Un cielo amenazante cruzado por rayos que en cuestión de minutos mutó en aguacero, la celosa custodia de fuerzas de seguridad nacionales que vallaron los alrededores del majestuoso edificio de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y una marcada indiferencia entre los habitantes de una ciudad raleada por el fin de semana largo se combinaron para que la llegada de los seis candidatos presidenciales al Paraninfo se produjera anoche en un marco despojado y carente de calidez popular.
Pasadas las 19, poco menos de dos horas antes de iniciarse el debate, comenzaron a asomar a la altura de bulevar Pellegrini los vehículos que transportaron a los candidatos directamente hasta el ingreso montado sobre calle 9 de Julio, a la vuelta del Paraninfo.
Juan José Gómez Centurión, José Luis Espert y Roberto Lavagna fueron los adelantados. Detrás de ellos se sumaron Nicolás del Caño y, con pocos minutos de diferencia, Alberto Fernández y Mauricio Macri. El presidente, que llegó junto a la primera dama, Juliana Awada, y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, rompió el hielo al intercambiar una broma con el candidato de Despertar, que ofició risueñamente de recepcionista de la comitiva oficial.
Mientras los postulantes ingresaban a las inmediaciones del Paraninfo, donde mantuvieron una reunión previa al debate en una de las salas magnas de la UNL, por una especie de zona mixta reservada a la prensa ya desfilaban desde hacía rato referentes de la política provincial y nacional.
Entre ellos, los que generaron los más profusos enjambres de cámaras, micrófonos y celulares a su alrededor fueron el gobernador Miguel Lifschitz y su sucesor, Omar Perotti. Además de arrimar agua para los molinos de sus respectivos candidatos presidenciales (Lavagna y Fernández), las máximas referencias del socialismo y el PJ cruzaron declaraciones referidas a la agitada transición santafesina.
A metros de allí también dialogaban con cuánto periodista se les cruzara en sus trayectos el intendente santafesino y referente de Juntos por el Cambio, José Corral, y el candidato a vicepresidente de Consenso Federal y gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, mientras otros dos referentes de ese espacio, Matías Tombolini y Marco Lavagna (con un llamativo pin-sandalia en el saco) dialogaban animadamente con asesores de la campaña, aunque sin disimular la tensión por el histórico debate.
A Fernández lo acompañaron varios dirigentes peronistas de la primera línea y, entre ellos, una sorpresa que el propio ex jefe de Gabinete se encargó de resaltar apenas arrancó el debate: el ex candidato presidencial Daniel Scioli (ver aparte). "Allí está sentado en la primera fila", señaló Fernández al ex motonauta, mientras le asestaba un primer golpe a la mandíbula al presidente enrostrándole sus "mentiras" en el debate de 2015.
También asistieron los rosarinos María Eugenia Bielsa (cada vez más candidata a ocupar un ministerio en un eventual gobierno nacional, Marcos Cleri y Agustín Rossi (diputados nacionales) y la vicegobernadora electa, Alejandra Rodenas.
Cuando el debate apenas promediaba, algunos asesores, que se mezclaron con los periodistas destacados en las salas de prensa montadas en la Facultad de Derecho, ya sacaban sus primeras conclusiones. "El presidente hace bien en mostrarse como mandatario más que como candidato y no contestar las chicanas de Fernández", celebraron en Juntos Por el Cambio.
A su vez, un dirigente peronista envió un mensaje de WhatsApp a un periodista: "Escuchaste, ¿no? Fernández 2, Macri 0". Aludió, de ese modo, a la referencia inicial de Scioli y a cuando el candidato le achacó al presidente "no haber entendido nunca de qué se trata la economía".
En las filas de Lavagna y Espert se frotaron las manos con la supuesta preeminencia de sus postulantes cuando se abordó la cuestión económica. Las expectativas de los asesores de Del Caño y Gómez Centurión fueron mucho más módicas, pero optimistas: "Este debate los instalan definitivamente como referentes de la política argentina".