Policiales

Un chico de 15 años "está en manos de Dios" tras ser baleado

Resultó herido en un pasillo de Alem al 4000 donde el miércoles a la tarde mataron a Darío Leguizamón. Su madre contó qué pasó allí.

Viernes 11 de Mayo de 2018

La tarde del miércoles Agustín fue a jugar a la Play Station a la casa de Brandon, en un pasillo de Alem al 4000. Se llevó además una pelota de fútbol porque ama jugar y "vive pateando la pelota", contó su madre, Valeria. El chico llegó a la casa de su amigo cerca de las 17, pero pasadas las 18 un hombre joven y armado entró al pasillo con una pistola 9 milímetros en la mano y sin mediar palabras empezó a los tiros. Así mató a Darío Leguizamón, el padre de Brandon. En su locura, también le pegó cuatro tiros a Agustín. No los conocía, no preguntó por nadie, como un autómata sólo mató. Agustín terminó internado en el Hospital Provincial y allí está luchando para reponerse de los tiros que le afectaron los riñones, el hígado, el estómago y los intestinos. Su madre dice que está "en manos de Dios". El único sueño de Agustín era terminar la primaria y jugar a la pelota.

La familia del chico hace tres años que vive en Tablada. Llegaron desde el barrio Santa Lucía escapando de la guerra que en esa zona del oeste rosarino se desató entre 2013 y 2015. En enero de ese año, al quedar en medio de esos enfrentamientos, falleció otro hijo de Valeria, Mario, que entonces también tenía 15 años.

Ayer a la tarde la familia estaba en la sala de espera del Hospital Provincial aguantando el dolor. A las 12, hora en que los médicos dan los partes de los internados en terapia intensiva, les comunicaron que debieron volver a asistirlo mecánicamente con el respirador y les dijeron que "ellos ya hicieron todo lo que había que hacer".

Agustín cursa a la noche en la escuela Juan Lavalle, de Juan Manuel de Rosas al 4000, y todas las tardes la espera a su madre para ir juntos a estudiar. Valeria vuelve a las 18 de un curso de cocina que toma como contraprestación de un plan social. Por eso le pagan 1.200 pesos. A su vez tiene la Asignación Universal por Hijo de 1.500 pesos y la Tarjeta de Ciudadanía con un monto de 270 pesos. A ese escaso dinero le suma el trabajo de albañil de su marido. "Todo ayuda. Hago todo por Agustín para que no le falte nada. A veces ni lo dejó salir por el barrio porque por ahí, por Alem o por Doctor Riva, pasan siempre en motos tirando tiros. El se cruzó a lo de Brandon porque yo estaba haciendo el curso de cocina y fue a jugar a la Play, pero yo no lo dejo andar solo por ningún lado", contó angustiada Valeria.

Una tarde de dolor

La vida de Agustín es sencilla. A la escuela va de noche porque a la edad en que tenía que terminar la primaria se quedaba por ahí jugando al fútbol y "la asistencia no le daba", dijo su mamá. "Este año me pidió que lo anotara en en un club para jugar a la pelota. Pero no pude todavía porque no tengo la plata para comprarle los botines", sumó.

La tarde del miércoles quedó tatuada en la memoria de Valeria. "Yo estaba en el curso y no tenía celular. Legué a mi casa, en frente del pasillo donde mataron a Leguizamón. Cuando llegué vi muchos policías y uno se cruzó y me dijo que habían baleado a mi hijo y nada más. Él no anda en nada, ni drogas, ni banditas ni nada. El barrio está complicado y si los que venden drogas quieren matarse es cosa de ellos; pero se meten con el barrio y todos los días andan a los tiros. No se puede vivir más así", dijo la mujer.

Un recuerdo fatal

La madre del chico recordó: "A él no le dejo hacer ni mandados. Es más, cuando salimos de casa nos fijamos para todos lados para que no pase nadie a los tiros. Hace tres años que estamos acá porque a mi otro hijo lo mataron en Santa Lucía. Vinimos y nos pasa ésto", se lamentó.

El homicidio que recuerda Valeria es el de su hijo Mario, ocurrido el 10 de enero de 2015. A a las 4.30 de la mañana de aquel día el adolescente de 15 años fue asesinado a balazos al salir de la casa de su abuela, Norma Paré, en un incidente en el que su tío, Brian Torres, de 23 años, recibió un balazo en el pecho cuando salió a defenderlo. Los dos murieron.

En la muerte de su hermano Mario se repite una historia. Un día después murió Lucas Maturano, amigo de las víctimas. En definitiva fueron tres muertes en el mismo lugar, en el mismo grupo de pertenencia, en un segmento de 36 horas. Un caso similar al del miércoles, cuando se registraron cuatro muertes en 12 horas y heridas graves a Agustín, que pelea su vida minuto a minuto.

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