Ni siquiera las primeras figuras políticas mundiales están exentas de pronunciar comentarios inapropiados con los que gratuitamente pueden complicar las relaciones internacionales entre dos países que mantienen una disputa territorial y han protagonizado una guerra.
Es el caso de primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, en su saludo navideño a los kelpers que habitan en el territorio nacional de las Islas Malvinas. En su habitual mensaje de Navidad, Johnson, líder de los conservadores británicos, recordó la rendición argentina en la guerra de la que se cumplirán 40 años en 2022, ratificó el compromiso político de los ingleses sobre la soberanía del archipiélago austral y hasta hizo un comentario difícil de interpretar, que no se sabe si es producto de la torpeza política o fue una señal imposible de descifrar para la mayoría.
El premier británico recordó que este año “incluso la Federación Internacional de Tenis de Mesa reconoció la soberanía inviolable de los competidores de las Falklands pese a las ruidosas protestas de algunos sectores”. Se refería a las protestas de la Cancillería argentina y a la de la Federación Argentina de ese deporte porque la organización internacional incluyó a las Islas Malvinas como otro miembro pleno del organismo, con lo que en la actualidad hay dos federaciones que representan a la Argentina.
El ligero, por ser medidos en el adjetivo, ejemplo del ping pong utilizado por Johnson como muestra del afianzamiento de la soberanía británica sobre las islas enturbia sin necesidad las relaciones entre la Argentina y el Reino Unido, que mantienen vínculos comerciales, científicos y culturales por encima del crónico conflicto austral y en base a una especie de “paraguas protector” que permite el diálogo constructivo.
Y distan enormemente de frases célebres y oportunas en marcos políticos de gran tensión, pronunciadas por otro líder conservador británico, Winston Churchill, quien les dijo a los ingleses que no tenía nada que ofrecer más que “sangre, sudor y lágrimas” mientras asumía como primer ministro y la Alemania nazi avanzaba en 1940 sobre Francia. También fue quien definió en 1946 las características de la posguerra con lo que llamó “la cortina de acero” que se levantaría sobre Europa y que duraría casi 45 años en derrumbarse con el Muro de Berlín.
El próximo año será especialmente complejo para las relaciones con Gran Bretaña por la conmemoración de los 40 años de la guerra, que dejó una huella profunda en la Argentina. Por eso, el mensaje del premier británico puede interpretarse como un adelanto defensivo de lo que vendrá: la recordación de la tragedia por las víctimas y seguramente un renovado reclamo de soberanía de nuestro país ante los organismos internacionales, que ya deberían condenar con firmeza la actitud de una pequeña isla del Mar del Norte que en pleno siglo XXI pretende mantener anacrónicas colonias de ultramar.
En realidad, los líderes mundiales, sean de primeras potencias o de países del mundo emergente, como suelen definirse para no tratarlos de subdesarrollados, tienen pasión por hablar de más, repetir hasta el cansancio las mismas cosas y aburrir al público con discursos de escaso contenido.
Pero cuando quieren innovar y salirse de lo tradicional, como este caso y citar a una federación de ping pong para remarcar la soberanía de las islas, las cosas pasan a otro nivel de baja calidad institucional. No le sucede sólo a Boris Johnson, sino que se han visto conductas similares en el ex premier italiano Silvio Berlusconi y también en varias ocasiones en los presidentes de Brasil y Argentina, entre tantos otros mandatarios de todos los continentes.
A partir de los primeros meses del año que viene se podrá advertir si las palabras provocadoras de Johnson se las lleva el fuerte viento austral o han sido producto de una genial maniobra anticipatoria de política internacional, pero que sólo hasta el momento no han hecho otra cosa que salpicar las relaciones entre la Argentina y el Reino Unido.