POLICIALES

Una ráfaga de 9 milímetros, la banda de sonido para el final del "Pitu Larva" en el Parque del Mercado

Un sicario ingresó a la casa de su madre en el Fonavi del Parque del Mercado y lo ejecutó mientras jugaba a la Play Station

Miércoles 09 de Diciembre de 2020

“Pitu Larva" se había hecho de un nombre como transa en un territorio complejo como son los monoblocks del Parque del Mercado y el barrio Municipal del sureste rosarino. Un escenario en el que a lo largo de las últimas dos décadas se plantearon innumerables hechos de violencia a sangre y fuego: Roberto “Pimpi” Caminos vs. Lelio “Chapita” Ungaro; René “El Brujo” Ungaro) y la banda de Los Funes contra Alexis Caminos (hijo de «Pimpi») y Ariel “Tuby” Segovia, son algunos de los nombres que fueron parte de los enfrentamientos. Pero en los monoblocks un nombre con peso específico puede implicar también una condena a muerte. Un paso al homicidio. Y eso le pasó a Pitu Larva el lunes a las 21.40 en un departamento de planta baja en Isola al 600 bis. Un sicario armado llegó a la puerta de la casa de su madre, donde jugaba a la Play Station con dos amigos, ganó el interior y con una ráfaga de pistola ametralladora lo mató sin dejarlo levantarse del sillón. Recibió seis impactos en tórax, cuello y rostro. El matador huyó hacia la plazoleta Rodolfo Walsh y desapareció.

Isola entre Maestros Santafesinos y Juan Carlos Sánchez es una especie de patio trasero de los monoblocks del Fonavi Parque del Mercado y del Municipal de Lamadrid y Alice, popularmente conocido como “Pimpilandia” ya que fue el lugar donde el asesinado Pimpi Caminos, ex líder de la barra brava rojinegra, se hizo de un nombre.

Durante las últimas dos décadas todo ese territorio se transformó en uno de los campo de batallas entre distintos personajes que arrastraban sus odios ancestrales. Barras bravas con sed de protagonismos en sus clubes y pandillas que viven del narcomenudeo. Todos por una razón u otra peleando el patrimonio de la calle a base de pistolas calibre 9 milímetros u 11.25 plagando de mortajas y obituarios de las cuadras del lugar. Los protagonistas, delincuentes de armas portar que no tienen pudor en ir y disparar contra cualquiera, suelen estar inmersos en tantas broncas que en lo preliminar de las investigaciones puede haber sobre la mesa mas de una hipótesis.

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Pitu Larva es el apodo por el que se reconocía en los monoblocks a Sergio Gustavo Suárez, hombre de 36 años sindicado como un transero independiente en un territorio que está en manos de René Brujo Ungaro, aunque esté preso en la cárcel de Piñero purgando una pena de once años por el crimen del Pimpi Caminos. Y esperando la definición de una serie de causas elevadas a juicio en el fueron provincial y federal. Este año Pitu se ganó un espacio en las crónicas policiales por haber participado en el asesinato de Marcelo “Kambá” Medina, baleado el 26 de septiembre en inmediaciones de Isola y Maestros Santafesinos, quien murió tras agonizar once días el 6 de octubre.

Kambá era un un veterano con prontuario abierto que supo tener su momento en las crónicas policiales el 25 de julio de 2012 cuando junto a dos cómplices asaltó delante de media docena de cámaras de videovigilancia una agencia de loterías de Ayacucho al 5200. Por distintas motivaciones se cruzó en el camino de Pitu Larva. Previo al homicidio de Carlos Matías “Mambrú” Báez, ocurrido la noche del 11 de septiembre pasado en Maestros Santafesinos al 4700, entre Isola y Gutiérrez, Kambá tuvo un áspero cruce con Pitu Larva en inmediaciones de Maestros Santafesinos e Isola. “Kambá quería que Pitu le bancara la bolsa (de droga) y el otro no le contestaba los mensajes. Kambá no se quedó tranquilo y fue a hacerle bardo a la madre de Pitu Larva. Entonces «Ema», el hermano, le batió cualquiera. Y quedó la bronca”, explicó un vecino.

La noche del 11 septiembre, alrededor de las 21, Mambrú Báez se juntó a tomar una cerveza con tres amigos sobre Maestros Santafesinos al 4700. Uno de los amigos de Mambrú era Ema, el hermando del transero. Entonces apareció un auto gris y cuando estuvo frente al grupo un hombre disparó contra los muchachos. Para los vecinos ese hombre era Kambá. La peor parte del ataque se la llevó Mambrú, quien murió en el lugar. “Trapito”, de 36 años; Ema, de 39; y Juan Carlos E., de 38, fueron heridos. La noticia a Pitu de que su hermano había sido herido lo dejó con sed de venganza.

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Y Kambá siguió. La noche del 26 de septiembre la casa de la madre de Pitu Larva fue atacada a balazos dos veces. “Kambá vio que en la zona andaba Pitu y baleó el edificio dos veces”, explicó una residente en aquella oportunidad. Pocos minutos más tarde Kambá pasó de victimario a víctima. Apareció baleado y malherido sobre Juan Carlos Sánchez (la colectora del acceso Sur) a unos 150 metros del monoblock atacado. A su lado había una moto Honda 150. Los vecinos entendieron este último ataque como un vuelto por el ataque al monoblock y colocaron a Pitu Larva como el potencial atacante. Eso balazos llevaron a la muerte a Kambá y todos supieron que la saga de violencia no iba a terminar.

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Venganza. Muerto Kambá la bronca no pasó y en los monoblocks suelen hacerle honor al dicho popular: "La venganza es un plato que se sirve frío". Según se pudo reconstruir el lunes pasadas las 21.35 en una vivienda de planta baja que se encuentra en uno de los pasillos a la altura de Isola al 675 bis, la casa de los hermanos Suárez estaban Pitu Larva, su hermano Ema y un amigo de ambos llamado Andrés. Los tres jugaban a la Play Station. “Un tipo se metió en la casa y le disparó sólo a Pitu. Fue una ráfaga de «metra». Eso fue lo que se escuchó: Una ráfaga. Después hubo vecinos que vieron salir corriendo a uno, que iba armado, hacia la plazoleta Rodolfo Walsh. "Alguien lo entregó al Pitu. Sino no lo pueden haber agarrado tan regalado”, explicó una vecina. La plazoleta está ubicada en la esquina de Isola y Maestros Santafesinos y es la parada de los colectivos 146 rojo y 107 rojo y negro. Pitu recibió impactos en el tórax, el cuello y el rostro.

En la escena del crimen se recolectaron ocho vainas servidas calibre 9 milímetros. A simple vista no se visualizaban cámaras de videovigilancia. A la hora de valorar motivaciones los vecinos se repartían entre una venganza por el asesinato de Kambá Medina y viejos rencores por la disputa territorial con El Brujo Ungaro. La investigación quedó en manos del fiscal Gastón Ávila, quien comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en territorio tomando testimonios.

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