El glaucoma es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo y, al mismo tiempo, una de las patologías que más pasan desapercibidas. No duele, no cambia el aspecto del ojo y, en sus primeras etapas, no altera la visión central. Esa ausencia de señales es, precisamente, lo que la convierte en un problema grave: cuando el paciente consulta, el daño sobre el nervio óptico puede estar ya instalado.
"El principal desafío del glaucoma es que no da señales claras en sus inicios. Muchas veces el paciente consulta cuando el daño ya está instalado", advierte el doctor Francisco Martínez Melella, médico oftalmólogo de GO Oftalmología. La pérdida visual comienza por la periferia del campo visual, de manera tan gradual que el cerebro compensa durante meses o años sin que la persona lo registre en su vida diaria.
En Argentina, más de un millón de personas conviven con glaucoma y se estima que cerca de la mitad desconoce su diagnóstico. La enfermedad afecta a aproximadamente 3 de cada 100 personas mayores de 40 años, y su prevalencia aumenta con la edad. Los antecedentes familiares, la miopía o hipermetropía alta y el uso prolongado de corticoides son factores que elevan el riesgo de desarrollarla.
Cómo se produce el daño
Para comprender el glaucoma es necesario conocer la mecánica interna del ojo. En su interior circula un líquido llamado humor acuoso, que nutre las estructuras oculares y mantiene la forma del globo. Cuando el sistema de drenaje de ese líquido falla, la presión intraocular sube y daña progresivamente el nervio óptico, el cable que transmite la información visual al cerebro. Las fibras nerviosas de la visión periférica son las primeras en verse afectadas.
Sin embargo, la presión elevada no es el único indicador a considerar. "Hay formas de glaucoma que pueden desarrollarse incluso con valores normales de presión, por eso el diagnóstico no depende de un solo estudio", subraya Martínez Melella. Esa advertencia pone en evidencia un error frecuente: creer que una consulta para actualizar la graduación de los anteojos es suficiente para descartar patologías serias. El diagnóstico del glaucoma requiere una evaluación específica y completa.
El examen incluye la medición de la presión intraocular, la evaluación del nervio óptico y el análisis del sistema de drenaje. A eso se suman tecnologías de imagen que permiten detectar alteraciones estructurales antes de que aparezcan síntomas. "El objetivo es identificar cambios en etapas muy tempranas. Hoy contamos con herramientas que permiten ver el daño antes de que el paciente lo perciba", explica el especialista.
"Los pacientes con antecedentes familiares o mayores de 40 años deberían incorporar el control oftalmológico como parte de su rutina de salud", agrega Martínez Melella. La recomendación apunta a un cambio de hábito concreto: no esperar síntomas para consultar.
Un tratamiento continuo, no un punto de llegada
El glaucoma no tiene cura, pero en la mayoría de los casos puede controlarse. El tratamiento tiene un objetivo claro: reducir la presión intraocular para detener o ralentizar el daño sobre el nervio óptico. Las estrategias disponibles incluyen medicación en gotas, procedimientos con láser o cirugía, según la evolución de cada caso.
Lo que distingue al manejo del glaucoma de otras patologías es su carácter continuo. El seguimiento no termina cuando se inicia el tratamiento, sino que se sostiene en el tiempo para detectar cambios y ajustar decisiones. "El control del glaucoma no se basa en un único estudio, sino en la integración de distintas evaluaciones a lo largo del tiempo. Poder comparar resultados y sostener una línea de seguimiento es lo que permite tomar decisiones adecuadas en cada etapa", explica Martínez Melella.
Ese modelo de atención exige acceso a tecnología diagnóstica específica y a equipos con formación en el manejo de la enfermedad. GO Oftalmología, parte de la red del Grupo Oroño, integra esos recursos en un mismo ámbito de atención, lo que facilita la continuidad del seguimiento clínico. La clave, según los especialistas, es no esperar a que la visión se deteriore para actuar.