Política

Contra la impunidad y por verdad y justicia

Sergio Schilmann declaró ayer en la causa Feced III, 40 años después de ser secuestrado y torturado por los grupos de tareas.

Jueves 06 de Junio de 2019

Casi 40 años después de haber sido secuestrado y torturado por los grupos de tarea de la Policía rosarina, Sergio Schilmann se sentó ayer por primera vez ante un tribunal que juzga los delitos de lesa humanidad. "Estoy cerrando una etapa y haciendo mi aporte a la construcción por la memoria, verdad y justicia", declaró Schilmann a LaCapital a la salida de la audiencia, aún con los ojos rojos por el llanto emotivo que interrumpió varias veces su relato de más de dos horas frente al Tribunal Federal 2 de Rosario.

Schilmann testificó en la causa conocida como Feced III y que en su caso participar tiene como principales acusados a Rubén Lo Fiego, Alfredo Marcote y Lucio César Nast. Los tres integraron La patota de Feced (por el ex jefe policial Agustín Feced), una organización policial y parapolicial que operaba desde centro clandestino de detención del Servicio de Informaciones. Los tres también ya recibieron máxima condena en causas similares por torturas, secuestros, asesinatos y desapariciones durante la dictadura cívico-militar.

Schilmann era militante de "La Fede" (Federación Juvenil Comunista) cuando el 22 de agosto de 1979 fue secuestrado en la puerta de su casa y llevado al Servicio de Informaciones, donde lo torturaron con saña. A la semana recuperó su libertad, pero su cuerpo vejado apenas resistía. Fue internado y pasó varios días en coma.

"Veníamos con mi viejo y me hermano de ver una función del Circo de Moscú. Eran cerca de las 23. Cuando llegamos a mi casa aparece este grupo y me tapa la cara con un pulóver. Me suben a un auto y me llevan a lo que supe después era el Servicio de Informaciones", narró Schilmann ante los jueces Lilia Carnero (presidenta del tribunal), Eugenio Martínez y Aníbal Pineda.

Schilmann, a pesar de los pesares, se considera un "privilegiado" en esa etapa del terrorismo de Estado, donde miles de personas, que fueron chupadas como él, hoy están desaparecidas.

Dos hechos inclinaron su destino: el movimiento rápido de su padre (militante del Partido Comunista) que, junto a los abogados del partido, logró ubicarlo en su lugar de detención y que estaba por arribar al país una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh) para recabar testimonios de las víctimas de la dictadura.

"Soy un privilegiado, porque me hicieron todo eso cuando estaba por venir la Cidh y tenían orden de parar", contó Schilmann a este diario tras su testimonio ante la Justicia.

"El 18 de septiembre declaré ante la Cidh. Fue todo una gestión de mi viejo, de los abogados del partido en Rosario y en Buenos Aires, y (del periodista) Coco López. Llegaron a hablar hasta con el secretario de Viola", recordó Schilmann.

Antes de declarar ante los delegados de la Cidh, Schilmann alcanzó a dar su testimonio ante el juez federal Ramón Carrillo Avila y hacer su denuncia por apremios ilegales. Esto fue un sábado, tres días después de ser secuestrado. Pero ese mismo juez, después de tomarle declaración, lo devolvió a sus captores en el Servicio de Informaciones, donde prosiguieron la tortura y el maltrato psicológico.

"Yo recuerdo los días de la semana, no la fecha. Sé que estuve desde un miércoles hasta el martes. En las dos primeras noches fue el mayor castigo. Después me siguieron castigando, pero de otra manera: no tuve atención médica y la descompostura fue avanzado hasta que terminé en terapia intensiva en el sanatorio", memoró este militante de 65 años. Cuando fue secuestrado tenía 25 y ya era un militante destacado de la Federación Juvenil Comunista en la Facultad de Ciencias Económicas.

Schilmann quiere que los responsables de sus tormentos reciban el castigo de la Justicia, pero además a través de su testimonio denunció una etapa histórica, el terrorismo de Estado, un modo de operar que no se ciñe a lo que pasó tras el golpe del 24 de marzo de 1976, sino años antes, con la Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A).

Como sucede con otros testimonios de víctimas que van a un tribunal federal, la atmósfera suele ser muy emotiva. Impera el aplauso cuando concluye la audiencia y los interminables abrazos que lo esperan afuera. Sergio Schilmann lloró adentro y también afuera, abrazado fuerte a su hija primero y con su hermano después. Otra historia comienza a cerrarse en el infatigable camino por la justicia.

Bio. Sergio Schilmann fue secuestrado a los 25 años.

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