En el ciclo de conferencias que dio en 1951 Juan Domingo Perón —recopiladas en el libro Conducción Política— el entonces presidente recordó que en 1944 sus partidarios le recriminaban que los grupos opositores, ligados a los sectores medios, habían ganado la calle. Ante esto, el fundador del justicialismo remarcaba, casi como un mantra, que "hay que ganar la calle en un momento y en un lugar decisivo. Pretender tener siempre la calle es gastar la fuerza y no ser nunca fuerte".
Un repaso a la escena pública actual muestra que también hoy la calle está dominada por las clases medias críticas del gobierno. ¿Está siguiendo Alberto Fernández el consejo de Perón, al que se agregan motivos sanitarios? ¿O con esa negativa a ocupar la calle también se manifiesta una visión de dónde y cómo se construye poder?
Lo cierto es que mañana habrá en todo el país otra concentración, coincidente con una fecha patria, que tendrá características similares a las anteriores: una protesta a la canasta, en la que cada grupo —y hasta cada manifestante— aporta su reclamo. Puede ser contra la cuarentena, la supuesta liberación masiva de presos, la intervención de Vicentin, la reforma judicial. O algunas más extravagantes, como el rechazo del avance del comunismo en la Argentina o la denuncia de un complot mundial organizado por los magnates Bill Gates y George Soros.
En este sentido, el consultor Carlos Fara caracteriza que en general las marchas están protagonizadas por un público opositor, aunque no necesariamente movilizados por la oposición.
"Los motivos por los cuales se están movilizando se vinculan más a la fortaleza de Cambiemos, con lo que tiene ver con lo institucional, las reglas de juego, la transparencia —dice el titular de Carlos Fara & asociados—. Después están los anticuarentena, que están con una lógica antiglobalización, que no son siempre públicos coincidentes con el opositor, aunque seguramente hay intersecciones entre ambos".
En tanto, para el politólogo Javier Cachés las protestas "esconden un mismo rechazo, que es la aversión profunda al peronismo que existe en un sector minoritario pero muy intenso de la sociedad".
Además, sostiene que a diferencia de lo que ocurre en general con el resto de los gobiernos Alberto Fernández no disfrutó de una "luna de miel" con la sociedad. "Hay un sector de la oposición que convive mal con el dato de que el peronismo haya regresado al poder y lo manifiesta activamente con cacerolazos y banderazos", evalúa.
Cachés y el politólogo Lucio Guberman coinciden en que el hilo que une a las protestas es la negatividad, la oposición a algo —en este caso el gobierno— más que la reafirmación de una identidad.
De hecho, para Guberman hay una especie de "Laclau al revés". Efectivamente, de acuerdo al politólogo Ernesto Laclau la característica principal del populismo es la capacidad de articular demandas heterogéneas bajo el paraguas de la figura del pueblo y direccionarlas contra las autoridades.
"Acá tenemos un antipopulismo que busca una variedad grande de antagonismos con el gobierno electo y que busca empaquetar con un elemento positivo a través de fechas patrias esa absoluta negatividad", argumenta Guberman.
Otros interrogantes que sobrevuelan se relacionan con la relación entre el público opositor que se expresa en las calles y la dirigencia opositora: ¿Se trata de convocatorias que se originan en las usinas partidarias y son camufladas como movidas autónomas? ¿O nacen en la sociedad y las figuras se van posicionando según el rol que tiene cada una en el escenario político? Probablemente, sea un poco de ambas. Por caso, Patricia Bullrich, presidenta del PRO, llamó a participar de la concentración convocada en las redes sociales con el hashtag #17A. Sin embargo, ayer Horacio Rodríguez Larreta subrayó: "No hay ninguna convocatoria partidaria de ningún tipo, podrá haber de personas a título personal".
En este marco, Fara plantea que en el marco de su estrategia de confrontación con el gobierno los halcones alientan las protestas, pero cree que es una coincidencia de todo el espacio de Cambiemos. "Es un mensaje a su propio público, para que sienta que no baja los brazos y que sigue en una actitud de lucha o de resistencia. Además eso tiene un efecto contagio sobre gente que se quedó en la casa y no se activa en las redes sociales", analiza.
Por el contrario, Cachés ve contradicciones entre los duros y los blandos de Cambiemos. "Bullrich convoca a una movilización en el distrito que gobierna Larreta, contra medidas de aislamiento que son avaladas por el jefe de Gobierno en coordinación con el oficialismo nacional. También en la UCR hay dirigentes (como Morales o Posse) que salieron a desmarcarse del sector más intransigente", sostiene el también docente universitario.
Pareciera una reactualización del viejo teorema de Baglini, que postula que la radicalidad de un político es inversamente proporcional a su cercanía con el poder. "Como siempre, quienes tienen responsabilidades de gestión tienen menos margen e incentivos para cuestionar al oficialismo nacional que quienes no la tienen", afirma Cachés.
En la misma línea, Guberman identifica una tensión entre quienes están en el llano y los grupos que tienen como referencia a los gobernadores o al jefe de gobierno porteño. "Los que gobiernan entienden que hay un problema serio, que es la pandemia, y otro que se está empezando a abordar, que es el problema fiscal que va a dejar el parate económico y el esfuerzo fiscal para sostener a los sectores resentidos por la pandemia", afirma.
Pero aparte de la eventual autonomía de los manifestantes respecto de la dirigencia cambiemita aparece otra pregunta, acerca de si esta situación —la presencia en las calles del antiperonismo y la pasividad del peronismo— es un dato político que llegó para quedarse.
Los analistas consultados coinciden en que se trata de un fenómeno provisorio.
Paradojas
Cachés observa una paradoja. "La fuerza que se arroga los valores del republicanismo (Cambiemos) intenta incidir en la agenda pública a través de la protesta social y no de las instituciones; la fuerza más asociada a la movilización permanente (el peronismo) llama a quedarse en casa y prescinde de la calle. El Frente de Todos tiene la legitimidad de los votos. Buscando olvidar el resultado electoral de octubre, Juntos por el Cambio persigue la legitimidad de la calle", cuestiona.
Y agrega: "Este es un equilibrio transitorio. Es esperable que cuando pase la pandemia el peronismo vuelva a su inclinación histórica por la ocupación del espacio público. Una gran movilización puede ser parte de un relanzamiento de la gestión".
Fara también considera probable que el peronismo se vuelva a movilizar y descarta que el gobierno esté preocupado por las marchas opositoras.
"Decir que estas protestas dominan la calle es excesivo, son manifestaciones muy puntuales que se hacen para cobrar visibilidad pero que no se sostienen en el tiempo, no tienen organización —sentencia Guberman—. En cambio, cuando el peronismo se expresa en la calle lo hace a caballo de las organizaciones sindicales, los movimientos sociales, corrientes de militancia cada vez más sólida y aparatos institucionales municipales. Cuando el peronismo decide salir a la calle tiene una presencia más permanente y sistemática, porque es organizada".