La salida de Roberto Feletti de la Secretaría de Comercio con una carta donde confirma sus discrepancias con las herramientas de política económica del gobierno nacional desnudan aún más las ideas y vueltas, inconsistencias, contradicciones y mensajes confusos del propio presidente de la nación en relación a la grave crisis inflacionaria que somete a los bolsillos de la mayoría de los argentinos.
Feletti pidió elevar las retenciones a los commodities prácticamente desde que ingresó al gobierno, en el último trimestre de 2021. El tema estuvo en debate hasta que, provisoriamente, se saldó: no habría aumento de retenciones, y el empoderado ministro Martín Guzmán lo confirmó varias veces por los medios de comunicación. En las últimas horas, tal vez como una respuesta favorable a la intervención de Cristina Kirchner desde el Chaco, el presidente mudó la Secretaría de Comercio a la órbita de Economía. ¿Se trató de un reconocimiento de que la grave crisis de precios internos que padece la Argentina es un asunto principal de la política del gobierno nacional? Todo pareció indicar que sí.
Pero en concordancia temporal con esa decisión, el presidente se expresó, sorpresivamente, y contra toda lógica política, a favor de las retenciones, ingresando en un problemático cortocircuito con sus propios ministros que dicen lo contrario. Incluso, el de Agricultura, Julián Domínguez, publicó una incómoda desmentida a su jefe por twitter con la frase “de ninguna manera vamos a aumentar las retenciones, ni mandar un proyecto de ley al Congreso”.
El episodio, que tiene apenas cuatro días, propició incluso la interpretación de que se trataba de una sofisticada operación comunicacional del propio presidente, que habría instalado un tema para congraciarse con los propios, “impulsar las retenciones”, a la vez que mandó a su ministro del área a que diga lo contrario, en este caso para congraciarse con las patronales agropecuarias, visceralmente adversas a pagar retenciones.
Con todo, el climax de confusión se vivió este lunes, cuando el presidente volvió a declarar a favor de las retenciones en los medios de comunicación (Radio AM 990), aunque esta vez endilgándole a la carencia de una relación de fuerzas favorable – con la oposición- en la Cámara de Diputados para avanzar con un proyecto de esas características. “Tenemos que desacoplar los precios internos de los externos y para eso las retenciones son un instrumento idóneo. Pero necesito una ley, y tengo una oposición que dice que no quiere que se toque el tema. Sino quieren retenciones, ¿qué proponen?”
Entretanto, el jefe del bloque oficialista en Diputados, el rosarino Germán Martínez, perfectamente alineado con la Casa Rosada, hizo su aporte a la confusión generalizada, cuando propuso la conveniencia de debatir en la Cámara baja un proyecto de ley para elevar las retenciones, y de ese modo, morigerar el impacto devastador de la guerra en los precios para las grandes mayorías de argentinos, y el beneficio desmesurado de una pequeña cúpula exportadora.
¿Quiere o no quiere Alberto Fernández enfrentar el problema de los precios subiendo retenciones en medio de un creciente clima bélico? Desde el kirchnerismo deslizan que Alberto tiene una dificultad política para asumir una herramienta que se vuelve ineludible a medida que crecen los precios internacionales. Pero que, además, habría quedado atrapado a una encerrona de tipo psicológica, muy inconveniente en las durísimas condiciones del ejercicio del poder: la idea de “me encantaría, pero no puedo”.
En este contexto, Feletti envió su carta de renuncia. Según el cálculo del ahora ex Secretario, de no tomarse de manera urgente una política de shock contra el aumento de precios internos en la Argentina, la inflación no se detendrá, y podría, incluso, incrementarse. Todo lo cual, aun en el contexto de buenos noticias sobre el crecimiento de la economía, conduce al movimiento nacional popular expresado en el FdT a un penoso – aunque sin grandes sobresaltos- camino de la derrota política en 2023.
“Ganen o mueran”, fue una frase que rescató un ministro también clave – y exitoso- del actual gobierno nacional, Gabriel Katopodis (Obras públicas), a propósito de los “voces” que recogen los funcionarios de sus habituales recorridas por los territorios. Katopodis, un hombre del presidente, no “cristinista”, sin embargo, pareciera, está decidido a sobrevivir. O, tal vez, tiene más horas de psicoanálisis que el propio presidente.