El término profanación es de una dureza simbólica que ningún rosarino estaba esperando escuchar ese 7 de enero de 1976. Cerca del mediodía comenzó a circular por la ciudad la noticia del hurto de las joyas de la imagen de Nuestra Señora del Rosario de la Catedral. Fue un shock no sólo para los fieles católicos y ninguna autoridad pudo dar respuestas. La investigación no dio resultados y la Virgen quedó desnuda de sus atributos, que fueron reemplazados por otros exactamente iguales. Son los que luce hoy la imagen venerada en una cripta de la Basílica. A 45 años, algunos detalles del antes y el después del oprobio.
Con la creación del Curato del Pago de los Arroyos, desde el 7 de mayo de 1731 el sacerdote Ambrosio Alzugaray se encarga de la capilla y de la escuela, y entroniza la primera imagen de la Virgen del Rosario. La segunda será encomendada por su sucesor, Francisco de Cosio y Terán, a artistas de la ciudad española de Cádiz. Será el tercer párroco, Miguel de Escudero, quien reciba la segunda imagen y la ponga en su altar el 3 de mayo de 1773.
En 1852 Rosario será declarada ciudad y en 1854 la parroquia Nuestra Señora del Rosario se convierte en Iglesia Matriz. La diócesis se crea en 1935, y desde el 16 de marzo la iglesia es nombrada Catedral y Antonio Caggiano es el primer obispo.
En 1925 se inaugura el camarín subterráneo de la Virgen. En 1939 el papa Pío XII autoriza la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario que se realizará el 5 de octubre de 1941. En 1963 Rosario es una arquidiócesis y Guillermo Bolatti su primer titular, que era obispo desde 1961. El 6 de octubre de 1966 la Catedral pasa a ser Basílica, y la Virgen es honrada con sus nuevos atributos.
Cómo eran las joyas
El 8 de octubre de 1976, La Capital expresa la indignación de los rosarinos. “Roban atributos de la Virgen y el Niño” informa el diario con un título de grandes proporciones y va directo al hueso: “El camarín de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad, fue profanado por autores desconocidos”. Tras hacer un intento de descripción del hecho, abona un dato fundamental: “El acceso al camarín no presenta muestras de violencia”.
Con un gran título, el 8 de octubre de 1976, La Capital expresa la indignación de los rosarinos / Archivo Histórico Diario La Capital.
La corona tenía un peso de 700 gramos de oro y tenía brillantes de setenta kilates y perlas negras, producto de una colecta que se realizó entre las damas de clase alta rosarinas y de miles de pequeños aportes. Forman parte de las joyas de la Virgen una aureola, que intenta realzar la pequeña imagen, una corona menor para la cabeza del niño y un rosario de piedras preciosas.
El modus operandi
Para describir el modus operandi es necesario primero reconocer el área del incidente. La Virgen del Rosario expuesta en la nave principal de la Catedral es una imitación de la que posee los atributos. Para acercarse a ésta, hay que descender hacia el camarín. El descanso de adoración es de no más de dos metros de ancho contenido por una reja. A lo lejos puede avistarse la imagen de la Virgen.
El altar de exposición posee un dispositivo de resguardo por el cual la imagen se mueve mecánicamente hacia una caja de metal que le hace de seguro depósito. Para el día del saqueo la maquinaria no funcionaba y el candado de una de las rejas no estaba.
El ladrón habría entrado a la iglesia en horas de mañana como cualquier feligrés, descendió a la cripta, oteó que no hubiese delatores y se metió por debajo de la reja que no estaba asegurada. Como el mecanismo no la había resguardado, la Virgen y el ladrón quedaron solo separados por un vidrio. El caco despejó el divisor y embolsó la corona de la mujer, la del niño que la acompaña y un rosario.
Otra versión especula con que no se llevó el botín sino que lo escondió para esfumarse más tarde sin que nadie lo viera. Es más, no era un ladrón sino dos y habrían entrado a la iglesia el sábado y escapado el domingo. De allí que no se haya podido establecer ni el día ni el horario exacto del saqueo hasta que la voz de la desesperación sonó el miércoles 7.
El botín estuvo valuado en 120 millones de pesos moneda nacional, la policía nombró una "comisión especial" para la investigacion y el hecho, según La Capital, "permanece ajeno a todo calificativo".
En un editorial fechado el 15 de enero, La Capital repudia el robo, cree que ciertos delitos como éste causan "repulsa manifiesta y generalizada", y se esperanza con que en "un acto de amor y sano arrepentimiento, anónimamente si se quiere" los atributos "sean devueltos por quienes cometieron el impío acto de burla (que) agravia a los rosarinos" .
Un testigo vivo
Osvaldo Ramos nació en Refinería, tiene 73 años y hace 53 que pertenece a la comunidad de la Iglesia Catedral, de la que hoy es su sacristán. Es testigo vivo y tiene una idea formada sobre los acontecimientos. “Uno de los candados de la reja no estaba o estaba abierto”, recuerda y conocedor de cada centímetro del edificio y de sus actividades diarias, tiene la seguridad de que hubo un entregador.
Ramos tiene muy presente el “enorme disgusto” que se llevó el cura párroco de la Basílica, Lester Novello, quien estaba en ese cargo desde junio de 1972. Pero también la energía desplegada luego por el sacerdote nacido en Echesortu para reparar, en parte, la falta.
El sacristán de la Catedral, Osvaldo Ramos, delante de la reja del camarín que separa la imagen de la Virgen de los feligreses / Diario La Capital / Orlando Verna.
El sacristán Ramos describió el esforzado llamado a reponer las joyas. Las donaciones fueron de menor calidad de metales para esta segunda oportunidad y fue un gran problema hallar una piedra preciosa de porte para el centro de la corona de la Virgen. Y dejó en claro un debate: "La corona de la Virgen es exactamente igual a la que tenía, no es una copia, es una réplica exacta porque teníamos los planos para su construcción".
Responsabilidades
Preguntado por los pormenores de la pesquisa, el historiador Miguel Carrillo Bascary aseguró que “la Justicia no pudo justificar el acto” y por ello el expediente duerme en Tribunales sin resolución. "No fue factible recuperar nada ni certificar quién fue el autor", expresó y agregó: "Hubo una gran investigación, pero no hubo ningún recupero".
Sobre el ladrón, las referencias de época hablan de un “gitano” como el responsable del hurto y hasta se hicieron allanamientos en diferentes barrios de la ciudad donde se asentaban estas comunidades. Podrían explicarse estas decisiones sobre la hipótesis de la inmediata reducción de los metales preciosos y la venta de las piedras, sin control oficial, a la que se habrían dedicado esa colectividad por aquellos años.
De todos modos, el término “gitano” parece a esta altura un reduccionismo de tinte discriminador que era de uso común en los años 70 para señalar las diferencias culturales expresadas por el rosarino-medio. Así, otros “diferentes” también eran tildados con ese mote.
La reposición
Realizada la colecta para devolverle las joyas a la Virgen, el trabajo de orfebrería se le encargó a la Joyería Perret, que estuvo ubicada en San Martín casi Córdoba. Don Carlos U. Perret había confeccionado la primera corona de 1941 y ahora sus discípulos, con los planos originales a la mano, concluyeron una labor de delicado y puntilloso detalle.
Detalle del plano de la corona, aureola y pedestal de la imagen de Nuestra Señora del Rosario / Rosario y su Virgen fundadora. Reseña histórica.
Carrillo Bascary suma un detalle. Cuando la corona estuvo terminada y hubo que llevarla a la Catedral, comenzaron las paranoias. En la joyería propusieron llamar a la policía y hacer un enorme despliegue para un traslado “cuidado” por los feligreses. Pero no. Se optó por lo contrario. Una empleada de la joyería fue escoltada por un “morrudo” compañero de trabajo y ambos hicieron tranquilamente a pie, y con las joyas en una caja, el trayecto por la calle Córdoba hasta Buenos Aires.