El viajero que huye

Las Vegas, la ciudad de las luces que enceguecen

Famosa por su vida nocturna y su pasado ligado a la mafia. Nada mejor para repasar sus años de plomo que visitar Freemont Street. Ahí es donde se escribió la historia y el futuro late con vida propia.

Domingo 30 de Junio de 2013

No son más de 400 kilómetros desde Los Angeles, en coche, a velocidad de crucero, el viaje no debería llevar más de cuatro horas, lo mismo que ir de Rosario a Buenos Aires por autopista, pero el tiempo pasa lento, las horas, los minutos, los segundos se arrastran pesadamente sobre la ruta polvorienta que parte al medio el desierto de Mohave, como una herida vieja que se resiste a cicatrizar. Hace calor, por la ventanilla pasa una y otra vez la misma película de vaqueros, sin comisarios ni indios.

De tanto en tanto, un árbol raquítico con las ramas peladas, una mata de hojas amarillentas que asoma de la arena, una montaña de rocas que parecen haber sido apiladas por un gigante, acaso para que la soledad, que cobra la forma de una llanura que llega tan lejos como los ojos puedan ver, no les devore el alma. En la radio suena “With or Wihtout You” de U2, que parece haber sido escrita para el desierto, no el de los libros de geografía sino el otro, el de los corazones rotos. Hace un largo rato que gira “The Joshua Tree”; en el asiento del acompañante duerme la cámara de fotos, nada que hacer, nada qué ver, diría Charly; en el espejo retrovisor la carretera es un triángulo isósceles perfecto, con la base en paragolpes trasero.

De pronto, adelante, una tenue luminosidad que, a medida que el coche rueda sobre el asfalto caliente, se hace más visible. No hay que esperar el cartel que anuncia que el destino es inminente, está claro el brillo al final del camino es el reflejo del sol contra los edificios de la Ciudad del Pecado. No hay nada más miles de kilómetros a la redonda, nada más que el eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Ahí está el letrero que recibe a los viajeros que desafían el desierto, reza, como el primer día, “Bienvenidos a la fabulosa Las Vegas”. Al pie una pareja, él de traje negro, ella blanca y radiante, inmortaliza su amor.

A un lado, el ronroneo de los aviones en el aeropuerto; al otro la silueta dorada del Mandalay Bay y el poderosos haz de luz de la pirámide del Luxor, que los astronautas aseguran haber visto desde el espacio. Es el punto de partida de Las Vegas Boulevard, la calle principal a la que llaman “The Strip”, un desfiladero de luces y colores que caen como una catarata de los hoteles, de los casinos, las grandes atracciones de la ciudad y que encandilan tanto que si uno se distrae, con los personajes que pueblan la veredas, con uno de los cócteles por metro que sirven en los bares, puede perder el rumbo y eso, en Vegas, es peligroso.

¿Cómo empezó todo? La historia es vieja y conocida, la llevó al cine Warren Beatty, que se metió en la piel de Bugsy Siegel, el gánster que convenció a la mafia que construir una ciudad en medio de la nada era negocio. Y lo hizo, levantó el hotel Flamingo y, aunque no llegó a disfrutar las mieles de su idea, lo mataron antes, erigió a Las Vegas en un paraíso del juego legal y del lavado de dinero sucio de Estados Unidos. Fue en la Freemont Street, donde se edificaron los primeros hoteles, se otorgó la primera licencia de juego y los carteles de neón empezaron a brillar de día y de noche, el más famoso, el del vaquero Vegas Vic, camisa a cuadros, pañuelo al cuello, sombrero de ala ancha y el cigarrillo colgándole de los labios.

Ya no mueve el brazo para señalar con el pulgar la entrada del casino, pero está ahí, al filo del Glitter Gulch. No es el área más popular entre los turistas que, encandilados por las novedades del Strip, rara vez bajan al downtown. Ellos se lo pierden, el paseo por la peatonal respira el espíritu de los pioneros y revela una Las Vegas bizarra. Ahí está el Heart Attack Grill, que se jacta de servir la hamburguesa con mayor contenido calórico del mundo y, para prevenir paros cardíacos, mantiene una ambulancia estacionada frente al local. Vale la pena caminar un par de cuadras y llegarse hasta The Mob Museum, que repasa como sólo los yanquis saben hacerlo la historia negra de la ciudad.

Alojado en el antiguo edificio del correo, restaurado a nuevo, devela los nombres y las historias secretas de los hombres que, a sangre y fuego, construyeron el imperio del crimen organizado en Estados Unidos. Acaso la mejor forma de entender cómo cambió y cambia la ciudad es dándose una vuelta por el Neon Museun, que está ahí nomás, en Las Vegas Boulevard y Bonanza, y ver los letreros que fueron emblemas de la fortuna y gloria del negocio y cayeron bajo la piqueta. Ahí está el Horse & Rider, del viejo hotel Hacienda, y también la lámpara mágica del Alladin que alguna vez encantó a la ciudad y hoy es historia antigua.

Datos útiles

►Tropicana Hotel & Casino, uno de los establecimientos tradicionales de Las Vegas, ubicado en el 3801 de Las Vegas Blvd South, en “Los diamantes son eternos” James Bond se hospeda en una de las suites y la califica como “muy confortable”.
►Buca di Beppo, uno de los locales clásicos emplazado en el 412 East Flamingo Road, cocina italiana, estilo vintage, ambiente familiar y platos suculentos.
►Parque Nacional Mohave, con una extensión de 124 mil metros cuadrados, clima árido, gran amplitud térmica, en verano puede alcanzar temperaturas de 49º centígrados, nieva en invierno.

Cómo llegar
En avión, con Copa, desde Buenos Aires a Las Vegas U$A 1.398 + impuestos. Salida diaria, con escala en Panamá.

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