Turismo

De Colón a Aruba, un mágico viaje por el Mar Caribe

Cartagena, Aruba, Curazao, Bonaire y Colón son parte del itinerario que el Monarch, de Pullmantur, realiza por el Caribe Sur. Los servicios a bordo, las excursiones y todo lo que hay que saber al respecto.

Domingo 01 de Julio de 2018

¿Cómo serían para usted unas vacaciones soñadas? Un lugar que tenga todo incluido y a disposición casi todo el día. Donde no tenga que preocuparse por cómo llegar ni dónde alojarse en los diferentes destinos en que durará su viaje. Tampoco por los traslados, ni por tener que armar y desarmar las valijas en cada ciudad que visite. Que hablen su mismo idioma y que tengan en cuenta sus gustos y costumbres. Y, lógicamente, una excelente atención. Un lugar en el que sólo tenga que relajarse y dedicarse a disfrutar. Esto, y más aún, es posible a bordo del crucero Monarch, el buque de la compañía española Pullmantur, que recorre el Caribe durante todo el año, en forma ininterrumpida, visitando lugares históricos y emblemáticos, como Cartagena de Indias (Colombia), o las islas paradisíacas de Curazao, Bonaire y Aruba, en el Caribe Sur, y Colón, en Panamá.

Y si a eso le agregamos la posibilidad de hacer jet ski, snorkel, una travesía en vehículos 4x4 o en buggy o nadar con delfines, la experiencia se transforma en maravillosa, casi irresistible. Esas son algunas de las actividades que se pueden hacer en unas vacaciones soñadas en un crucero por el Caribe.
Tras el desembarque en la Ciudad de Panamá, una recorrida por el sector de las nuevas esclusas en el Canal de Panamá -una visita imprescindible-, llega el momento del embarque en la húmeda y calurosa ciudad de Colón, en Panamá. El Monarch, majestuoso, aguarda imperturbable la llegada de los pasajeros.

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En tierra, personal de la naviera lo asistirá para abordar y le asignará su cabina, además de una tarjeta magnética con sus datos, con la que arriba del barco hará todo: será la llave de la cabina, le permitirá comprar en las tiendas de a bordo y llegar a la mesa asignada para la cena, entre otras cosas. También la necesitará para desembarcar y embarcar en cada puerto. Así que téngala siempre a mano.
Una vez arriba del barco, es momento de buscar el camarote. Y enseguida, mientras las maletas llegan a la cabina, deberá asistir a un simulacro de evacuación obligatorio, que es necesario conocer. Esto también le servirá para comenzar a ubicarse en el crucero. Y si bien orientarse lleva un poco de tiempo, porque se pierde la noción de dónde está la proa y la popa, en todos los pisos hay maquetas del barco con la indicación de "usted está aquí" que le permitirá orientarse de manera sencilla. Igual, en ningún caso, es para desesperase.

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La pileta y el solarium, el lugar más concurrido durante el día.
La pileta y el solarium, el lugar más concurrido durante el día.

Luego del simulacro de evacuación, que dura unos 15 minutos, llega el momento esperado. Es viernes a la tarde y el Monarch pone proa hacia la hermosa y colonial Cartagena de Indias, primera escala del viaje. Es tiempo de dejarse envolver por la cálida brisa del mar, disfrutar del crucero, de la navegación y de las vacaciones esperadas.
En el barco los días se desdibujan. No hay lunes, martes ni miércoles. Los días sólo se rigen por los lugares de desembarque. Ahí sólo hay Cartagena, Curazao, Bonaire y Aruba. Todas con el mismo denominador: altas temperaturas (entre 24 y 31 grados casi todo el año), aguas claras y transparentes (predomina el turquesa), un cielo azul límpido y buena onda a toda hora.

La emblemática Cartagena

Es sábado. Son las 10 de la mañana, y tras un suculento desayuno, llega el momento del desembarco en la pintoresca Cartagena (fue declarada por la Unesco, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad en 1984).
La recorrida por la ciudad incluye la visita a algunos sitios emblemáticos de esta ciudad, como el Castillo San Felipe de Barajas (Fortaleza imponente del siglo XVII, ubicada en una colina); el monumento a la India Catalina; la Ciudad Amurallada; la Plaza de las Bóvedas (celdas de un antiguo calabozo del siglo XVIII que ahora albergan tiendas con recuerdos); el centro histórico, con la infaltable foto con la Gorda Gertrudis de Botero, en la plaza de Santo Domingo; y el Parque Bolívar, que a metros cobija la Catedral de Cartagena y el Palacio de la Inquisición.
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Las calles de Cartagena son una postal en sí mismas.
Las calles de Cartagena son una postal en sí mismas.
En la plaza Bolívar se puede conocer uno de los lugares más sombríos de esa época, el Palacio de la Inquisición de la Iglesia Católica (hoyMuseo Histórico de Cartagena), que permite conocer parte de la historia de la ciudad y también de Colombia. Durante el recorrido se pueden visitar las salas y conocer los diferentes tipos de tormentos que había en esos años, como la sala de las Brujas o la Cámara de Tormentos, donde se aprecian diversos instrumentos como el potro de torturas.
Por si esto no fuese lo suficientemente estremecedor, en el patio perduran reliquias de un pasado sangriento y escalofriante, como la guillotina y la horca.
Tras el recorrido por la ciudad, el barco vuelve a cobijar a todos. Es hora de la navegación y de recorrer y conocer más en profundidad el Monarch, que de no ser por un movimiento, casi imperceptible, se podría pensar que se trata de una pequeña ciudad, que tiene capacidad para 2.800 pasajeros certificados (con 1.193 camarotes) y unos 800 tripulantes, con 12 cubiertas (pisos), con dos piscinas para adultos y otras dos para chicos, además de dos jacuzzis y un teatro formidable para 1.000 espectadores, donde todos los días hay funciones diferentes.
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El Monarch posee cinco restaurantes (incluidos los buffets) y nueve bares, entre los que se destaca el 360 Bar & Lounge en el piso 14, con una vista panorámica inigualable. Además del exclusivo The Waves Yacht Club, un espacio reservado para los húespedes VIPs en el piso 12, con acceso ilimitado a wifi.
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El exclusivo The Waves Yacht Club para que los pasajeros puedan disfrutar de la tranquilidad.
El exclusivo The Waves Yacht Club para que los pasajeros puedan disfrutar de la tranquilidad.
Para aquellos que imaginan que los días en un crucero pueden ser un tanto monótonos, hay que decirles que la vida a bordo es todo lo contrario. La diversión está garantizada en la mayor parte del día con el equipo de entretenimiento, ya sea en el sector de piletas o en el teatro o con música en vivo. Y las excursiones en tierra son por demás de atractivas. Todo acompañado por una tripulación de diferentes nacionalidades, pero con calidez latina y un servicio 100% en español.
El casino, los bares, la discoteca, la biblioteca, la sala de cartas, el SPA y salón de belleza son lugares muy codiciados también por los adultos, mientras que para los chicos hay espacios reservados de acuerdo a la edad. También hay sala de videojuegos y de internet. Y guardería para los más chiquititos.

La colorida Curazao

Es lunes y llega el momento de pisar tierra en una de las tres islas en las que anclará el crucero: la colorida y divertida Curazao. Y si bien todas las islas del Caribe parecen iguales, cada una tiene sus fortalezas, más allá de que todas tienen como denominador común la buena onda y una vida relajada. Un factor que contribuye a ese buen humor que caracteriza a los habitantes de esta isla, situada frente a las costas de Venezuela, es el buen tiempo. Es que Curazao -al igual que Bonaire y Aruba- están ubicadas en el Caribe por debajo del cinturón de huracanes, por lo que no están afectadas por esas tormentas devastadoras. En las islas prácticamente no existe la temporada de lluvias: sólo de vez en cuando cae algún que otro chaparrón.
Tras el desembarque tempranero (8.30), es hora de recorrer esta ciudad con edificios uniformes y coloridos, que le dan un toque muy pintoresco a la zona céntrica de Willemstad ?capital de Curazao, que cumple 20 años como Patrimonio de la Unesco-, seguido de una visita al museo de la esclavitud (Kura Hulanda), que cuenta de manera cruda lo que fue el comercio transatlántico de esclavos antiguamente, desde la captura en África hasta su reubicación forzada en América y el Caribe por parte de los europeos, especialmente, holandeses.
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En Curazao sobresalen las construcciones coloridas y uniformes.
En Curazao sobresalen las construcciones coloridas y uniformes.

Ni hablar de los estremecedores métodos de castigo de esa época que se exhiben en el museo, o del tormento y la forma inhumana en la que eran transportados en las bodegas de los barcos, que se recrea en una de las salas del museo. Tras recuperarse, luego de ni siquiera poder dimensionar el sufrimiento al que eran sometidos esos hombres, llega el tiempo de pensar en algo más agradable y menos tortuoso surcando las olas del mar Caribe, a bordo de un jet ski.
Son alrededor de tres horas entre la ida y la vuelta a pura adrenalina desafiando las olas del mar abierto en una caravana cuyo guía brinda las recomendaciones del caso antes de ponerlos en marcha y de encabezar el recorrido, mientras otro cierra la hilera procurando que nadie quede lejos del que lo antecede para aprovechar la estela que van dejando las motos de agua.
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El jet ski es una de las fascinantes excursiones que se pueden hacer en Curazao.
El jet ski es una de las fascinantes excursiones que se pueden hacer en Curazao.

En medio, una pausa para relajarse y hacer un rato de snorkel cerca de la costa, donde se puede ver el interior de un galeón hundido hace varias décadas. Todo muy "dushi", como dicen los curazoleños, en referencia a cuando algo es muy agradable.  

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Tras varias horas de mucha adrenalina, no exenta de alguna zozobra entre las olas, es momento de reponer energías en el fantástico restaurante del Papagayo Beach Club, en medio de la playa, con una panorámica sensacional, a metros de las piletas naturales e infinitas que se meten dentro de un mar celeste y azul muy seductor.
La vuelta al barco es muy relajada, después de haber disfrutado de la playa y de un pequeño descanso para recuperarse del "castigo" del mar. Hay que tener en cuenta, a esta altura, que lo agradable de estos viajes se puede convertir en un problema si no se controla en las comidas, dada la variedad de manjares que hay para degustar y la disponibilidad de bebidas a toda hora. No obstante, para aquel pasajero que no quiera cargar con esa mochila o para quien tenga una rutina física y no la quiera perder, hay un gimnasio cómodo y funcional con una vista majestuosa. Además de una cancha de básquet y una mini pista de atletismo.
Bonaire

Tras recorrer 100 millas marinas (unos 185 kilómetros), al día siguiente, se desembarca en la extravagante Bonaire, una isla de 287 kilómetros cuadrados que está rodeada por un arrecife, y a la que se le conoce como una de las capitales del buceo. Luego del descenso en el puerto, hay que subirse al catamarán "Embajador del Arrecife", con el que se recorre buena parte de la isla hasta las salinas del sur, para luego retornar hacia la parte norte de la isla para hacer snorkel en la barrera de coral, a metros de la costa, donde el mar aún es claro y hay luz suficiente (el color del mar tiene que ver con la profundidad, donde el mar es más oscuro y más hondo) para ver las maravillosas especies acuáticas que hay en la zona.

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Posteriormente, y ya en tierra firme, llega el momento de recorrer el resto de la isla, con sus diversos paradores, el aeropuerto y las salinas. "Aquí la gente se muere de tranquilidad", dice el guía colombiano que cuenta que en la isla la inseguridad es de alrededor del 2 por ciento para envidia de los argentinos que hay en el grupo.

La mágica Aruba

El último puerto que toca el Monarch (en su sexto día de crucero) es el más esperado por los pasajeros: la paradisíaca isla de Aruba, en donde se puede realizar, entre otras cosas, una travesía en vehículos 4x4 de la empresa De Palm Tours (es lo más recomendable, por los caminos en los que recorrerá).
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La espectacular playa Arashi en el sur de Aruba.
La espectacular playa Arashi en el sur de Aruba.
La visita empieza por Punta Norte, sigue por el Natural Bridge (el puente natural más grande que había y que fue derribado por la furia del mar en septiembre de 2005), continúa con las ruinas del molino de oro de Bushiribana, la Capilla de Alto Vista y el Faro California para terminar en la majestuosa Playa de Arashi, para relajarse y disfrutar un rato de una de las hermosas playas de esta ciudad que, pese a ser pequeña (180 kilómetros cuadrados), encierra una belleza y una magia sin igual que necesita de varios días para ser apreciada en su real dimensión.
La vuelta al barco empieza a bajar el telón del viaje. Sólo queda un día y medio de navegación que hay que aprovecharlo al máximo antes del desembarque final en el puerto de Colón, en Panamá, para cerrar un viaje exquisito y atrapante, pero, sobre todo, muy recomendable.

Señas de identidad

• Única naviera que ofrece un producto 100 % en español (idioma a bordo, horarios, entretenimiento, etc.).
• Todo Incluido con bebidas ilimitadas.
• Una magnífica gastronomía en alta mar que cuenta con el sello del Chef con dos estrellas Michelin, Paco Roncero.
• La tripulación fue galardonada por noveno año consecutivo con el Premio Excellence de Cruceros por su atención.

Datos útiles

• Crucero Pullmantur Antillas y Caribe Sur - Embarcando en Panamá: Tarifas desde: USD 744 final (incluye tasas y propinas), cabina interior base doble.
(www.pullmantur.travel)

• Excursiones: Jet ski: Adrenaline Tours Curazao (www.adrenalinetourscourazao) Catamarán y snorkel en Bonaire (www.AguaAdventureBonaire.com)
• Cuándo ir: Todo el año.
• Con quién ir: en familia, con amigos, en pareja o solo.
• Recomendado para: diversión nocturna, entretenimiento, gastronomía, naturaleza y relax.

Cómo llegar

Copa Airlines
tiene cuatro frecuencias semanales que unen Rosario con la Ciudad de Panamá. La Tarifa con impuestos incluidos es de USD 923 más impuestos.

La compañía fue elegida por quinto año consecutivo como la aerolínea más puntual de Latinoamérica por FlighStats, empresa líder de servicios de aviación que analiza 57 millones de vuelos al año.

Dónde comer

En Colón: El Trapiche (cocina típica panameña).
Cartagena: Carmen Restaurante.
Curazao: Papagayo beach club.
Bonaire: It Rains fishes bar & restaurant.
Aruba: Arashi Beach Club.

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