El viajero que huye

El mundo mágico de la Navidad

Disney World, el asombroso complejo de parques y resorts de Orlando, festeja las fiestas de fin de año con novedades que aún aquellos que conocen sus encantos quedan fascinados. La bienvenida la dan Mickey y Papá Noel y la experiencia es fascinante.

Domingo 03 de Diciembre de 2017

Si la verdadera patria del hombre es la infancia, como no se cansaba de repetir el bueno de Rilke, entonces todos somos ciudadanos del mundo mágico de Disney. Es ahí, en ese territorio de sueños, en esa fabulosa maquinaria del entretenimiento, donde imperan las fantasías, los aromas y los sabores que evocan la idea de felicidad de los niños, de aquí, de allá y de todas partes, aún cuando no hayan pisado nunca Estados Unidos.

Basta cruzar el colorido arco que señala la entrada del complejo de parques y resorts que Disney World posee en Orlando, justo en el corazón de la Florida, para sumergirse por obra y gracia de la imaginación en el País de Nunca Jamás que creó el novelista escocés James M, Barrie, pero que hicieron famoso alrededor del mundo las películas de animación de Peter Pan, el niño que no quería crecer, y su diminuta hada madrina Campanita.

"Donde los sueños se hacen realidad", reza el enorme cartel que cruza la autopista y que a un lado tiene a Mickey y al otro a su eterna novia Minnie dándole la bienvenida a la legión de turistas que llegan desde los puntos más remotos del planeta para, con la excusa de pasar unas vacaciones en familia, volver a disfrutar de esa alegría inocente que sólo se siente cuando se es niño o cuando una sonrisa ilumina el rostro de los hijos.

Pero si hay una época en la que los parques lucen deslumbrantes es a fin de año, cuando los arreglos navideños, luces, guirnaldas, trineos y la nieve, sí, la nieve, porque aunque usted no lo crea en Disney cada noche nieva, como en el Polo Norte, y Papa Noel, los renos y los duendes que preparan los regalos para el arbolito son reales y se aparecen cuando menos se los espera y regalan felicidades y selfies, como los tiempos mandan.

Como en una película

Por dónde arrancar, lo más difícil. Es tanto lo que hay para ver y hacer que decidir el primer paso es bravo. Lo bueno es que no importa por donde se empiece, la diversión está asegurada. Para los amantes del cine, no se puede esperar para ir a Hollywood Studios, el parque que le rinde homenaje a la industria que catapultó a Walt Disney del tablero de dibujo al detrás de cámaras y que combina en dosis exactas historia y futuro.

Desde el éxito televisivo "The Twilight Zone", que le puso imágenes y suspenso a la ciencia ficción de los años 60 hasta la nueva trilogía de "Star Wars" cobran vida en las atracciones que entusiasman a los visitantes. Cómo no subir a la Tower of Terror, aunque el miedo haga cosquillas en la panza, y vivir en carne propia el vértigo de una noche de tormenta, rayos, truenos y fantasmas encerrado en el ascensor de un viejo hotel de lujo de otros tiempos.

Un clásico, como Rock'N'Roller Coaster, la montaña rusa de la guitarra eléctrica roja que acompaña a los Aerosmith a un concierto a bordo de una limusina en una loca carrera por una autopista a oscuras, mientras suena "Walk this Way" a máximo volumen. O el vibrante paseo por el espacio al que invita Star Tours, con C-P3O, más despistado que nunca, en los controles y R2-R2, como siempre, atento para poner las cosas en orden.

Más allá de la adrenalina, "For the First Time in Forever", el musical basado en la película "Frozen", es el gran suceso del parque. La historia de Anna, Elsa y el reino helado de Arendelle reviven las canciones que emocionaron en la gran pantalla y que desde el escenario adquieren una nueva dimensión. No faltan el hit "Let It Go", que cantan a viva voz actores y público, y las ocurrencias, siempre simpáticas, del muñeco de nieve Olaf.

El espíritu navideño


Tal como es tradición en Estados Unidos, una vez celebrada la noche de Halloween se arma el arbolito de Navidad y las casas se encienden con la decoración roja, verde y blanca a la espera de las fiestas de fin de año. Los parques de Disney no son la excepción, sino todo lo contrario. El orgullo del hombre común, que sueña con que la decoración de su casa sea la más admirada del barrio, se hace realidad y llena de asombro a los visitantes.
   Pasear por Disney Springs, el renovado centro de compras del complejo, es como volar en trineo tirado por renos en compañía de Papá Noel. Sus calles, donde se apiñan las tiendas de moda del momento, desde Anthropologie y Zara hasta el único local de la Florida de Uniqlo, se iluminan con destellos de colores que evocan el espíritu navideño y vibran con los villancicos que canta un coro de jóvenes en la plaza principal del centro comercial.
   Hay que tomarse un buen tiempo para recorrer los nuevos espacios que ofrece el shopping, mirar vidrieras y dejarse tentar por las compras. El Marketplace, que recrea los paseos comerciales abiertos en viejos galpones reciclados en mayoría de las grandes ciudades del mundo, sorprende, tanto por las marcas exclusivas que pueden hallarse a un lado y al otro de la nave central sino también por los elegantes detalles de su ambientación.
   Hay que hacer un alto y visitar el Christmas Tree Trial, una de las novedades de Disney Springs en esta época del año. Se trata de un recorrido a través de 25 árboles de Navidad inspirados en los clásicos de Disney, desde “Mary Poppins”, para los más grandes, hasta “Frozen”, para los más chicos. La experiencia, encantadora, desemboca inevitablemente en World of Disney, la tienda de personajes de Disney más grande del mundo.


El reino de la magia

Disney no es Disney sin el castillo de Cenicienta. Es el icono, el emblema, el sueño hecho realidad, y no solo para las niñas, que lucen los disfraces de princesas con la certeza de que un zapato de cristal es la llave de la felicidad, sino para todos los que alguna vez dejaron volar su imaginación al escuchar aquello de “había una vez?”. Y es imponente, más por las noches cuando se enciende con miles de luces, como estrellas chiquititas.
   No alcanza el día para disfrutar de las atracciones del parque, las clásicas, como Haunted Mountain, la mansión embrujada en la cima de la colina, y Big Thunder Mountain Railroad, el tren que corre con el vértigo de una montaña rusa un pueblo minero del Viejo Oeste, y las nuevas, como el espectáculo de música y fuegos artificiales, como “A Frozen Holiday Wish” en el que Elsa congela el castillo de Cenicienta y lo convierte en un palacio de hielo.
   Durante el día, al calor del sol de la Florida, bien vale aventurarse a navegar por los riachos indomables de Splash Mountain, salpicón incluído, y a explorar los recovecos de la mina de los siete enanitos de Blacanieves en el Seven Dawrfs Mine Train al ritmo del alegre “Heigh-Ho”. ¡Al diablo con la dieta!, cómo resistirse a probar uno de los helados de crema bañados en chocolate con forma de Mickey Mouse y a tomar la fotografía de rigor.
   Por supuesto que hay que buscar al pícaro de Jack Sparrow en Pirates of the Caribean y atravesar el cielo negro con estrellas a bordo del veloz cohete espacial de Space Mountain, pero sobre todo hay que caminar sin rumbo por Main St., con la silueta del castillo de Cenicienta de fondo, y negocios animados y llenos de colores que ofrecen merchandising de la fábrica de magia de Disney, para todos los gustos y todos los bolsillos.


El mundo al instante


Un anhelo de todos, aún de aquellos que se sienten a gusto en el “hogar dulce hogar”, es conocer el mundo. Los paisajes inesperados, las culturas, el rumor de las de las olas en una playa lejana, las cumbres nevadas, el parpadeo de las luces de los rascacielos que están más allá de a donde jamás nos llevará la imaginación. Más todavía, el pasado y el futuro que se insinúa a cada paso y eriza la piel, eso es Epcot, eso y mucho más.
   Lo mejor es llegar en monorriel, el sistema de transporte futurista que enlaza los parques con los resorts de lujo y ofrece una visión única de Disney World y atraviesa el lobby del Contemporary Resort, justo y como el bueno de Walt imaginaba iba a ser el transporte público por estos días. Desde las amplias ventanillas del tren magnético, el Spaceship Earth, la bola plateada que domina la entrada del parque, se alza imponente.
   ¿Qué hay adentro de esa enorme esfera bruñida y centelleante? La pregunta del millón, claro, si se visita por primera vez el parque. La atracción se llama Proyect Tomorrow y propone un recorrido por la historia de las ciencias con un fin ambicioso: inventar las maravillas del futuro. Imperdible. Como Soaring, un fantástico vuelo en aladelta por los paisajes más bonitos del planeta que invita a armar las maletas y a salir a la aventura.
   Ese es la esencia de Epcot, sigla en inglés de Prototipo Experimental de Comunidad del Futuro, acaso una quimera, una utopía, como la llaman los creyentes, el sueño de vivir las diferencias en paz y amor, de un lado la cultura milenaria de China, del otro las acuarelas impresionistas de Francia, la Torre Eiffel y los castillos encantados de Noruega y la fiesta incesante de México, todo en su medida y armoniosamente, como quería el General.


La imaginación sin límites


“Hasta el infinito y más allá”, la proclama orgullosa de Buzz Lightyear suena a declaración de principios de Mission: Space, un simulador que recrea la fuerza que se desarrolla en el lanzamiento de un cohete espacial, un desafío sólo para valientes que, aunque uno sepa que en ningún momento despega los pies de la tierra, le revuelve las tripas, igualito que a los astronautas de la legendarias Apolo XI, en su camino hacia la Luna.
   Disney World es adrenalina, imaginación y emoción; las atracciones, los paseos por mundos de fantasía y los encuentros inesperados con los personajes, Mickey, Donald, Pluto, las princesas, Woody, el vaquero valeroso de “Toy Story”, los héroes y villanos de “Star Wars”, son un boleto de regreso a la infancia, ese tiempo perdido que buscaba Proust con desesperación y que aquí, en esta tierra de ensueño, vive por siempre jamás.
   La aventura sigue en Animal Kingdom, el más grande y enigmático de los parques del complejo, una expedición por los rincones más recónditos de Africa y Asia, la selva, la sabana, los animales salvajes, la música, los sabores y la irresistible sensación de saberse más allá de lo que jamás se esperó conocer y tenerlo ahí, al alcance de la mano. Inclusive aquello que está más allá de las estrellas, inalcanzable, aún para los más intrépidos.
   Pandora, la luna del planeta Polifemo donde transcurre el romance y la batalla de “Avatar”, la súper taquillera película de ciencia ficción de James Cameron, es la gran atracción del parque y la novedad de todo Disney, y lo mejor de todo es que lo imposible no lo es, volar sobre el lomo de un banshee por los paisajes de ensueño del valle de Mo’ara y navegar el río Na’vi a través de la selva bioluminiscente para recibir los consejos de un chamán. Y todo, sin que se dude ni un instante, que lo que se vive es más real que la ficción.

Más allá de las creencias

La sociedad entre Disney y James Cameron le dio a Disney World la gran novedad de la temporada: The World of Avatar, la nueva sección de Animal Kingdom, donde los visitantes se sumergen maravillados en los fascinantes paisajes que el realizador norteamericano creó para la que hasta ahora es su película más exitosa y también su aventura artística más ambiciosa, un boleto 3-D a un paseo por el mundo más allá del alcance del hombre.
   Cameron es un experto en seducir grandes públicos, entre sus títulos más celebrados se cuentan “Terminator” y “Titanic”, pero fue “Avatar”, una fantasía de ciencia ficción que va más allá de los límites de la imaginación, hizo estallar la taquilla. Por eso no llama la atención la incesante peregrinación que se encamina cada día hasta el sector del parque donde se recrean la curiosa geografía donde viven los alienígenas azules del filme.
   Pero lo mejor es que, por obra y gracia de un simulador de última generación, uno puede meterse en la piel de un cazador Na?vi mientras sobrevuela en busca de una presa sobre las espaldas de un banshee. Sí, por un rato se puede ser un avatar y sentir el vértigo, los olores, el rocío fresco del agua que salpican las olas del mar y, sobre todo, la libertad de pasear por un un territorio extraterrestre tan natural como soñado.

Datos útiles

• Cómo en un autocine
En Hollywood Studios hay un tesoro escondido: el Sci-Fi Dine-In Restaurant, donde uno se puede sentar en un automóvil y disfrutar un menú “made in EEUU” mientras se mira en una pantalla enorme avances de viejas películas de ciencia ficción. El ambiente es relajado, la comida excelente y la experiencia única. Está en el parque desde que se inauguró en 1989 pero pocos lo conocen. Es el lugar ideal para hacer un alto de la agitación de las atracciones del parque.

• Alegría por siempre jamás
Magic Kingdom se renueva todo el tiempo, pero nunca pierde su encanto. Entre las novedades que presenta esta temporada se cuenta el espectáculo de fuegos artificiales y luces “Happily Ever After”. Es fabuloso. El tradicional Castillo de Cenicienta se ilumina con una proyección de mapping durante 18 intensos minutos a lo largo de los que desfilan las historias y los personajes más queridos de la factoría Disney. No falta, claro está, el vuelo mágico de Campanita.


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