Policiales

Un adolescente fue asesinado de tres balazos por rencores vecinales

Nicolás Mamani tenía 17 años y era padre de una beba. Lo atacaron la noche del martes en Manantiales al 3100, en la zona suroeste de la ciudad, cerca de su casa.

Jueves 21 de Enero de 2016

“Se ve que lo venían verdugueando por la vía. Primero le pegaron un disparo en una pierna y lo trajeron a los empujones hasta que cayó ahí, al costado de la canchita que está junto al playón municipal. Y ahí lo terminaron de ejecutar”. Como si se tratara de la narración de un cuento macabro, los familiares de Nicolás Julián Mamani, un pibe de 17 años y padre de una beba de un mes, relataron ayer la manera como el martes, al filo de la medianoche, el muchacho fue ejecutado de tres balazos. El crimen ocurrió en Manantiales al 3100, a escasos 100 metros de la vivienda baleada pasadas las 21 de ese mismo día en Lejarza al 4400 (ver página 34). “Los vecinos que vieron todo dicen que fue «Muqueño», un pibe del barrio que ya tiene como tres muertes encima. La verdad es que no sé como sigue libre”, explicó una pariente de la víctima.

Manantiales al 3100 (a la altura de Deán Funes al 4300) es más la huella polvorienta que dejan los carros de los cartoneros que un registro catastral. Allí, debajo de una chapa que dice “Sol, te amo”, cayó agonizante el martes a las 23.30 Nicolás Julián Mamani, de 17 años. “La verdad es que no creo que lo hayan matado en el mismo incidente que balearon la casa de calle Lejarza. Los tiros se escucharon acá atrás”, indicó una vecina señalando la vía que corre paralela a Manantianles y a Felipe Moré.

“Mi hijo salió a darle de comer a los perros, entró y me dijo: «Mamí, ahí hay uno tirado». Salimos y el pibe estaba muerto. Se ve que lo venían trayendo a los tiros por la vía”, indicó una vecina. “Yo lo vi al guacho tirado, pálido. Le pegué un par de cachetazos para que reaccionara. Pero se le veían los tiros en el pecho y ya no daba más. No lo conozco al pibe, debe ser de allá atrás”, agregó un joven habitante del humilde barrio. Mamani vivía a tres cuadras de la escena del crimen.

El sospechoso. “Con Muqueño la cosa no da para más. El pibe ya mató a tres y dice que va por más. Que va a matar a todos”, explicó un vecino. Muqueño es un apodo conocido en la zona de villa Banana y los asentamientos de Avellaneda Oeste y La Boca. Integrante de una gavilla delictiva polirubro que en principio estuvo liderada por el apodado “Pandu” (detenidopor homicidio) y actualmente en manos de su cuñado, apodado “Wititi”.

Este se llama Gustavo Rodrigo B., tiene 20 años y una reciente condena a 3 años de prisión en un juicio abreviado por amenazar a una testigo del homicidio de Javier Barquilla. La banda de Pandu se hizo visible en villa Banana a principios de 2014 por atemorizar y atacar a los vecinos y a los militantes sociales que operan en el barrio. Uno de los crímenes que le atribuyen es el del mencionado Barquilla, un albañil de 37 años baleado el 4 de febrero de 2015 cuando salió en defensa de su cuñado, Cristián, a quien los soldaditos de Pandu le entraron a robar.

La referencia a Muqueño condujo a la duda, ya que el pasado 4 de enero Lucas Martín G., de 18 años y residente en el barrio, fue imputado por dos crímenes. El muchacho, reconocido como Muqueño, llegó a Tribunales y en una audiencia imputativa se lo acusó de los asesinatos de Juan Carlos Sánchez, ocurrido en noviembre último, y de Wilfredo Molina, a fines de diciembre.

Pero ayer fuentes de la Fiscalía indicaron que en la investigación que se lleva adelante contra Lucas G. no figura ese apodo sino otro. El crimen de Nicolás Mamani quedó en manos del fiscal de la unidad de homicidios Pablo Pinto.

 

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