Desde hace meses, quienes auscultan el humor social tratan de verbalizar las emociones que laten en la opinión pública. Más que bronca, señalan desde distintos laboratorios, la palabra que define el momento es incertidumbre.
La inflación y la inseguridad tornan el futuro en un lugar borroso, más bien amenazante. El corto plazo manda. “La política no puede sumar incertidumbre, el que no lo entienda va a estar complicado”, alertaban desde un campamento radical ya en diciembre, cuando el frente de frentes todavía estaba en obra y los casilleros de las candidaturas aún permanecían en blanco.
Ese panorama, señalan ahora, no cambió. A la dirigencia le cuesta trazar un horizonte de futuro y salvo los cada vez más reducidos núcleos movilizados el electorado se mantuvo indiferente ante el bombardeo cada vez más intenso de mensajes.
En ese terreno resbaladizo para encuestadores, estrategas y dirigentes, las fuerzas políticas apelan a todo tipo de recursos para tratar de llamar la atención de una ciudadanía apática. Sin margen para montar grandes actos en tiempos de austeridad, los candidatos derivaron un voluminoso caudal de fondos hacia la cartelería en la vía pública y la publicidad en redes sociales. Todo peso cuenta para ganar conocimiento, difundir sus propuestas o, inclusive, embarrar un poco la cancha.
Por lejos, la interna más caliente es la de Unidos para Cambiar Santa Fe. Sobre todo, porque sus protagonistas están convencidos de que en esa cancha se juega la verdadera final.
En medio de un festival de denuncias de fake news y todo tipo de operaciones, Pullaro y Losada ingresan a la última semana de campaña tratando de realzar los atributos que cada uno vende como sus principales activos.
El ex ministro confía en la territorialidad del aparato radical y se muestra como un hombre de acción. Este lunes firmará el Compromiso por Rosario, un documento con obras y acciones para la ciudad en caso de llegar a la Gobernación. El legislador radical busca no quedar encorsetado en la agenda de la seguridad y, si bien acompaña a Horacio Rodríguez Larreta en la cada vez más tensa e invasiva interna de Juntos por el Cambio, intenta imprimirle a su campaña un tono más local.
En Santa Fe, el jefe de gobierno porteño aparece rezagado en los sondeos respecto a la presidenta nacional del PRO, que aterrizará el jueves para el cierre de campaña de Losada. Para compensar su inexperiencia en gestión, la ex periodista enfatiza su papel de recién llegada a la política y se muestra definitivamente acoplada al dispositivo Bullrich.
Está por verse si la presencia de la precandidata presidencial, que salió esta semana con un spot de clara línea dura en el que promete shock y orden, es la última bala para rematar la elección o un cartucho de fogueo. En 2021, el compañero de fórmula de la vicepresidenta del Senado, Federico Angelini, reunió el apoyo de Bullrich, Larreta y el propio Mauricio Macri. Salió tercero, detrás de Losada y Pullaro.
A diferencia de hace dos años, en un mes son las presidenciales y Bullrich está en alza. Bullish, según la jerga financiera que popularizó el abogado Carlos Maslatón.
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En medio del ruido, en el socialismo aseguran que Mónica Fein es la que más creció con el fuego cruzado entre Pullaro y Losada. Al igual que sus rivales, también denuncian un ataque sistemático en Rosario contra los afiches de sus candidatos. “Es en lugares estratégicos, como corredores viales con mucha visibilidad y en lugares donde los números nos dan bien, lo que muestra es que los ataques están bien pensados”, dicen desde el búnker del PS.
En tanto, en el peronismo cada cual juega su propio partido. Mientras Marcelo Lewandowski lleva adelante una campaña low cost y apuesta a que su figura y la neutralización mutua de sus rivales lo depositen sin sobresaltos en la general, el camporista Marcos Cleri, el rossista Leandro Busatto y Eduardo Toniolli, del Movimiento Evita, se permiten arriesgar más —por ejemplo, pegándole con más fuerza al gobernador— para tratar de ganar su propio triangular.
Aunque seguramente Unidos será el espacio más votado, Lewandowski podría salir como el candidato individual con más apoyos de cara a las generales del 10 de septiembre. Si Pullaro ganara la interna del frente de frentes, por su perfil atrapatodo el periodista deportivo podría recibir votos de quienes quieren una renovación del elenco político —y no son antiperonistas rabiosos— y de un sector del electorado socialista.
Con la gestión como plataforma de campaña, Omar Perotti acelera anuncios de inversión mientras sobrevuela el interrogante de cómo impactará electoralmente la crisis de seguridad en Rosario. En Unidos, y también en algunas tribus peronistas, se relamen ante la posibilidad de un fuerte voto castigo contra el mandatario en la ciudad. Las urnas dirán si es así o se trata sólo de una expresión de deseo.
Al igual que Perotti, Pablo Javkin hace campaña con la gestión como vidriera, mientras endurece —tardíamente, según algunos operadores opositores— la crítica contra el rafaelino por la violencia en la ciudad y se alinea en el espectro opositor con el eje bullrichista.
Por su lado, Miguel Tessandori da pelea y quiere dar el batacazo. “Pablo tiene lo que tiene y no va a crecer, Miguel tiene empatía con la gente y con sus actuaciones en los clubes recorrió todo Rosario”, dicen cerca del ex periodista.
En principio más lejos de la pelea por el primer lugar, el socialista Enrique Estévez salió a pegarle a Javkin y a Ciudad Futura, dos de los espacios que comieron parte del voto histórico del PS, y Carlos Charly Cardozo apuesta a presentarse como el bullrichismo auténtico en la ciudad.
En la interna del peronismo y aliados, Roberto Sukerman trata de capitalizar el desgaste del largo ciclo del Frente Progresista y apunta a municipalizar la elección, en tanto que Monteverde busca encarnar la verdadera transformación en la dicotomía continuidad versus cambio.
Como sucede en la categoría de diputados provinciales, en concejales un puñado de votos que se inclinen por una o por otra lista en el último tramo pueden determinar nóminasd muy diferentes en las generales. En ese juego de detalles, la sobreoferta de listas, la ausencia de pesos pesado en las boletas, el efecto de la boleta única (que elimina el efecto arrastre de los cargos ejecutivos) y la combinación del sistema D’Hondt más la paridad de género convierten a esas elecciones en un verdadero flipper.
Otro interrogante es el nivel de participación. En las Paso de 2019, votó en toda la provincia el 69% del padrón y el 65% de los electores rosarinos concurrió a las urnas para optar entre los precandidatos a intendente. Con la asistencia en baja en el resto de las provincias, cuesta pensar por qué Santa Fe sería una excepción. Un estratega opositor alerta que una menor participación perjudica a los desafiantes. “Mientras menos gente vaya, más pesan los aparatos”, indica.