Política

Londres planeó devolver al represor Astiz bajo otra identidad apenas terminó la guerra de Malvinas

El gobierno británico planificó meter al militar en un vuelo directo de Londres a Buenos Aires, según revelan documentos desclasificados en el Reino Unido sobre el conflicto bélico de 1982.

Domingo 30 de Diciembre de 2012

Al finalizar la Guerra de Malvinas en 1982, el Reino Unido planeó devolver a su país al capitán de la Armada Argentina, Alfredo Astiz, bajo otra identidad para eludir los reclamos diplomáticos de Francia y Suecia, que querían interrogarlo por delitos de lesa humanidad.

El gobierno británico planificó meter al militar en un vuelo directo de Londres a Buenos Aires, revelan documentos desclasificados en el Reino Unido sobre el conflicto bélico de 1982, que detalla hoy el diario La Nación.

Astiz, que actualmente cumple cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, estuvo al mando de la Armada en la ofensiva ordenada por el dictador Leopoldo Galtieri para recuperar las Islas Malvinas.

El capitán, que era requerido por la desaparición de dos monjas francesas y de una joven argentino-sueca, fue capturado en las islas Georgias del Sur: se rindió sin disparar un tiro tras dos bombardeos.

La imagen del momento en que firmó su rendición “incondicional”, el 25 de abril de 1982, ante dos oficiales británicos, recorrió el mundo. Su uniforme, con los galones incluidos, se exhibe desde entonces en el Imperial War Museum de Londres.

El plan de Londres incluyó la reserva de un pasaje aéreo para el miércoles 9 de junio, cuatro días antes de la rendición argentina. “La Nación” señala que no llegó a concretarse aunque de todos modos Astiz inició su regreso un día después, con escala en Brasil, cuya dictadura también presionó a Gran Bretaña.

El esfuerzo del gobierno de Margaret Thatcher por sacarse de encima a Astiz se debió a su temor de que la dictadura argentina aplicara represalias contra sus soldados que permanecían como prisioneros de guerra o contra otras personas o activos británicos en territorio argentino.

“Soy muy consciente de que continúa la detención de nuestro piloto de un Harrier, el teniente (Jeff) Glover”, alertó el ministro de Relaciones Exteriores, Francis Pym, a su par de Defensa. “Ha habido otros reportes de posibles acciones contra objetivos británicos en la Argentina”, añadió, según detalla el matutino.

Gran Bretaña consideraba que Astiz podía negarse a responder cualquier tipo de pregunta desde París o Estocolmo, amparado en la Convención de Ginebra, que fija las reglas para el tratamiento de los prisioneros de guerra.

El problema era la continua y creciente presión internacional sobre Londres que siguió a la difusión del arresto de Astiz, aun después que el gobierno británico indicó que respetaría los límites fijados por la Convención de Ginebra. “La negativa francesa a aceptar un no como respuesta es embarazosa”, advirtió en otro memo el secretario privado para asuntos internacionales de Thatcher, John Holmes, uno de sus asesores más cercanos.

Holmes incluso calificó de un “intento bastante crudo de presión” el recordatorio del gobierno de François Mitterrand de que así como pedía la colaboración británica para interrogar a Astiz, Londres a su vez pedía su asistencia para detener el envío de armamento a la Argentina.

Astiz resultó un “prisionero difícil”, según informes. Entre otros motivos, porque atacó a un guardia y armó una “primitiva daga con una pata de la cama”. Tras una escala en la isla Ascensión, Astiz se convirtió además en el único prisionero de guerra argentino que terminó en Gran Bretaña.

Arribó a Portsmouth el 5 de junio y una guardia armada lo trasladó de inmediato a un centro de la Policía Militar en Chichester, Sussex. Finalmente, Thatcher negó la extradición y el militar fue devuelto a la Argentina. Los reportes de prensa de la época ya identificaban a Astiz como “el ángel rubio” y lo señalaban como responsable de la desaparición de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon y la joven argentino-sueca Dagmar Hagelin. (DPA)

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