Política

Martín Sivak: “Néstor Kirchner gobernó con Clarín y Cristina contra Clarín”

El biógrafo no autorizado del gran diario de la Argentina lo entendió antes que el resto y publicó: “Clarín, la era Magnetto”, con un formato atractivo para entender la relación entre política y medios.

Domingo 16 de Agosto de 2015

Clarín, el diario que en la posdictadura se metamorfoseó hasta convertirse en el multimedios más imponente de América latina bajo la conducción del mítico CEO Héctor Magnetto, se convierte en un fantástico tester de la política argentina de los últimos 30 años.

Martín Sivak, el biógrafo no autorizado del gran diario de la Argentina, lo entendió antes que el resto y publicó “Clarín, la era Magnetto” con un formato que, de tan atractivo, se convierte en imprescindible para quienes quieran entender los pliegues y contrapliegues de la relación entre la política y el medio que, al fin, fue elegido como el enemigo público número 1 por la presidenta Cristina Fernández.

Sivak, lo expresa con claridad: “Néstor gobernó con Clarín y Cristina contra Clarín”. Pero antes del kirchnerismo también hubo grandes historias.

—¿Qué cambió y qué impronta tuvo y tiene el diario durante la “era Magnetto”?

—En los dos períodos anteriores, el de Noble y el de Frigerio, Clarín era conducido por dos políticos, que tenían al diario, en el caso de Noble, como una catapulta para volver a la política; y en el caso de Frigerio, para defender la agenda desarrollista. Lo que cambia Magnetto es que trae un proyecto de expansión que incluía despartidizar al diario. Clarín, en las élites, estaba muy asociado a Frigerio. Con Magnetto se convierte a Clarín en multimedio, y se logra un incremento mayor de su influencia.

—Con Alfonsín, Clarín tuvo algunos enfrentamientos.

—Había una combinación de cosas. Clarín siempre fue un diario poco amigo del radicalismo. Noble reivindicó hasta sus días finales el golpe del 30, y había en Magnetto una manera de asociar al radicalismo como un conjunto de politiqueros sin un proyecto muy claro. Clarín fue muy crítico de Alfonsín desde el inicio. Las críticas al plan económico de Alfonsín se mantuvieron hasta las horas finales del gobierno. Además no apoyó ninguno de los proyectos refundacionales de Alfonsín. Clarín se entusiasmó con que Alfonsín derogara el artículo 45 de la vieja ley de radiodifusión para poder entrar a la radio y la TV. Alfonsín decía “me corto un huevo en cuatro partes antes que darle esa ley a Clarín”. Pero, al mismo tiempo, decidió hacer la vista gorda por la situación irregular en Radio Mitre. No le dio lo más importante, pero no confrontó en un conflicto mayor.

—¿Hubo reprimendas públicas de Alfonsín a Clarín?

—Tres veces por tres tapas. La primera cuando dio por muerto a un empresario que no había muerto, cuando mezcló desocupación y subocupación y por la entrevista a Guglielminetti. En el radicalismo había dos líneas: la más dura, representada por Nosiglia, y luego había funcionarios más conciliadores. Y Alfonsín se mixturó entre eso. Clarín había apoyado a Luder y desde el 87 simpatizó con Cafiero. El peronismo dirimió muchas de sus internas en Clarín, todos ponían empeño en influir a sus columnistas, al secretario general de la Redacción. La Nación era un diario más asociado al radicalismo en ese tiempo. La Redacción de Clarín de los 80 era muy peronista: cuando hicieron un simulacro de elección, en el 83, arrasó Luder y Alfonsín salió tercero. Las excepciones eran Joaquín Morales Solá, el principal columnista político, y Marcos Cytrynblum.

—También con Menem la relación fue bamboleante...

—Menem, con una ingenuidad extraña en él, pensó que con la privatización de Canal 13 iba a tener a Clarín acompañándolo durante toda su presidencia. Clarín acompañó durante los 3 primeros años; tuvo apoyos explícitos, por ejemplo, con los indultos. Luego, la doctrina era “que los otros escriban y nosotros vamos acompañando”. Clarín se perdió primicias, como el Yomagate, donde Oscar Raúl Cardozo tenía esa historia pero la publicó Horacio Verbitsky, porque en un diario se podía publicar y en otro no. Los dialoguistas con Clarín eran Eduardo Menem, Eduardo Bauzá y Carlos Corach. Ellos sabían que los lectores de Clarín eran los votantes del peronismo.

—“Era como tener la propiedad de la clase media”, dice usted en el libro.

—Claro, para ese sector del peronismo era eso, pero nadie lo pudo demostrar. El primer pico de tensión fue en el 93 cuando Guillermo Patricio Kelly volvió a hacer público un mensaje extorsivo respecto de los hijos de Ernestina. Parte de la habilidad de Magnetto todos estos años fue contener y apoyar lo que le pidió la directora. En el segundo mandato, por consejo de los anticlarinistas, como Alberto Kohan, apoyó al CEO, que creó un holding con las dimensiones de Clarín. Ese fue el sueño que luego tendría Néstor Kirchner: tener su propio multimedio para contrapesar a Clarín. En ese segundo mandato, Clarín se hizo antimenemista. Ese fue el momento de mayor prestigio y reconocimiento.

—Kirchner fue un aliado de Clarín.

—Lavagna, al año de la Presidencia de Kirchner, clasificó las 360 tapas de Clarín por pedido de Néstor. Y la valoración fue de apoyo al gobierno. Kirchner era un obsesivo con las cosas pequeñas del diario a diferencia de Menem, a quien le interesaba la tapa. Kirchner definía hasta qué periodista debían acompañarlo en las giras.

—Siempre se dice que Alberto Fernández era un jefe de Redacción paralelo...

—Alberto Fernández era el canciller de Clarín. Tenía gran cotidianeidad con los columnistas políticos y los jefes de Clarín. Kirchner subió al “Kirchnermóvil” a Clarín, Moyano, los organismos de derechos humanos. No se olvide que la renegociación de la deuda fue un paralelo con la renovación de la deuda de Clarín, que fue clave para que la empresa salga de la gran crisis que tuvo en 2002. Néstor gobernó con Clarín y Cristina contra Clarín.

—Y a los dos les fue bien con esas estrategias diferenciadas.

— Políticamente fue muy redituable el conflicto para el gobierno. Dañó económicamente a Clarín, afectó su imagen y lo presentó como el verdadero opositor, menospreciando a la oferta política de la oposición. A Cristina la ayudó enfrentarse a Clarín e hizo caer el mito de que ningún gobierno resiste 4 tapas de Clarín. En verdad, todos los presidentes tuvieron 4 tapas en contra del diario.

—Sí parece ser verdad que los gobiernos pasan y Clarín queda.

—Sí, sin duda. Clarín olfatea los humores sociales. Corach dijo: “Nosotros gobernamos 10 años pero Clarín gobernó y gobernará muchos más”. Entrevisté a presidentes, ministros, secretarios, y el miedo a Clarín era muy marcado, como en los empresarios y en los competidores; las excepciones fueron Julio Ramos y Héctor Ricardo García. Magnetto fue muy hábil en administrar esos temores. Y eso se rompió por el conflicto con el gobierno kirchnerista.

—Usted conversó con Magnetto. ¿Esa “magnettofobia” de los kirchneristas que lo convierte en jefe del imperio del mal, se corresponde con la talla del personaje o es otro “relato”?

—Cuando lo vi a Magnetto tenía miles de historias de gente que lo trató y no se correspondían con esta idea del jefe del imperio del mal. Lo que más me llamó la atención es su voluntad para expresarme las decisiones empresariales. Se acaba de recuperar de un cáncer, tiene 71 años, y eso también pesa. Es un empresario muy político, aunque muchas de sus respuestas no me hayan sonado demasiado convincentes. Pero traté de evitar las adjetivaciones en el libro.

 

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