En un momento donde se agudiza la tensión entre la sociedad y la política, la dirigencia apeló otra vez a figuras de la sociedad civil, que generó situaciones curiosas en el cierre de listas en Rosario y Santa Fe.

Por Mariano D'Arrigo
Otra vez, la dirigencia santafesina apeló en el cierre de listas a personas externas a la política.
En un momento donde se agudiza la tensión entre la sociedad y la política, la dirigencia apeló otra vez a figuras de la sociedad civil, que generó situaciones curiosas en el cierre de listas en Rosario y Santa Fe.
En el departamento que tiene a la capital de la provincia como cabecera se enfrentarán dos referentes de la música tropical. El actual senador por Santa Fe, Marcos Castelló, líder del grupo Kaniche, competirá en la interna del peronismo, que va con la marca Juntos Avancemos, contra Nicolás Mattioli. El hijo de Leo Mattioli, fallecido en 2011, jugará por la lista de La Cámpora.
En redes sociales, ambos están parejos. En Instagram Mattioli tiene 101 mil seguidores y Castelló 116 mil. Un detalle: la cuenta de Castelló senador tiene casi seis veces menos de seguidores, 19 mil. La ventaja de Castelló es que ya ocupa el cargo y va con la lista referenciada en el gobernador Omar Perotti.
Por su lado, después de bajarse a último momento del frente de frentes, luego bautizado Unidos para Cambiar Santa Fe, la Coalición Cívica largó a la cancha por la Gobernación a un Maradona.
Lejos del mundo futbolístico, Eduardo Maradona es un empresario rosarino dedicado a la comercialización de materiales de construcción, revestimientos, sanitarios y calefacción.
Además, Maradona pertenece al Movimiento Nacional de Pymes (Monapy), una entidad de hombres y mujeres del sector privado que no se sienten representados por la principal entidad del sector, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (Came).
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Quien sí está estrechamente relacionado al fútbol es José Luis Rodríguez, el Puma. El ex jugador de Rosario Central encabeza una lista del partido Lealtad y Dignidad para el Concejo de Rosario.
En caso de pasar las primarias del 16 de julio y ser elegido en las generales del 10 de septiembre seguirá los pasos de otros dos ex jugadores: Ariel Cozzoni, La Chancha, y Aldo Pedro Poy.
Cozzoni busca renovar su banca en el Palacio Vasallo y este año Poy no competirá.
Otro caso curioso es el de Stephen Amoakohene, número dos de la lista para el Concejo rosarino de UNO-Unidos para Cambiar Santa Fe que encabeza Silvia Cantarella. Nacido en Ghana, Amoakohene llegó a la Argentina hace 25 años. Tiene su puesto en San Martín y Rioja y es referente de la Asociación Africana de Rosario. Incluso Amoakohene se encadenó a la Municipalidad para que su asociación pudiera participar de la Fiesta de Colectividades y lo consiguió.
Stephen Amoakohene, puestero en la peatonal San Martín nacido en Ghana y referente de la Asociación Africana de Rosario
En un clásico de los años impares, más periodistas se suman a la política. En este caso, Gustavo Rezzoaglio y Flavia Padín encabezan una lista para el Concejo impulsada por un empresario y que forma parte del esquema encabezado por Maximiliano Pullaro. En tanto que la locutora María Fernanda Rey lidera la nómina de concejales vinculada al gobernador Perotti.
En 2021 saltaron de los medios a la política Ciro Seisas, Lisandro Cavatorta y Miguel Tessandori, y dos años antes lo había hecho Marcelo Lewandowski. Más atrás en el tiempo hicieron ese recorrido Norma López, Charly Cardozo, Alejandro Grandinetti, Anita Martínez y Susana Rueda.
Además de los nombres que quedaron en las listas, sonaron en esos días frenéticos como posibles opciones Soledad Pastorutti, Gabriel Batistuta, Roberto Pato Abbondanzieri y Adrian Polaco Bastía.
Resulta difícil determinar cuán cerca estuvieron de aceptar una candidatura y cuánto fueron amenazas de los armadores para conseguir más y mejores lugares en las listas.
Lo cierto es que la política cada vez se inclina más por los outsiders para refrescar la oferta electoral. Es tentador: la mayoría son figuras conocidas, que no requieren invertir tiempo y dinero en instalación y que generaron un vínculo de empatía y confianza con un sector del electorado.
El riesgo de la jugada es caer en un círculo vicioso: ante la falta de respuesta a las demandas sociales la política recurre a personas ajenas a ella, que no tienen la expertise para solucionar los problemas y la crisis de representación se profundiza.
Los detractores de la boleta única en papel achacan al instrumento de votación que acentúa la personalización de la política: pesan cada vez más las caras que los partidos.
Lourdes Lodi, directora del Observatorio Electoral de la UNR, disiente con este planteo. “Con la boleta partidaria las fotos son mucho más grandes e incluso más manipulables que en la boleta única, que establece un mismo formato e iguales reglas de juego para todos, para los que tienen buen diseñador e imprenta y los que no. En la última elección la foto del actual gobernador apareció bien grande en la boleta y Lewandowski y Carolina Losada fueron elegidos senadores nacionales no con boleta única en papel, entraron con boleta partidaria”, remarcó la especialista.



Por Florencia O’Keeffe