Política

Las luces de la obra pública y las sombras de la inseguridad

Los datos duros de la administración de Miguel Lifschitz no alcanzaron para que la alianza socialista-radical siga en el poder.

Sábado 11 de Enero de 2020

La gestión de Miguel Lifschitz al cabo de 4 años al frente de la Gobernación tuvo luces enfocadas en la obra pública, con números positivos, y en la ausencia de episodios de corrupción. Las sombras, como en todas las administraciones socialistas estuvieron en seguridad. También en el inicio de la gestión actual.

   Es curioso lo que ocurrió con la última gestión y la seguridad: fue reconocido como el principal déficit durante los cuatro años, pero el ministro que se fue del poder con mejor imagen es Maximiliano Pullaro, titular del área.

   Cuando se va en busca de datos duros sobre lo bueno y lo malo de la gestión, lo que sobresale es la actividad de Lifschitz en los 1.460 días de gestión. Empezó y terminó 1.300 obras, y las palabras que más salieron de su boca (contabilizadas por el equipo comunicacional) fueron, precisamente, “obras e infraestructura”. No es un detalle menor que la palabra que menos partió de ese sujeto emisor fuese “seguridad”.

   El Centro de Justicia Penal, el Acueducto, el Museo del Deporte, el Mercado del Patio y la transformación del Aeropuerto son obras que se pueden ver y tocar en Rosario. A la par, entre quienes rodearon al gobernador aparecieron las menciones a los 3.200 kilómetros de ruta. Y los hospitales, emblema del sistema de salud que, al menos en la ciudad, fue el destacado

   Ahora bien, si el decálogo lo ubica a Lifschitz al frente cualitativo de la obra pública en el historial de todos los gobernadores, y recorrió casi todos los pueblos de la provincia, ¿por qué el Frente Progresista perdió las elecciones?

   Y ahí aparecen dos palabras: seguridad y política. La saga de violencia, crímenes y crecimiento exponencial del narcotráfico estuvo a la vista de todos durante los últimos diez años. Las tensiones y la violencia (especialmente durante 2012, 2013 y 2014) le hicieron cambiar las pautas culturales al rosarino que, pese a la mala opinión sobre las gestiones provincial y municipal siguió votando al Frente Progresista, aunque las victorias cada vez fueron por menos margen.

   Comparado con aquellas épocas de Corsitas desvencijados y escasos, la administración que gobernó la provincia hasta el 10 de diciembre pasado se jacta de haber invertido en patrulleros de última generación y camionetas. Sin embargo, los homicidios se convirtieron en cosa de todos los días (con suba en el 2018 y baja en los otros años). Omar Perotti interpretó fielmente la demanda de la hora y ofertó con exclusividad: “Orden y paz”. Ahora deberá cumplir.

   Pero se trata de seguir analizando el gobierno que se fue. Según datos oficiales al 30/11/19, Santa Fe registró un superávit económico (ahorro corriente) de 16.685 millones y un déficit financiero de 8.198 millones. Una crítica a la gestión del Frente es la caja casi vacía del Fondo Unico de Cuentas Oficiales (Fuco). Dicho fondo ascendía a $14.888 millones al 30 de noviembre, pudiendo disponerse solo $118 millones puesto que los $14.770 millones restantes ya habían sido utilizados.

   En el nuevo gobierno toman distancia de los números del déficit que inventarió Saglione. Dijo el ministro Rubén Michlig que no es de 8.198 millones, sino de casi 20 mil millones, porque hay un sinnúmero de gastos no pagados a proveedores, contratistas y comunas. Por estas horas, Perotti lo estiró a 50 mil millones. En los fundamentos de la ley de emergencia se escribió que dicho desequilibrio (8.198 millones) será sustancialmente mayor al cierre del ejercicio, como consecuencia de ser diciembre un mes deficitario.

   La creencia peronista es que la gestión de Lifschitz se preocupó más en gobernar hasta el último día engrosando los gastos y convirtiéndose en oposición, al mismo tiempo, desde el momento en que perdió las elecciones. Un paper reservado del ex ministro de Economía Gonzalo Saglione sostiene que “la provincia cuenta con numerosas acreencias que dan como resultado que, por cada un peso que Santa Fe tiene que pagar, dispone de 3 por cobrar.

   Al margen de los datos duros, la pregunta sigue siendo ¿por qué entonces perdió las elecciones el Frente Progresista, tras 12 años en la Casa Gris? Hay que volver la mirada a la ciudad de Rosario, donde la gestión no entendió el cheque condicionado del voto de 2015. Las clases medias que acompañaron históricamente al socialismo dieron la primera señal de rebeldía en las primarias a intendente, cuando Pablo Javkin derrotó a la candidata oficial. Si Javkin hubiese perdido esa interna, el peronismo sería gobierno en la ciudad.

Balas que pican cerca

La crisis de la seguridad (2011-2015), que dejó un fresco letal, degradó al partido de gobierno, pese a que en los últimos años Lifschitz actuó como gobernador e intendente al mismo tiempo. Aunque el gobierno que se fue se esmere en presentar números comparativos y admita pocas flaquezas, los ataques a balazos a domicilios de integrantes del Poder Judicial, del propio Palacio de Tribunales y hasta del concejo Municipal quedaron clavados como una daga en el inconsciente colectivo. Más allá o más acá de los datos numéricos.

   En el Frente hicieron una interpretación errónea del escenario. Pensaron que podían ganar aun perdiendo Rosario, o ganando por poco en la principal ciudad de la provincia. No hubo tal cosa. Rosario fue el factótum de la derrota.

   La inseguridad que golpeó a Rosario y la capital provincial, el cansancio tras 12 años de gobierno provincial (y 30 en Rosario) se conjugaron con la ausencia de un paraguas nacional en el que apoyarse. La grieta no le dio lugar esta vez a terceras opciones.

   En vez de mostrarse abierto y comprensivo de los nuevos tiempos el socialismo se cerró y expulsó a Luis Contigiani por su posicionamiento en el tema del aborto. Antes, habían echado a Rubén Giustiniani.

    Nunca hay una sola razón para festejar las victorias o entender las derrotas. Los tiempos políticos, siempre, cobran mayor dimensión global que los datos duros.

Déficit

Al 30 de noviembre, Santa Fe tuvo superávit económico de 1.680 millones y un déficit financiero de 8.198 millones.

1.300 son las obras que empezó y terminó el gobierno de Miguel Lifschitz, según el registro que publicó la Casa Gris en noviembre.

Inseguridad

El peor año respecto de los homicidios fue 2018. En 2019 crecieron los ataques a edificios.

250 kilómetros de nuevos pavimentos, 1.030 kilómetros de repavimentaciones y más de 2.400 kilómetros de reparaciones integrales. 250 km de enripiado.

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