrones

Hidrovía narco: el tráfico internacional, expuesto por un bolso en una playa
Policiales

Hidrovía narco: el tráfico internacional, expuesto por un bolso en una playa

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos
Policiales

Cae sospechoso de haber asesinado a un sicario de Los Monos

Roban USD 100.000 de la casa de un jefe comunal mientras estaba en una procesión
Policiales

Roban USD 100.000 de la casa de un jefe comunal mientras estaba en una procesión

Hinchas de Atlético Tucumán quisieron hacer un asado en el Parque Independencia
La Ciudad

Hinchas de Atlético Tucumán quisieron hacer un asado en el Parque Independencia

Insólito: habían construido hasta un baño sobre la vereda en barrio Bella Vista
La Ciudad

Insólito: habían construido hasta un baño sobre la vereda en barrio Bella Vista

Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones
Información General

Hubo dos grandes ganadores en el Quini 6: se repartirán casi $1.500 millones

Central recibe a Corinthians por la Copa Libertadores y Marco Ruben está entre los concentrados

Por Elbio Evangeliste

Ovación

Central recibe a Corinthians por la Copa Libertadores y Marco Ruben está entre los concentrados

Newells se prepara para recibir a Deportivo Riestra y Kudelka prende velas por Cóccaro
Ovación

Newell's se prepara para recibir a Deportivo Riestra y Kudelka prende velas por Cóccaro

Balazos y ataques: seis imputados por amenazar a testigos de un juicio narco
Policiales

Balazos y ataques: seis imputados por amenazar a testigos de un juicio narco

Femicidio en barrio La Sexta: confirman que una mujer trans fue asesinada a golpes
Policiales

Femicidio en barrio La Sexta: confirman que una mujer trans fue asesinada a golpes

José Luis Daza en Rosario: La economía llega robusta a las elecciones de 2027

Por Alvaro Torriglia

Economía

José Luis Daza en Rosario: "La economía llega robusta a las elecciones de 2027"

El domingo habrá una nueva edición del Mercado de las Artes en la ex-Aduana
La Ciudad

El domingo habrá una nueva edición del Mercado de las Artes en la ex-Aduana