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Pocho escribe: un mundo donde quepan todos los mundos

En diversos textos, agendas, cuadernos y papeles sueltos, Claudio Lepratti dejó registradas muchas de sus reflexiones y proyectos. Un legado todavía poco conocido, que descubre una nueva faceta de su figura

Domingo 16 de Diciembre de 2007

Los jóvenes de los ambientes populares inmersos en la miseria están profundamente heridos; la miseria, la falta de trabajo, (y prácticamente inexistencia de trabajo digno para ellos), la incidencia de problemas de drogadicción, embarazo precoz, y delincuencia los llevan a debilitarse y a caer permanentemente bajo la traición de sus hambres. Es así que se requiere un acompañamiento exigente que les recuerde sus propias opciones y les anime en su concreción para desmontar la montaña de frustraciones que se les ha creado.

Hemos encontrado en este tiempo diversos compañeros y compañeras de diferentes ideologías en esta tarea de acompañar a los jóvenes y su trabajo es rescatable pero debemos decir que no han soportado el desgaste de la tarea, por eso creemos que la opción desde la fe en esta tarea tiene una fuente de energía que en su momento es vital.

Debemos decir que una gran cantidad de buenos compañeros en este campo, incluso compañeros en la fe no pudieron darle continuidad a lo suyo. Creemos que el hecho de no hacer el esfuerzo de estar unidos a la Iglesia local, por más que esta fuera una comunidad desmoralizada, les resultó fatal, aunque trabajasen junto con el clero.

Hacer pastoral juvenil en una villa es estar expuesto a los golpes de cualquier lugar, incluso de los mismos jóvenes. Por eso recomiendo no hacerse enemigos, vienen solos, sino tratar de relacionarse con todos. Cualquier gesto o ayuda puede ser de un valor impagable para algún joven de esta situación y su crecimiento.

Podemos decir que en medio de esta situación tenemos más preguntas y dudas que certezas, aunque nos animemos a sostener pareceres.

Debemos considerar que la juventud vive un presente y lucha por un futuro propio (renegando de muchas hermosas propuestas), vive su propio tiempo y su propia cultura, y en ella se encuentra precisamente una de las posibilidades más grandes de transformación positiva y visionaria de la comunidad en general.

Para progresar saludablemente es necesario hacer visibles a los jóvenes y a sus organizaciones como actores de la pastoral juvenil. Visibles, respetados y escuchados como grupo. Logrando respaldo a todos los niveles para ellos. Es la legitimación.

¿Cómo se construye esa legitimidad?

Con la movilización e información. Comenzando por invitarlos a actividades donde ellos puedan ser protagonistas. Buscar en ellos propuestas de acción hacia la comunidad. Informar sobre sus expectativas, actividades y problemas, comunicar todo y en lo posible a todos. Es importante que los grupos de jóvenes o jóvenes individualmente tiendan puentes hacia la parroquia, la Municipalidad, los grupos políticos, organizaciones gremiales y los demás actores de la vida local, de tal forma que a su vez sean oídos y tenidos en cuenta a la hora de las decisiones.

La misma animación del proceso de asociacionismo juvenil irá proyectando espacios para la legitimación de los jóvenes como actores importantes de la vida local.

Muchos jóvenes se han perdido en nuestro camino, por ejemplo en enero de 1988 hicimos un campamento en Fray Luis Beltrán. Fuimos veintidós de La Vagancia, fueron dos campamentos paralelos en uno (nos reuníamos a cocinar y comer, después cada grupo tenía sus actividades). ¿Allí qué decimos?: el grupo perdió a once integrantes a favor de la droga, o la droga perdió a once candidatos a la adicción a favor del asociacionismo.

En esta realidad es difícil hablar de éxitos o fracasos, objetivamente.

Nuestra pastoral juvenil ha apostado al asociacionismo, a la institucionalización desde abajo. ¿Es evaluable esto? Podemos decir que estamos satisfechos, nos sentimos bien de seguir en búsqueda, tratando de zafar siempre de la "tentación del Tabor".

Hemos logrado con los jóvenes participantes de la vicaria la institucionalización, y ahora el desafío es tratar de profundizar en la religiosidad, desde cada espacio, cada situación, cada mundo juvenil.

Como nos decía el padre Luis Farinello en el quinto encuentro del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo: religión viene de religar, volver a ligar, hacer el diálogo, un intercambio profundo con Dios, del cual soy imagen y semejanza y que me desafía a dejarme acompañar por Él, por los demás humanos y por toda la creación a desarrollar mis potencias para llegar a la mayor perfección que en este marco se haría posible, a lo que llamaremos "cielos" (Padre Nuestro) o felicidad-realización. Para poder realizar ese diálogo profundo es necesario que me conozca, para conocerme tengo que andar y confrontarme con mis dificultades y mis posibilidades, descubrirme en el encuentro con los otros, en el hacer y hacer con los otros.

Ese es el sentido del asociacionismo. Y el asociacionismo para tener sentido tiene que reciclarse permanentemente para ser fiel a su objeto, ser herramienta del hombre, una herramienta valiosa, por eso una herramienta. Claro que sin herramientas no podemos hacer nada.

 

(Fragmento de un trabajo

realizado en el Seminario

de Pedagogía Salesiana)

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