Una banda de estafadores cordobeses, comandada por presos alojados en la cárcel de la ciudad de Río Cuarto, fue desbaratada tras una pesquisa de la fiscal de la Unidad de Investigación y Juicio Viviana O’Connell a partir de una serie de denuncias por hechos online que presentaron al menos 14 víctimas en Rosario. La banda, compuesta por al menos 21 personas, cometía estafas virtuales fingiendo ser clientes en plataformas de ventas online y redes sociales, como Marketplace o Instagram, en las que las víctimas publicaban objetos a la venta. Los falsos compradores depositaban dinero de más en las cuentas de los vendedores y posteriormente le reclamaban el excedente. Cuando esto pasaba, mediante ardid o engaño, conseguían los números de cuenta bancarias de las víctimas y se las vaciaban. Una vez que se hacían con el dinero de las cuentas lo movían frenéticamente entre cuentas hasta que la plata era casi imposible de rastrear. Hubo casos en los que además solicitaron créditos a nombre de las víctimas. La banda, que actuaba a nivel nacional, llegó a mover 15 millones de pesos en un día según confiaron los investigadores. En principio serán imputados este lunes por 14 expedientes de estafas y uno de asociación ilícita.
La banda puesta bajo la lupa, que tiene como cabecillas a al menos a tres presos alojados en el pabellón 8 de la Unidad Penitenciaria 6 de Río Cuarto, tiene como sello que ningún integrante se entrevistó o estuvo con alguna de sus víctimas en forma presencial. Una modalidad poco vista en Rosario por la ausencia de violencia en la gestión de la estafa. Estos cordobeses no enviaban carteles con balas ni tiroteaban el frente a de una vivienda. Se manejaban con un método poco visto en Rosario y área de influencia. Los estafadores pescaban víctimas en el océano de vendedores de objetos por medios online; luego fingían ser compradores descuidados, de los que por error giraban más dinero de lo se que pedía y cuando la víctima devolvía el excedente caía en la red de la estafa.
Este jueves la fiscal Viviana O'Connell se constituyó con efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) en las ciudades de Córdoba y Río Cuarto para monitorear in situ una serie de allanamientos realizados en La Docta y en el pabellón número 8 de la cárcel de Río Cuarto. Iba tras una compleja banda de estafadores que desde el 20 de octubre de 2020 realizó al menos 14 estafas con víctimas rosarinas. En total fueron 25 allanamientos con 21 detenidos. Desde el área de prensa de la Fiscalía Regional Segunda se precisó que se “secuestró gran cantidad de documentación y material de interés para la causa como teléfono celulares, dispositivos electrónicos de almacenamiento y computadoras, todo lo que será enviado a peritar”.
Los investigadores consultados precisaron que es imposible conocer el alcance de esta gavilla ya que actuaba en todo el país. Lo concreto es que en la cárcel de Río Cuatro al menos cuatro celdas fueron requisadas. Los presos puestos bajo la lupa son al menos media docena, de los que tres están tras las rejas en la actualidad y otros tres ya recuperaron la libertad, uno de los cuales murió tras salir de prisión.
Estafas virtuales
Las técnicas de robos y estafas online se van sofisticando y mutando con el correr del tiempo. Así se han ido conociendo métodos como el “phishing” (falsos correos electrónicos que buscan quedarse con nuestros datos o de nuestras tarjetas de crédito); “vishing” (voice phishing, llamadas telefónicas de alguien que se hace pasar por personal de un banco para que los usuarios brinden datos y contraseñas) o “smishing” (cuando el robo de datos es a través de SMS o WhatsApp). Durante la pandemia, que comenzó el fin de semana del 20 de marzo de 2020, crecieron los fraudes en las transacciones de compra y venta por internet. Se trata de tiendas virtuales en las que es “muy fácil” publicitar el producto que se desea vender, así como contactarse entre vendedor y comprador para finalizar la transacción “sin intermediarios”. En el caso de los estafadores cordobeses los datos de las cuentas bancarias y claves Token de seguridad eran extraídas a las víctimas mediante ardid compatibles al cuento del tío.
La banda será acusada, además de por las 14 estafas a rosarinos, por asociación ilícita. En el campo de los roles, según se pudo establecer del diálogo con allegados a la investigación, los cabecillas actuaban desde el interior de la prisión. Pero afuera de la cárcel tenían un ejercito de personas que se dedicaban a la captación de potenciales víctimas en los sitios de venta de objetos y productos pero también estaban a la búsqueda de testaferros o “presta cuentas”. Estos últimos les permitían disponer de una cantidad de cuentas para mover el dinero de las estafas frenéticamente y dividirlo tantas veces hasta que se licuaba y era “casi imposible” de rastrear.
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La estafa clásica de la banda comenzaba cuando un falso cliente se contactaba con una persona que tenía a la venta un objeto o producto. El interesado compraba pero en lugar de depositarle al vendedor la cifra requerida, giraba de más. Cifras que duplicaban el precio pactado. De inmediato el falso comprador se contactaba y pedía el reintegro del excedente. Lo que requería otra transacción bancaria. Cuando esto sucedía, mediante engaño, el falso comprador le pedía a la víctima que se dirigiera a un cajero automático. Y así, valiéndose de la confianza desarrollada en la compra y venta, el estafador va consiguiendo datos clave de la cuenta de la víctima y hasta su token de seguridad, el código de 6 dígitos que cambia cada 30 segundos y con el que se pueden hacer transacciones de forma segura en los canales digitales.
Una vez que los delincuentes disponían de la cuenta bancaria de la víctima la vaciaban transfiriendo el dinero a otras cuentas, muchas de ellas aportadas por los “presta cuenta”. En alguno casos llegaron a sacar créditos en dinero, que le quedaron a pagar a las víctimas. Las denuncias en el Ministerio de la Acusación santafesino puede significar una Caja de Pandora para los cordobeses. “Según escuchas judicializadas, en un día la banda realizó estafas por 15 millones de pesos. Nosotros sólo conocemos las que se registraron con víctimas rosarinas, pero esta gente trabajaba en todo el país”, explicó un vocero consultado, al semblantear el call center del delito que se manejaba desde el pabellón 8 de la cárcel de Río Cuarto.
“Una vez concretada la estafa iban moviendo el dinero en distintas cuentas hasta que se hacia muy difícil de rastrear”, alertó el vocero de fiscalía. “En Rosario estamos acostumbrados a bandas más violentas y sangrientas. Esta gavilla es más sofisticada si la pensamos en relación a lo que se ve en Rosario”, agregó la fuente.
Una vez dividido el botín, las dos terceras partes de lo recaudado era para los presos que manejaban la maquinaria estafadora y el tercio restante para los que afuera de la cárcel se encargaban de marcar víctimas y conseguir o prestar cuentas bancarias. Consultadas fuentes cercanas a la pesquisa, dijeron desconocer cómo era la maquinaria de lavado de activos de la banda de cordobeses, ya que esa mecánica deberá ser investigada por la Justicia Federal. “La pesquisa es por dinero que se extrajo en Rosario. No por dinero que se lavó en Rosario. Cada integrante de la banda gastaba el dinero como se le ocurría”, se explicó.
No es la primera vez que desde la cárcel de Río Cuarto se generan extorsiones con víctimas rosarinas. El 30 de octubre de 2020, ocho personas, de las cuales dos estaban detenidas en la cárcel de Río Cuarto, fueron imputadas como parte de una asociación ilícita que cometió al menos 27 hechos de estafas telefónicas (21 consumadas y seis en grado de tentativa) de las que fueron víctimas personas afincadas en Rosario. Los estafadores se hacían pasar por empleados de la Ansés para conseguir datos de las cuentas bancarias de las víctimas y vaciarlas.