A tres años del golpe de Estado que lo expulsó del poder en medio de un retroceso generalizado de los gobiernos progresistas, Evo Morales se entusiasma con un cambio de ciclo en América del Sur. El nuevo tiempo marca, a su entender, un regreso del espíritu de los padres fundadores de la ola rosa de los 2000. “Con la asunción del hermano Lula como presidente vuelven los tiempos de Fidel, de Chávez, de Néstor Kirchner”, sostiene.
En medio de una gira internacional que lo trajo a Santa Fe para participar de la Feria del Libro Nacional y Popular, organizada por Agustín Rossi y Leandro Busatto, el ex presidente de Bolivia mantuvo una entrevista exclusiva con La Capital, en la que reflexiona sobre los desafíos de la integración regional, la nacionalización de los recursos naturales, el atentado contra Cristina Kirchner y las tensiones entre Alberto Fernández y la vicepresidenta. También responde, primero en broma y después en serio, sobre si piensa candidatearse como presidente en 2025.
En la previa de la charla, Morales habla de fútbol, una de sus pasiones. Sin embargo, su teléfono arde y nunca se desconecta del todo. Está en permanente contacto con una Bolivia convulsionada. Sigue de cerca dos focos de conflicto. Uno es la espiral de protestas en Santa Cruz de la Sierra, un bastión histórico de la derecha, contra el censo que impulsa el gobierno del MAS. El otro es la interna del Movimiento al Socialismo, donde pulsean evistas y renovadores, que responden al presidente Luis Arce. El arquitecto del milagro económico boliviano llegó al poder casi como un delegado de Morales pero empezó a construir capital político propio. La relación entre el primer mandatario y el caudillo formado en el sindicalismo cocalero es tensa. Un mensaje, seguramente involuntario: Morales recibe a este diario con una chomba celeste que tiene en letras doradas la marca Boss. En inglés, “boss” es jefe.
—¿Qué significa el triunfo de Lula en Brasil para América latina?
—Siento -y no sólo siento, es- que con la asunción del hermano Lula como presidente vuelven los tiempos de Fidel, de Chávez, de Néstor Kirchner. Tuvo que soportar tanta injusticia, el proceso de encarcelamiento con falsas acusaciones de corrupción. Yo seguí su proceso. El juez decía: “No tengo pruebas pero sí convicciones”. Por convicciones lo metió en la cárcel y perjudicó a Lula y a Brasil. La presidencia de Lula nos permite relanzar Unasur, consolidar el Mercosur y, además de eso, fortalecer la Celac. Son las instituciones que nacieron con Chávez, Kirchner, Correa, Lula, Bachelet y de las que participamos activamente con otros presidentes. Además, lo que yo más veo es que pierde el Grupo de Lima. Obama y Trump organizaron este grupo junto a los ex presidentes de Argentina, México y Perú para derrotar a Maduro. ¿Ahora dónde está el Grupo de Lima? Lo que está pasando en Sudamérica es una rebelión democrática.
—¿Hay posibilidades de reeditar un nuevo ciclo de transformaciones como en los 2000? ¿Cuáles deberían ser los pilares de esta nueva etapa?
—Fundamentalmente la integración económica. Unasur fue una integración política. Hay que fortalecer el Mercosur, al que Venezuela tiene que retornar. Tenemos que ver cómo juntar a la CAN (la Comunidad Andina de Naciones) con el Mercosur. Incluso, tenemos que pensar en una sola moneda para Sudamérica. Es una región tan rica en recursos naturales, ¿cómo no podemos aprovechar eso? Lo que nos falta es cómo garantizar la liberación en ciencia y tecnología. Después de nacionalizar los recursos naturales empezamos a industrializarlos y con nuestros equipos técnicos vimos que cuando queremos instalar una industria se compra tecnología que si no es de Estados Unidos es de Europa o Asia, y poquísima de Argentina o Brasil. Esa es la enorme responsabilidad que tenemos. Lamentablemente los países industrializados sólo quieren a los latinoamericanos para que garanticemos materia prima y no quieren que demos valor agregado a nuestros recursos naturales.
—Plantea que es clave la nacionalización de los recursos naturales, ¿ve condiciones políticas en estos gobiernos progresistas o de centroizquierda para lograrlo? ¿Tienen la fuerza suficiente para avanzar en ese sentido?
—Tenemos presidentes progresistas, izquierdistas, pero tal vez algunos son más antiimperialistas. Según mi forma de ver, ser revolucionario es ser antiimperialista. Es hacer respetar nuestra soberanía, nuestra independencia como Estado, pero también la dignidad, la libertad y la diversidad para nuestros pueblos. Podemos tener algunas diferencias, pero finalmente somos una gran familia que garantiza la liberación de nuestros pueblos. México nacionalizó el litio, quisiéramos que Chile con Boric y que acá también se nacionalice, pero sigo soñando con que podemos ser potencia en el mundo en el tema del litio.
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—¿Hay posibilidades de armar una especie de Opep del litio?
—Esa es la tarea que tenemos, pero ojo: hace un mes, más o menos, el Comando Sur de Estados Unidos dijo textualmente que América latina es el barrio de EEUU y que están preocupados por el litio. Nuevamente quiero reafirmar que el golpe de Estado en Bolivia ha sido fundamentalmente por el tema del litio. Lo han mostrado medios de comunicación de ese tiempo: Estados Unidos, el Reino Unido y el dueño de Tesla, Elon Musk, estuvieron detrás del golpe.
—La situación en Bolivia está bastante convulsionada en estos días, sobre todo en Santa Cruz de la Sierra, ¿Cómo está viendo el escenario?
—Vieron el censo como una cuestión política, lo lamento mucho. Pueden haber errores internos, pero está garantizado el censo. Tengo mucha esperanza de que nuestro presidente, Lucho Arce, y nuestro vice, David Choquehuanca, van a resolver la cuestión técnica.
—Lo paso a la Argentina, ¿qué sintió cuando vio el atentado contra Cristina?
—No sólo nos preocupamos y expresamos la solidaridad sino que analizamos que es la nueva arremetida del imperio contra líderes políticos. Sigo convencido: cuando el imperio está en decadencia apela a la violencia. Cuando el imperio pierde hegemonía apela a armas y balas. Hay hermanos y hermanas, como Cristina, que nunca van a claudicar en su posición ideológica. Tratan de acallar, además, a una mujer. Esto no es pasajero o personal, es parte de una política internacional. A eso se deben también sus procesos, como los de Lula. A mí me investigaron por corrupción y narcotráfico y no encontraron nada. Estas visitas y el cariño del pueblo argentino me fortalecen bastante, me quieren más fuera de Bolivia que en Bolivia (se ríe). Estados Unidos intenta su política, pero ahí están los pueblos, las fuerzas sociales, para defender a la democracia, sus procesos revolucionarios, las políticas económicas. En nuestro caso hemos demostrado que con la nacionalización otra Bolivia es posible. Sólo comento un datito: en 2005 -yo juré como presidente en 2006- la inversión pública era sólo de 600 millones de dólares, en 2019 programado era más de 8 mil millones de dólares. Si no fuera por el MAS-IPSP, ¿cómo estaría Bolivia?
—El peronismo está en una situación bastante tensa entre el presidente y la vice. Usted tiene una amistad fuerte con ellos, ¿tuvo algún contacto para tratar de acercar posiciones?
—(Se ríe) No nos han llamado para eso. Admiro mucho a Alberto Fernandez y a Cristina Kirchner. Cuando era presidente, Cristina me ayudó bastante, y de Néstor tengo muchos recuerdos cuando empezaba y todavía no sabía de gestión pública. Ha sido como un gran padre, dándome recomendaciones, hablándome por teléfono, visitandome. Tanto Néstor como Cristina, y Alberto me salvó la vida. Son hermanos, son compañeros, de lucha, del alma. Siempre se presentan problemas. En nuestro caso, no han faltado traidores y divisiones. En Bolivia tenemos problemas de convicción y de ambición, ahí se presenta el problema. Yo sólo le digo a las nuevas generaciones: si quieren hacer política hagan política. Yo entiendo que la política es la ciencia del servicio, el esfuerzo, el sacrificio por la patria, por la gente más humilde, buscando paz pero con justicia social. Si piensan hacer política para hacer plata se equivocan. La política se hace por la patria, no por la plata.
—¿Le dan ganas de ser candidato a presidente en 2025?
—Sí, yo voy a ser presidente, pero de la Federación Boliviana de Fútbol (se ríe). Hablando en serio, en la dirección nacional decidimos que no se habla de la campaña y de candidaturas. Cuando falte un año para las elecciones vamos a convocar una reunión ampliada nacional. Ahí vamos a sentar las bases y, si hay dos o tres candidatos, vamos a someternos a las primarias. Todos iremos detrás de quien gane esa interna para la presidencia.
—¿Qué cambió su visión de la política, incluso de la vida, el golpe de Estado de 2019?
—(Piensa unos segundos) Es importante que nuestras instituciones uniformadas, tanto la policía como las Fuerzas Armadas, cambien su doctrina, sean más nacionalistas. Una de sus misiones, especialmente las Fuerzas Armadas, debe ser defender los recursos naturales. Falta socializar, falta profundizar. Todavía tenemos algunas debilidades. Hubo un golpe de Estado, un golpe judicial, un golpe congresal, apoyados por la derecha-derecha, hablemos clarito en términos políticos. La base de nuestro modelo económico es la nacionalización de los recursos naturales. Con nuestras empresas estratégicas hemos cambiado nuestra querida Bolivia. El golpe de Estado, además del tema del litio, fue por nuestro modelo económico, que es mejor que el del neoliberalismo.