Jorge Alberto Ibarra tiene 52 años y su vida transcurrió más tiempo dentro de las cárceles que en la calle. Conoció calabozos de más de 40 prisiones y eso lo llevó a ser reconocido en el hampa nacional. Su pico de fama le llegó al ser parte del sangriento motín en el penal de Sierra Chica, en 1996, donde se hizo cargo de cuidar a la jueza María de las Mercedes Malere, que había llegado a la cárcel bonaerense para negociar la rendición y los detenidos la capturaron y usaron como escudo para frenar a las fuerzas de seguridad en la toma de la prisión. Ese mismo hombre fue detenido el viernes por la Sección Inteligencia de la Policía de Investigaciones (PDI) santafesina en Alem y La Ribera, en Villa Gobernador Gálvez, acusado de integrar una gavilla que realizó al menos 17 robos de máquinas viales en el departamento Rosario. Uno de esos golpes ocurrió el 24 de septiembre de 2016 cuando un grupo armado ingresó al predio de la firma Peitel, en la ciudad de Pérez, y robaron maquinaria por más de 6 millones de pesos.
"Venía dando vueltas, haciendo un raid delictivo. Estaba tres meses en un lado, tres meses en otro, robaba y seguía. Tenía distintas condenas en varias provincias hasta que un día todas se acumularon", contó el "Zurdo" Ibarra en una entrevista que dio al semanario entrerriano Análisis Digital en junio de 2006, mientras estaba pagando una condena en la Unidad Penal Nº1 de Paraná. Cuatro meses después de esa nota, cuando lo trasladaban de la prisión para cursar la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Entre Ríos, se fugó en moto con un cómplice. Un mes más tarde lo recapturaron.
Ibarra nació en la localidad bonaerense de Villa Tesei, partido de Morón, y se movió en el norte bonaerense y en provincias limítrofes. Tiene antecedentes conocidos en Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y por supuesto, en su provincia natal. En Rosario fue condenado en 2008 por una saga de delitos a mano armada (robo, privación ilegítima de la libertad, resistencia a la autoridad) a 8 años y 8 meses de prisión. Ya tenía en su haber, en territorio santafesino, una condena a 9 años, por acumulación de causas en Santa Fe y Buenos Aires. Al momento de ser detenido el viernes por la PDI tenía un pedido de captura emitido por el juzgado de Ejecución Penal de Rosario de mediados de 2012.
El 24 de septiembre de 2016 un grupo armado ingresó al predio de la firma Peitel SA, en Pérez. Los ladrones se llevaron maquinas y herramientas por un valor estimado en 6 millones de pesos. Un investigador calculó que para trasladar todo lo robado, la gavilla debió utilizar al menos ocho camiones. Horas después del robo, el sereno del predio fue encontrado sano y salvo en San Nicolás. Dijo que los delincuentes lo maniataron y lo sacaron del lugar. Diez días más tarde, por el atraco fueron detenidos Pablo Alberto S., de 56 años; Julio Ricardo V., de 63 y conocido como "Gordo Rubi"; Rolando Heriberto D.C., de 52; y Luis Daniel P., de 30 años. Todos fueron imputados por asociación ilícita y defraudación, el sereno incluido. Los veteranos de ese grupo ahora gozan de prisión domiciliaria.
Una seguidilla de golpes
El viernes, al ser allanada la casa del "Zurdo" Ibarra, los pesquisas encontraron una maquina industrial oxicorte y plasma robada en el golpe a Peitel y un inhibidor de frecuencia para alarmas de camiones. Ese no era el primer robo de maquinaria vial e industrial. Fuentes consultadas indicaron que el fiscal Fernando Dalmau había comisionado a la PDI la investigación de estos casos a partir del robo de una máquina en un obrador ubicado en Rivarola y Bolivia en febrero de 2015.
"Se trató de una investigación compleja que se motorizó a partir de una maquina que tenía localizador electrónico y que fue encontrada en un depósito de Felipe Moré y Ayolas, propiedad de una de las personas imputadas por el robo en Peitel", explicó el vocero a La Capital.
Con escuchas telefónicas, los efectivos de inteligencia de PDI comenzaron armar un puzzle que tuvo su golpe más significativo con la detención de los acusados del robo a Peitel (ver aparte). Eso los condujo por distintas provincias. Ya en febrero de 2016 habían encontrado dos maquinas pesadas robadas en Rosario en un desarmadero de la ciudad de Mendoza. "Son investigaciones complejas porque los delincuentes van afinando la manera en que se comunican. Ellos saben que en este tipo de pesquisa puede que los estemos escuchando. Entonces los contactos son cara a cara o por WhatsApp, que tiene un sistema de encriptación de mensajes".
Respecto a la banda, el pesquisa dijo que "estaban organizados por células que se iban activando y desactivando. Cuando cayó «El gordo Rubi», el que tomó la posta fue el
«Zurdo» Ibarra. De la investigación surge que fue él quien organizó la salida de las dos máquinas encontradas en Mendoza", agregó.
Operatoria garantizada
El mercado negro de la maquinaria pesada impone que quien robe ya tenga colocado el producto. La gavilla bajo la lupa actuaba con un dato preciso o un entregador. Y luego tenía modos y formas compatibles con los piratas del asfalto. Cuando robaban la maquina en movimiento se llevaban al chofer y lo dejaban en otra localidad. Lo mismo hacían con el sereno si el lugar robado era un obrador o una empresa. "Hay que tener en cuenta que una pala mecánica o una retroexcavadora vale alrededor del millón de pesos y muchas no están aseguradas. Al que lo roban, lo arruinan".
La pandilla de ladrones debía actuar rápido y sacar la máquina lo antes posible de la ciudad en carretones y tener un comprador que pagaba un 30 por ciento del valor de mercado.
Uno de los detalles que llamó la atención de los investigadores es que Ibarra llevaba una vida modesta. "Tenía un Renault 9 desvencijado y una Ford F100 vieja. Una vida de medio pelo. Parece que los que compraban las máquinas se las iban pagando por mes", comentó el vocero. Mañana el "Zurdo" Ibarra se sentará una vez más en el banquillo de los acusados y escuchara del fiscal Dalmau una nueva imputación.