Lamentablemente, en Rosario se mide poco. Quizás por la escala, por cuestiones económicas y hasta culturales, lo cierto es que las métricas de la ciudad no abundan y cuesta encontrar los sondeos fiables. Por este motivo, es difícil tener una noción amplia y certera respecto a las cantidades, en este caso, el número de personas que desarrollan sus actividades laborales desde la casa. No obstante, e independientemente del número, sí es cierto que hay historias interesantes que sirven como ejemplos para demostrar tendencias que se vienen dando de un tiempo a esta parte.
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Freud y sus cartas, sin Zoom ni Whatsapp
Ileana es psicoanalista. Tiene un consultorio en la esquina de Montevideo y Buenos Aires por donde desfilan numerosos pacientes. La pandemia, como a muchos otros profesionales, en el momento más duro le imposibilitó usar su lugar de trabajo. No obstante, aclara: “a las sesiones virtuales las inicié antes de la pandemia, pero a partir de la misma e incluso durante muchos meses, fue la única modalidad que sostuve”.
Algunos prejuicios indican que la terapia debe hacerse en el consultorio, de manera presencial, por todo lo extra que rodea al paciente, más allá de lo dicho (y lo no) de la sesión. Pero Ileana no lo ve necesariamente así. “Yo creo que no se puede generalizar y según cada caso se evalúa si es posible sostener un espacio virtual o no. Me interesa subrayar que a mí me ha sorprendido gratamente la posibilidad del trabajo virtual y creo en ese sentido que es interesante corrernos de los prejuicios. Mi invitación a los psicólogos es a que nos habilitemos a usar los recursos de la época con los que contamos. Freud hacía terapia por carta y, de hecho, cuando no existía ni Zoom ni Whatsapp; yo he trabajado con personas por teléfono o mail”.
La terapeuta nos explicó que desde la irrupción de este modo de trabajar acuerda con cada paciente si será presencial o virtual la sesión y aclara: “Lo importante no es el espacio físico del consultorio sino el respeto del encuadre de trabajo y la generación de un contexto de intimidad. Más allá de los gestos, lo importante es la palabra, el compromiso asumido y el deseo de trabajar tanto del paciente como del psicólogo”.
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El auge de los programadores y la costumbre del home office
Federico es programador, tiene 34 años, y hace 10 que ejerce. Comenzó su carrera trabajando en relación de dependencia con multinacionales instaladas en el país. Estas firmas suelen contratar a jóvenes sin experiencia y les ofrecen capacitaciones permanentes. Así, personas recién iniciadas en la industria empiezan a formarse en distintas tecnologías y hacen currículum para luego lograr saltos a otras empresas, en mejores posiciones, y las firmas pagan sueldos más bajos porque contratan a personas con menos capacitación. Ambas partes se consideran beneficiadas.
“En mi caso siempre trabajé para multinacionales foráneas, radicadas en Argentina, pero en proyectos financiados por clientes en los EEUU y Europa”, dice el programador y explica que trabaja con varios lenguajes de programación como JavaScript, Next.js y React. Actualmente es coordinador de proyectos. “Mantengo la relación diaria con el cliente, coordino los equipos de desarrolladores y de Quality Assurance (control de calidad)”, explica.
En los últimos años ha crecido exponencialmente la cantidad de programadores contratados por distintos emprendimientos pero en el caso de los que vienen trabajando es esa actividad hace mucho, saben que esto de la “nueva modalidad” no lo es tanto. “Muchas empresas ligadas al desarrollo de software ya ofrecían modalidades híbridas en las que el empleado podía optar por trabajar desde su casa, y de hecho previo a la promulgación de la Ley de teletrabajo muchas de ellas cubrían los gastos de conectividad al empleado. Creo que la pandemia ha hecho que muchas de las empresas que no habían avanzado en este sentido hicieran números y han caído en la cuenta que no solo han bajado los costos de infraestructura sino que los empleados no han bajado la productividad”.
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Una bioquímica con escenarios cambiantes
Rosana es bioquímica y se graduó en la Universidad Nacional de Rosario en el 2003. Rápidamente comenzó a hacer concurrencias para aplicar en trabajos de bioquímica asistencial de análisis clínicos. En ese proceso se encontró con una empresa de Rosario que hacía investigaciones clínicas (o sea el desarrollo de medicinas), de las primeras que trajo esa rama al país. Al tiempo la contrataron y trabajó allí por 8 años. Luego, buscando nuevos horizontes, comenzó a trabajar en 2013 en una empresa multinacional dedicada a la investigación clínica. Lejos del típico concepto de la bioquímica que saca sangre y da vouchers para ir a desayunar al bar de la esquina, Rucci se involucró en proyectos que requirieron dinámicas distintas, con una combinación de muchos traslados y actividades desde casa. “Mi trabajo consistía en viajar y reportar el monitoreo que realizaba en los lugares que visitaba en todo el país. Estaba dos o tres días por semana afuera. A veces semanas enteras sin volver a casa, y cuando volvía, hacía otros trabajos remotos reportando también lo que había hecho durante mis viajes”, describió.
Si bien con el paso del tiempo los viajes mermaron, una de las condiciones que le exigía la empresa era tener disponibilidad para viajar y un detalle curioso: “Siempre me llamó la atención que debía estar preparada para un escenario cambiante”, explica la profesional y aclara que con el paso del tiempo comprendió que era real. Es un trabajo que requiere reportar actualizaciones con tiempos precisos, hay objetivos claros y concretos, fechas límites y exigencia de alta calidad.
¿Cualquiera puede hacer este trabajo? Claro que no. Rucci indicó que “se espera que la persona tenga un título de grado en el área de salud, conocimiento de inglés y manejo de la tecnología bioinformática”. Respecto a este último punto, la bioquímica aclara que “siempre tenés entrenamientos en los sistemas específicos ya que cambian y se actualizan, pero eso depende del sponsor con el que estés trabajando en el momento”.
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Ventajas y desventajas del home office
Los profesionales, que fueron entrevistados por separado, coinciden como si estuvieran en la misma mesa con una frase: “no encuentro muchas desventajas”. Todos ponderan que la ganancia en tiempo y traslado es determinante.
La psicóloga considera que una de las grandes ventajas fue poder sostener el espacio de la terapia en plena pandemia “donde los pacientes pudieron trabajar la angustia y la incertidumbre que la pandemia despertó”, además, destacó el ahorro: “hay un costo que se ahorra, me pasa con muchos pacientes que viven en Casilda, Cañada de Gómez, Las Parejas, Villa Cañás, que en lugar de venir ya adoptaron totalmente lo virtual”.
En el caso del programador, le suma el hecho de “poder trabajar en la locación donde a uno más le guste, inclusive poder viajar mientras se trabaja, siempre que haya buena conexión”.
Pero no todo es color de rosas. Algunos aspectos más vinculares parecen enfriarse un poco con el home office. “La desventaja para mi es la falta de cuerpo, el abrazo”, expresa Ileana, sobre lo que se puede tener en un consultorio con personas de carne y hueso. En una línea parecida, Federico dice que “quizás lo único sea no poder compartir tiempo con los compañeros en un ámbito común, mayormente para construir lazos con los nuevos ingresos, ya que con los que uno comparte determinado tiempo de trabajo sigue manteniendo contacto estrecho”.
Rucci, en cambio, tiene que organizar los espacios. Depende cómo se lea puede ser ventaja o desventaja o ambas a la vez. “Empecé trabajando en mi habitación. Instalé un escritorio, computadora, silla ergonómica. Luego de 2 años lo trasladé a lo que es un living comedor de mi casa que está todo integrado y ahí a veces hay que consensuar. Aviso a la familia, más de todo en pandemia porque antes no estábamos todos todo el día. Mi hijo estaba en la escuela por la mañana. Al mediodía lo iba a buscar y después continuaba con las responsabilidades laborales. A veces tengo reuniones al mediodía y tengo que avisar que comemos a tal o cual hora. Siempre que tengo reuniones les aviso para que estén atentos. Igual, si se cruza alguien no pasa nada. La pandemia vino a hacernos entender que se contemplan esas cosas. Queda en cada uno por una cuestión de privacidad de lo que se está hablando para que no aparezca gente ajena a la reunión (risas). Con la pandemia planeamos una reforma en casa, agregamos una parte con una amplia oficina donde quedo aislada en horarios de trabajo”.
¿Una buena conexión con el mundo?
Lejos de lo que sucede con la media provincial, los entrevistados coinciden en que no han tenido demasiados problemas al conectarse a internet para realizar sus actividades. En los tres casos se debe a que tienen contratado los mejores planes posibles por el tipo de trabajo que realizan y por el tiempo que llevan desarrollándolo, además, porque todos los casos consultados pertenecen a la ciudad de Rosario, donde se encuentra la mejor conexión de la provincia, al menos en la mayoría de sus zonas.
Internet y el mundo remoto. Panorama según el último informe elaborado por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), del último trimestre de 2019, en Santa Fe el 30,5% de los hogares no tenía conexión a internet; el 22,8% de los hogares tenía muy mala conexión, que no superaba los 5 Mbps; el 17,4% de los hogares tenía una conexión a internet mala, de entre 6 y 10 Mbps; el 10,4% de los hogares tenía una conexión a Internet regular, de entre 11 y 20 Mbps.
En cuanto al ancho de banda promedio en la provincia, es de 21 Mbps, es poco y bastante por debajo de la media nacional, elemento que posiciona a la bota en el 9° lugar a nivel país. Además, la penetración de servicios brindados con fibra óptica apenas alcanza al 3,7%, lo que hace que la provincia se encuentre en la posición 14 a nivel país.
En el ámbito educativo, el informe del ENACOM evidenció que del total de escuelas en la provincia, el 72% (de 2077) no tenía acceso a internet para uso pedagógico, lo que representa el 54% de los alumnos de los 400 mil alumnos. Por otro lado, el 28% (793) de las escuelas tenía conexión a internet para uso pedagógico, representando al 46% de los alumnos. Dentro de las 793 escuelas conectadas, se puede discriminar que el 66% tenía un tipo de conexión muy mala o mala; el 44% tenía una conexión regular o buena; el 92% poseía instalación de Red Interna (763) y el 8% restante no tenía Red Interna. En cuanto a los barrios populares, el Ente Nacional de Comunicaciones advirtió que, según datos del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap), hay 341 barrios populares (el 48% en Rosario y Santa Fe capital), pero en cantidad de familias este ratio asciende al 67% de la población. En esos barrios, no se cuenta con Internet por Red fija. En algunos hay cobertura por Red Móvil, pero su uso para internet es muy costoso. Al respecto, se advierte que la provincia de Santa Fe cuenta con red de fibra óptica en la cercanía de los barrios para el sistema de Video Vigilancia, el que podría adaptarse para brindar conectividad desde el sector público a través de redes de WIFI. El 82%, o sea, 134 de las 164 en Rosario y Santa Fe podrían acceder a este tipo de servicios.
Este contexto, claramente, evidencia los serios problemas que tiene el territorio santafesino desde hace años en materia conexión. La pandemia, además, vino a desnudar cada uno de los detalles y a exacerbarlos, poniéndole cara a cada número, fundamentalmente en el área educativa, donde hubo una importante deserción de chicos que no podían cursar mediante la virtualidad.
El tema de los jóvenes y las dificultades a la conexión no sólo es perjudicial con el cursado sino también que desestimula la posibilidad de pensarse en un trabajo remoto, abriendo posibilidades ante las nuevas herramientas que presenta el sistema y pudiendo perfilarse para los nuevos trabajos, los del futuro, que quizás son más presente de lo que pensamos.
Hacia una región más conectada
A fines de enero, el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, firmó un préstamo de poco más de 124 millones de dólares para financiar la ampliación de la red de fibra óptica en toda la provincia.
El Programa de Transformación Digital e Inclusión Educativa tiene, según indicaron las autoridades, “cinco componentes: extensión de la red provincial de datos de Santa Fe, fortalecimiento y modernización de la infraestructura del sistema educativo provincial, desarrollo de habilidades y competencias digitales para la gestión educativa a distancia, y gestión del programa y otros gastos. Además, busca garantizar conectividad de calidad a las 365 localidades de la provincia y tiene por objetivo ampliar y modernizar la infraestructura del sistema de conectividad para promover la inclusión digital, el arraigo, la transformación educativa, la gestión empresarial y del Estado y la reducción de brechas tecnológicas, productivas y de género con impacto concreto para el desarrollo sostenible del territorio”.
Según informaron, tienen cuatro años para ejecutarlo en su totalidad y beneficiará a más de tres millones de santafesinos. Que así sea.
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Los malabares para cobrar por el trabajo realizado
Cada actividad, cada trabajador, cada empresa es un mundo y tiene sus propias reglas. No hay una sola manera de cobrar pero sí se nota que las empresas que pagan, las que convierten el dinero o los profesionales directamente, hacen malabares para que no haya perjuicios a la hora de los impuestos, el ingreso de divisas o el cobro en sí.
La psicóloga cobra de diferentes maneras: “Hay personas que tienen familiares acá que me acercan el dinero o lo envían por transferencias. Eso en el caso de los argentinos que viven afuera pero aún tienen cuenta en este país. Para los extranjeros cobro por PayPal o Western Union. Este último me resulta más piola”, dice.
Federico, programador y líder de proyectos, detalla pormenorizadamente cómo suele ser ese mundo que suma cada vez más chicos a sus filas. “El cobro y la modalidad contractual de los trabajos varía mucho. Si se trabaja para una empresa local que terceriza proyectos al exterior, generalmente mantenés un contrato en relación de dependencia, con la posibilidad de cobrar un porcentaje del sueldo en dólares, al menos es lo que viene sucediendo para poder competir con empresas del exterior. Otra modalidad es la de freelance o contractor, en la que no se firma contrato o si se firma, en caso de litigio, es en los tribunales del país en donde está radicada la empresa, lo que lo vuelve bastante complicado y costoso a la hora de reclamar por algún incumplimiento. En estos casos la mayoría de los sueldos son en dólares o en criptomonedas, a depositarse en bancos de Estados Unidos o Brokers en cualquier parte del mundo.
Al ser consultado por la sensación personal de cobrar en dólares en un país con el peso devaluado, Federico es claro: “Si no se gana en dólares, las corridas del dólar te afectan como a cualquier persona a la hora de ir al supermercado. Pero si uno percibe un salario en USD, y lo cobra al valor del blue por medio de cualquiera de los métodos para hacerse de dólar billete y no liquida los dólares al valor oficial como graciosamente pretende la Agencia Federal de Ingresos Públicos, lo que no se sufre es el deterioro permanente del salario. La vida se vuelve más cara pero puede afrontarse debido al aumento del dólar”, remató.
En el caso de Rosana, con la investigación científica, cobra en pesos. “Mi sueldo está detallado en dólares que mes a mes se cotiza según el valor del dólar oficial del día, entre el 20 y el 22 de cada mes. En el pago están involucradas varias empresas. Hay un sistema que se llama Payroll en el que una empresa hace todo. La transferencia se genera en el exterior y esta firma le paga a todos los empleados de todo el mundo. Un equipo de legales y financieros de Argentina, de la empresa en la que trabajo, les indica el monto que debo cobrar”.