La cooperativa pasó de mano en mano y hoy se adjudica ser propietaria de los
terrenos. Hace unos años, un juicio laboral en su contra puso al borde del remate a casi todo el
pueblo. Y a partir de entonces comenzó un largo camino para que sus habitantes sean reconocidos
como propietarios.
Entre los afectados hay trabajadores agropecuarios, maestros, jubilados,
empleados públicos y beneficiarios de planes sociales. Pero también hay dudas sobre la propiedad de
los terrenos donde está la parroquia de Fortín Olmos y hasta una carpintería que es propiedad del
hijo del jefe comunal no tiene escritura. Y hay más: la provincia posee una escuela a unos pocos
kilómetros del pueblo sin tener en regla la cuestión dominial.
Lo que ocurre en Fortín Olmos es similar a lo que sucede en otras localidades
del norte santafesino: Los Amores, Garabato, Tartagal, Intiyaco o Cañada Ombú, por citar sólo
algunas. Cada tanto, la bandera roja de remate pretende instalarse entre sus pobladores, izada por
algún negocio inmobiliario o explotación agropecuaria en expansión.
Una iglesia poco terrenal
Según cuenta la abogada Gabriela Contepomi, integrante de la Fundación Servicio
Jurídico Solidario, "lo que hizo La Forestal cuando se retiró fue entregar tierras a sus antiguos
capataces. Ellos, según figura en un acta, tenían que darle prioridad de compra a los empleados de
la compañía, pero eso no se respetó y, en muchos casos, le vendieron a terceros . Esto era todo de
La Forestal. Además, en Fortín, La Forestal había hasta donado tierras para hacer la capilla y se
las dejó al capataz, a don Román Rojas. Tengo el acta original. Todos los obispos se quejaron pero
Rojas se la vendió a un tercero. La capilla está en el aire, igual que el hogar de ancianos".
Quizá fue esa la razón que impulsó al cura Giancarlo Miastrello a contactar a
Contepomi para que se ocupara del caso Fortín Olmos. O la desesperación de la gente que cada tanto
recurre a él para que le explique por qué su casa o su parcela está embargada o figura en una lista
de remate. Lo cierto es que Miastrello pidió socorro a Contepomi, quien ya había salvado del remate
a medio pueblo en Los Amores (ver aparte).
"Por el momento no hemos encontrado los papeles", dice Miastrello cuando se lo
consulta por los títulos de propiedad de su parroquia, pero asegura que en otras localidades
cercanas ha visto actas que incluyen varias poblaciones a la vez.
"Me la paso apagando incendios, pero lo vamos a lograr", insiste la abogada una
y otra vez. Esos "incendios" de los que habla son los remates, embargos o negocios inmobiliarios
sorpresivos. Es que la mayoría de los terrenos de Fortín Olmos y la zona rural no están a nombre de
sus habitantes, sino de la Cooperativa de Ayuda Fraternal (sic). Una entidad que fue creada para
impulsar el desarrollo del pueblo pero de la que hoy nadie quiere oír hablar. Para ellos, es como
el fantasma de La Forestal, pero aggionardo.
Es que las 130 familias que están bajo el amparo de Contepomi tienen en su poder
un boleto de compra venta, otorgado por la cooperativa, que es una fotocopia. "En los boletos la
única firma original que existe es la del comprador", advierte la abogada. Aunque tampoco tiene
fecha cierta, "igual es un documento que prueba algo y lo qué sí existen son recibos originales por
los pagos que se hicieron".
La ya famosa cooperativa es un enigma para muchos. Pero todos la sindican como
la clave del problema. "Ni me hable de esa gente", protesta el jefe comunal de Fortín Olmos, Héctor
Gómez. Ni él sabe de dónde provienen sus fondos ni cuáles son sus cabezas visibles, pero sí está al
tanto de que no tributa y que la entidad tiene fuertes deudas provinciales y nacionales, y también
del ámbito privado de las que devienen los embargos e inhibiciones.
Cada tanto aparece algún profesional o damnificado tras un supuesto negocio
inmobiliario que la emprende buscando cobrarse las acreencias con los bienes de la entidad. Y gran
parte de esos bienes son terrenos donde vive la gente de Fortín, o incluso su hospital o una
escuela que está emplazada en el distrito.
El padre Giancarlo también expresa cierto enojo con la entidad. "No sé, no está
claro quiénes son, no están los libros, faltan actas y balances. Está acéfala, no sé... es trucha",
advierte, y desconfía: "En todo esto hay algo de mafia, que no se entiende, no se comprende.
Nosotros creemos que a veces envían gente para escuchar lo que decimos, no es que tengamos nada que
esconder, pero así se adelantan a lo que pensamos hacer".
El litigio como trama
"Nunca nos comunicamos con esa gente", se ataja Contepomi cuando se le pregunta
por la cooperativa. Ella entró en el tema cuando un abogado pidió el remate de terrenos del pueblo
para cobrar honorarios caídos de un juicio laboral contra la cooperativa. "Eso ocurrió entre 2003 y
2005, el profesional inhibió los bienes de la cooperativa, algo lógico que nosotros no discutimos
porque tiene derecho a cobrar, pero el tema es que había gente viviendo allí, y ahí salta lo de la
falta de escritura, y los boletos apócrifos", explica.
"Si bien el profesional llevó adelante las constataciones, o sea se llegó al
sorteo del martillero, logramos que desistiera de pedir la ejecución de esas tierras", detalla
Contepomi tras sostener que la intervención directa de su ONG ayudó a que se frenara el remate. "Yo
creo que cuando se le advirtió que había gente viviendo, y al tomar conocimiento de que éramos los
mismos de Los Amores, se dio cuenta de lo que podía ocurrir y desistió de seguir adelante sobre
esos bienes. La cooperativa tiene otros terrenos libres de ocupantes", agrega la abogada.
Igual, el intendente se lamentó de que días atrás remataran finalmente un campo
que está en el distrito cuyo ocupante había fallecido días antes. "Es terrible, cada tanto cae
algún remate, quedó la viuda en una situación complicada pero ya veremos qué es lo que se puede
hacer", reflexionó.
Un pueblo en el aire
Todos coinciden en que Fortín Olmos está en el aire. La cooperativa sigue
actuando y como está en una situación complicada por sus inhibiciones siempre termina en juicios.
Por eso Contepomi insiste con la necesidad de escriturar. Y para lograrlo se decidió iniciar un
procedimiento judicial llamado usucapión, a través del cual se reclama el derecho de propiedad del
ocupante, quien la ha tenido a su cargo por más de 20 años. O sea, en ese proceso se debe demostrar
que el ocupante ha tenido "ánimo de poseer" la propiedad, la ha cuidado y tratado como propia e
incluso le ha realizado mejoras.
Por eso ya inició la declaratoria de pobreza de los vecinos afectados, "porque
todo esto sale mucha plata", acota la abogada. El proceso hacia la escrituración implicará el
trabajo de agrimensores, por ejemplo, que deberán mensurar 30 kilómetros. "Por más que los
agrimensores, escribanos, asistentes sociales, abogados, decidieran donar sus honorarios, igual hay
tributos y sellados que pagar", advierte la especialista, que ya logró la escrituración de la mitad
de Los Amores, y ahora inicia un proceso similar con Fortín Olmos.
"Y no son sólo esos pueblos. Hay más: Garabato, Intiyaco, Cañada Ombú, pasa en
todos lados, es desesperante", dice Contepomi tras asegurar que las situaciones se replican porque
siempre hay "alguien" que los corre. Ese "alguien" puede tomar diversos ropajes. "Siempre aparece
alguien como propietario. Yo no sé si los corre la soja o la caña o vaya a saber qué negocio
inmobiliario, pero lo cierto es que siempre alguien aparece entre las sombras y aduce ser el
dueño", se lamenta la abogada.
"Nos dejan sin nada"
Gómez, el intendente de Fortín Olmos, también se refiere a la situación. "Esto
no es fácil, son años de abandono, encima a la pobreza de esta zona, se suma el tema del problema
dominial y ahora la sequía", explica, mientras comenta que en los años 90 se compraron en la zona
muchas tierras. "Acá también hay terratenientes de 50 mil y 100 mil hectáreas que tampoco tributan
y nadie hace nada. Mientras, la gente está cada vez más pobre; si tienen que viajar por salud o
algún trámite hay que darles dinero, no es fácil", detalla.
"Pareciera que nos dejan sin nada. Esto era un pueblo de hacheros. La Forestal
hizo lo suyo, después los capataces o contratistas se quedaron con todo, vinieron los curas, que
hicieron mucho bien, pero los corrió la dictadura de Onganía, y para completar llegó una
cooperativa fantasma. Quizás el error estuvo en el comienzo, al instalar un fortín para frenar a
los indios. La historia hubiese sido otra si dejaban a nuestros hermanos aborígenes", resume Gómez,
mientras mira el cielo y la tierra, ajena y seca. Por ahora.